domingo, julio 08, 2018

II. ¿SUERTE? ...quizás, quizás, quizás...

cuando el Río Grijalva reflejaba al Madrigal...
...en la Villa deTacotalpa, aquel Agosto de 1974

AL OTRO SÁBADO me levanté con el amanecer, para nuevamente conducir la Jeep hasta el banco de Villahermosa y volver a pagar la raya de los jornaleros. A mi regreso seguíamos sin electricidad ni canastilla para cruzar el río y esperé en la ribera a que fondeara algún cayuco. Tardó en aparecer el boga y ya éramos diez cuando abordamos. Regresando a la otra ribera, noté que la tardanza del boga era por falta de experiencia: dos o tres veces intentó fondear nuestro cayuco junto al muelle y otras tantas le ganó la corriente, jalándonos río abajo; remontaba de nuevo sin fondear otra vez. Un último intento, cuando aquél miedoso desesperado brincó a la orilla y nos volteó al cayuco, mandando a todos de cabeza al río con los brazos cruzados y además, por no enlodar al tobillo vendado, con mis botas de goma bien puestas.

Con la cartera de la raya entre mis dientes, intenté nadar pero me hundí como piedra, gracias al peso de l'agua en mis botas y a la fuerza de gravedad con corriente. En el fondo, deteniendo mi avance a contra-corriente con un pié entre las piedras, descubrí que las botas hacían vacío cuando intentaba quitarlas llenas de líquido, jalando mi pié con las manos. De una patada me impulsé hasta la superficie, agarrando las ramas verdes de un sauce que acariciaban la corriente, mientras jalaba aire fresco para regresar al fondo como piedra, las manos llenas de ramitas verdes sueltas. Volví a la superficie dando otra patada desesperada, tomé aire de nuevo y antes de hundirme con más ramas verdes entre mis manos, noté que estaba llegando a la poza de los robalos. Ahí donde solía pescar con arpón y aletas, había fácilmente más de quince metros al fondo. Gluglú forever, my friend.

Con resignación y más bien inercia de Vida, una patada más me mandó a la superficie, agarrando ya por no dejar, la última ramita seca a mi alcance de aquel sauce, ahí sobre la poza de los robalos esperando tragarme y zigzagueando como trapo la corriente. AGUANTÓ: estirando la otra mano, junté más ramas secas y avanzando de ramo en ramo, regresé a la orilla de donde zarpamos. Ni siquiera había cruzado al río después de tanta odisea, con mi cartera entre dientes y tanta agua en mis botas. Por ¿SUERTE? la ramita más seca fué la más resistente. Con razón ¡naiden se deja las botas puestas! Ni para cruzar la tina de baño, que hay muy pocas ramitas secas por todo Tabasco y tiene demasiados ríos.

El boga forcejeaba con su cayuco lleno de agua, contra un zarzal sumergido. Quise ayudarlo, pero mis botas emplomadas con agua impedían todo avance. Tampoco me las podía quitar ahí afuera: con líquido adentro, seguían herméticas. Me acosté de espaldas alzando las patas y bañándome sorpresivamente la cara, por fin vaciadas las pude sacar bajo las carcajadas contajiosas del boga, con risa loca sin parar hasta tener dolido el estómago y hacer pipí. Exahustos, calmadamente bogamos el cayuco después de vaciarlo, sin problemas ni botas puestas ni miedosos desesperados a bordo, hasta la ribera de enfrente.

Me recibió el dueño del platanar, noble italiano de saracof y monóculo, alzando su copa: -Me decepciona su puntualidad, Ingegnère: llegó tarde para nuestro vodka tónic.- Al escuchar mi relato, respondió colocando una copa entre mis manos: -Jettatura, Ingegnère: jettatura”- y brindamos a la ¿SUERTE? para desagraviar mi torpe tardanza.

De tanto guardar en el olvido lo que conviene ignorar, una gota de Realidad hace'l rebosar. Como todo lobo con piel de oveja negra no ameritaba tanta ¿SUERTE? cuando aparecía la Muerte. Como si cada visita suya me protegiera, en vez de llevarme. Con cierto humor negro primero, con agradecimiento y cariño después, la nombré hada Ángela. Como inevitablemente me navegará hacia la Otra Ribera, nada mejor que una amiga protectora como guía: carcajearemos mis sinvergüenzadas por todo el trayecto, quizás hasta comparta algunas buenas de las suyas...


viernes, julio 06, 2018

I. ¿SUERTE? ...quizás, quizás, quizás...

cuando el Manto Nocturno arropaba al Río...
...en la Villa deTacotalpa, aquel Agosto de 1974

AFLORA LA SUPERFiCiE DEL OLViDO estar encargado de una finca bananera por una ribera del río Grijalva, ningún puente hacia la otra ribera y al resto de la civilización aún menos. Una canastilla pa embarcar los bananos era más que suficiente. Un viernes por la noche regresaba desde el banco de Villahermosa, con la raya del Sábado para los jornaleros y mi hambre con prisa por llegar a cenar. Rebasando un taxi lleno de gente, encendí mis altas estando junto a él, cuando justo enfrente apareció tremendo bordo de grava con brea y color carretera, alto como la proa de la Datsun cuyo velocímetro a 120 kilómetros nada me tranquilizaba, con una cerca de árboles empantanados a babor y el mentado taxi a estribor. Cruzaban mi mente veloces mensajes simultáneos, como ¡No frenas ni con chochos! pasando por Sin involucrar otros autos hasta el un tanto irreverente Ni pedo, Alfredo que desató mis carcajadas histéricas. ¿Cómo a punto de matarme, el úlimo pensamiento transcendental de éste neanderthal, era Ni pedo Alfredo? ¿Y a carcajadas? Al tiempo que afloraba mi locura, la cura completa estaba un maldito pasito tuntún al Más Allá. Muerto el perro se acabó la rabia pensé al final.

Un cañonazo me lanzó contra el techo borrando toda risa ipso facto. Centré al volante agarrándolo hasta con los dientes, mientras una bruma dorada impedía ver el exterior del parabrisas. Durante una eternidad, se fué acercando poco a poco un lejano chirrido de ruedas hasta ensordecerme y con una sacudida se inmovilizó la Datsun, silenciando todo alrededor mío menos a los mosquitos y ninguna bruma dorada flotaba. Afuera y enfrente, un par de luces se me venían encima a toda velocidad: la Datsun quedó inmóvil en sentido contrario ¡Invadiendo el carril del taxi! Frenó al centímetro de propinarme otro cañonazo más allá.

Aspirando tremenda bocanada de aire, logré al fin soltar el volante. Mis pies algo atorados dificultaron salir de la Datsun y preguntarle al taxi si estaban bien. Adentro, miraba ojos desorbitados del susto que les cortó la farra; el chofer, hijo de don Alfonso el ganadero -más prominente amén de cacike en la comarca- dueño fanático de una LandRover año cincuenta y seis a la que yo daba mantenimiento, me contó:

-Cuando usted, Ingeniero, se estampó contra el camellón de grava, voló por encima de nuestro capó girando como trompo; aterrizó de reversa, rodando en dos ruedas sobre el lomo de la grava con brea. Hasta apostamos: si volcaba entre los árboles o si caía sobre la carretera. Gané, porque sé cómo maneja y aposté a la carretera.- mostrando su puñado de billetes muy contento, mientras una punzada subía por mi tobillo izquierdo hasta opacar mi vista. Uno de los desorbitados entró a la Datsun para quitarla del camino:

-No se vá poder- informaba -porque pedal de embrague no hay y pedal de freno, pos tampoco hay.

Salió para dejarme asomar desde mi bruma: donde antes iban pedales, había un gran agujero negro sin piso. Salí para ver la Datsun afuera de mi bruma, los faros del taxi ayudando la luz de Luna: ya no tenía rueda ni suspensión delantera izquierda; la rueda trasera de ése mismo lado, estaba pegada transversalmente contra la defensa trasera. Todo el eje trasero tenía forma de herradura. Sentado en la Datsun por fin bajó la punzada y enfoqué al tobillo, notando que ahora estaba algo más corto. Traté de quitarme la bota pero estaba tan inchado que dolía demasiado. Salí para enviar un voluntario al Porvenir, rancho ganadero cercano y donde años atrás, Samuel el Tigrero me tomó como aprendiz: ahí tenían tractores para retirar la Datsun del camino.

Apareció un auto y señalizamos con lámparas de mano al peligro. Era nuestra Alcaldesa manejando de regreso a Tacotalpa: -¿Ya vé Ingeniero? Por andar corriendo como loco- dijo amablemente, a lo que reposté: -Desperdiciamos una Luna tan bella, doncita: me gustaría mejor atenderla a usted, que'l accidente por olvidar poner señales de aviso frente al camellón- logrando así esfumarla sin mediar más palabras.

Después de retirar la Datsun a lugar seguro, frente a la finca bananera, le grité al Mariachi Viejo que mandara la canastilla, para cruzarme a la otra ribera. Qué cosa más bonita es el Grijalba reflejando luz de Luna, entre ecos de sapos bufos por ambas riberas. Bajando la torre de la canastilla, me faltaba caminar un par de kilómetros hasta la cabaña donde Vicky esperaba con Juanito.

Recuerdo que la cojera a cada rato me tiraba al suelo; abundaban las venenosas naullacas nocturnas de cuatro narices (bothrops atrox), por ¿SUERTE? no topé con ninguna entre tanta bruma.

Toqué por fin la puerta de nuestra cabaña, diciendo a Vicky cuando abrió con Juanito en los brazos: -Tuve un percance con la Datsun pero estoy bien- y antes de cubrirme nuevamente la bruma pude ver su cara de horror, notando dos cosas: que no, no estaba nada bien y además, que se estaba agriando la leche que mamaba Juanito. Desperté sólo en mi catre al anochecer siguiente, sin la bota cortada para liberar al pié hinchado, destapando un tobillo de elefante, cuya gama de colores abarcaba del morado al violáceo, con una mosca verde encima y cuyo brusco aterrizaje me logró despertar.

Vicky entró con un huesero componedor de vacas y mulas (mi veterinario, como quien dice). Después que me privé en nuestra cabaña, cayó un huracán toda la noche, dejando nuestra ribera sin electricidad. Vicky encontró a la única persona capaz de atenderme por esta rivera. Nueve meses después que jalaron con todas sus fuerzas a mi pié, intentando regresar al tobillo en su lugar, dejé de caminar cojeando (y quince años después, saltaba en paracaídas aterrizando sin problemas). De ¿pura SUERTE? que si hubieran enyesado mi tobillo en vez de vendarlo, lo tendría rígido por haber cicatrizado sin movimiento.


jueves, junio 28, 2018

recalando en Costa Esmeralda - III


...AL SALiR DE LA CÁRCEL ¡olvidé mi nombre!
 Cuando la orejita cicatrizada no necesitaba más vendajes, regresé a Puerto Esmeralda. Mágicamente se materializó la Princesa con l'Ambulancia para presentarme a su devota amiga la Ruca. Como buenos amigos -patrona y empleado con beneficios carnales a reserva- así me hechizaba nuestra curandera. Supo evitar con dignidad cuernos automáticos (pero casi me arranca una oreja) y para celebrar esta nueva contienda, la Mazmorra local desplazó a la Barra como escenario y coartada (ahí, ni loca pasaría la Libertad). Tendría que conducir l'Ambulancia llena de cajas con donativos como ropa, básicos alimenticios, jabones y etcéteras (quién sabe de qué tipo) hasta dentro de la Galera, para ayudar a descargar todo junto con ellas, Princesa y devota Ruca. Debo añadir que para nada se rajaron.

 Llegando a la gendarmería que controla la Chirona por fuera, hay que dejar algún nombre para entrar. Inventé uno tan inolvidable que jamás volví a pensar en él y abrieron la reja sin revisar l'Ambulancia. En ésta Mazmorra los presos gobiernan y mandan: la Princesa bien sabía que un 'pinche gringo' desconocido y sólo como aparento ser, saldría bastante mal librado de tal experiencia, más bien con las patas por delante. La mirada de un conocido indeseable cubierto de tatuajes a línea roja, destacó entre la hostil multitud que ya me cercaba con intenciones funestas. Varios panes sobrantes del Cafecito habíamos compartido sentaditos en la playa, gozando cómo la Mar de Costa Esmeralda arropaba al Sol antes de dormir, tras la arena desfilando tanguitas a granel.

- ¿A poco te delataron? - pregunté cuando se acercó.

- No, estaba repedo (borracho perdido) y me agarraron en plena transa.

- Y por acá ¿A qué te dedicas?

- Manejo y distribuyo todo en éste penal, mira que estarían super desorganizados si no y hasta robándose uno al otro. ¿Y a tí, porqué t'entambaron acá?

- Por ponerle cuernos anticipadamente a una Princesa.

- A ver a ver, cuéntame ése chisme caliente con calma: te invito a comer y pasar unas chelas mientras cotorreamos. A lo pior puedo ayudarte a salir, si se trata de quien creo.

 Tan a gusto charlamos que se nos pegó la Ruca, amiga octogenaria -atractivamente juvenil- de la Princesa. Refiriéndose a los presos con familias viviendo ahí dentro, comentó:

- Qué horrible niñez para tan pobres criaturas - obligando que contestara:

- Vieras que no, doña Ruquita: estan en familia, su progenitor ni se emborracha y tanto los alimentan como alfabetizan. En el Campo de Concentración de una dictadura, conocí la Libertad (ya cruzó éste penal, el espíritu de la Libertad) por estar ahí dentro con mi familia.

 Atardeciendo nos despedimos dispuestos salir. Frente al gendarme con dos eses tipo Gestapo, traté de recordar mi inolvidable nombre viendo sin querer fijamente al pobre guardia. Desvió los ojos hasta más abajo por toda la lista y cuando paró el dedo, preguntó algo incomprensible con mirada interrogativa:

- Sí oficial, gracias - respondí firmando cualquier garabato en automático y vámonos por si las moscas. Sólo me queda añadir que comí más mejor y fresco qu'en varios establecimientos de la Costa. Curioso que gracias a Usos y Costumbres y cortejarme la Princesa vengativa, los súbditos me percibieron más bien como jefe en vez de víctima.

 Otra hechicería de la Princesa era atender moribundos con sida, forasteros rechazados por sus familias y que gastaban menos si morían en Puerto Esmeralda. Generosamente le heredaban sus pertenencias y de ahí la Princesa surtía con donativos a súbditos enchironados. ¡Con más vueltas que un caracol, nuestra curanderita!

 Qué culpa tengo yo de nacer ijoepú (rubio, en castellano) y cautivar gustos y caprichos de una Princesa...


Nexos @nexos: