sábado, 30 de marzo de 1985

dos cascos amarillos y un naufragio (1985)

...la Canica y yo pensábamos dejar Acapulco antes del Lunes de Semana Santa. Todo sube de precio exorbitantemente, no se encuentra lugar en ninguna parte y ni circular se puede. Marabunta de Chilangos invasores con malas caras, música citadina a todo volúmen, todos borrachos a caerse vayan manejando o a pié. En éso llamó la mejor amiga de la Canica: el motor de su Mustang '73 se calentó saliendo del Cañón del Zopilote, y se paró en Zumpango del Río. Ya que viajamos en mi Taller Móvil (mi "Bula Matari", antecesor de "laPerica") que si no podía ir a hecharlo a andar para traerlo...no importa lo que cueste !

   Esas palabras mágicas frustran los planes más precisos...así podríamos pasar otras dos semanas veleando como vagos de playa ! Llamamos al "cuñáo" (el hermano de la Canica) para informarle el cambio de planes: su casa en Tepoztlán nos recibiría en otra ocasión.

   Dos días más y ya teníamos al Mustang circulando por Acapulco, después de cambiarle juntas en ambas cabezas de motor, manejando los 150 Km desde Zumpango como viaje de prueba. La amiga nos pagó más de mi precio y nos invitó de farra...

   Al día siguiente nos levantamos pasado el mediodía. Asomándome, ví al Moreno SIN catamarán que me saludaba con cara de "Chin! mano...!" - Ya cerca nos dá pésimas noticias: su Cat está rentado toda la tarde ! "Pero allá tiene uno ése Socio" - dijo con su mano apuntando atrás de nosotros. Con un giro ví otro Cat igualito, al mismo precio que con el Moreno por ser locales.

   Lo botamos y empecé a enfilar rumbo a la casa del Shá. Sentía raros los timones: por más que buscaba el mejor ángulo con la mayor, y ceñía y desceñía con los timones, el avance era lento.

   "El Moreno tiene mucho mejor alineado su Cat, éste parece mal calibrado" - dije a la Canica, quien sentada junto al foque, encaraba la brisa a ojo cerrado. Llegó el momento de virar hacia el otro lado de la bahía, y entonces se aligeró un poco nuestra nave.

   "Ya le agarré el modo" - comuniqué alegremente a la ojicerrada Canica, mientras la punta de los pontones de verdad empezaban a cortar la superficie. El casco de babor metió su punta en una olita...y en vez de salir al otro lado como siempre, simplemente apuntó al fondo de la bahía. Mientras se alzaba la popa conmigo al timón, agarrandome de no sé qué (no había nada sobre la cubierta de lona: pero me agarré de nada hasta con los dientes !), oí mi desgarrador grito advirtiendo a la Canica ojicerrada, nuestro inminente desastre:


   "¡SAUTE!¡SAUTE !¡GLAUTLE!" (¡salta!¡salta!¡glutla!) - porque mi tercer grito ya fué gargareando...justo antes la ví lanzarse a la mar. "Viens icí" (ven acá) me dijo nadando, cuando salí a flote junto a las quillas que apuntaban hacia el cénit...y me dió una cachetadita! "Éso por decirme Salta, Tonta !" dijo muy seria. No aguanté la carcajada...

   Saltar en francés se pronuncia *Sót*, ése sonido que puede significar Salta, Cubeta ó Tonta...aunque se escriben diferente. Hay un chiste con ése juego de palabras (totalmente intraducible: pierde todo su sentido en Español) del tonto que salta con la cubeta.

   El mástil, las velas y los aparejos apuntaban al fondo de la bahía. La lona ahora sumergida, tenía nuestros chalecos amarrados bajo el agua. Si pasaba alguna autoridad portuaria, no era nada conveniente estar sin los chalecos puestos. Me puse a bucearlos, recordando que los tiburones de la bahía eran Gatas, una especie basurera de fondos bastante inofensiva. Casi me río de mis temores bajo el agua: con tantas bolsas de plástico flotando a media asta, ningún tiburón podría respirar.

   Nos pusimos nuestros chalecos y sentados sobre las quillas, esperamos hasta que una lancha rápida por fin se acercó. Nuestro salvador indicó que avisáramos a la Capitanía de Puerto nuestro nauftagio. Nos llevó allá, mientras en mi imaginación el yate Fiesta, regresando de la Puesta de Sol con 200 personas, trituraba con sus propelas al pobre Cat naufragado...las quillas amarillas sólo eran visibles demasiado cerca !

   El Comandante era amigo de nuestro salvador. Nos preguntó cómo fué el percance, dónde y a quién le rentamos ése Cat. Cuando le indiqué todo, incluyendo cómo lo sentí tan raro, masculló:

   "Otra vez ésos pinches güeyes!" - y preguntó cuánto habíamos pagado (el pago siempre es por adelantado). Ahí me sorprendió: sacó otro catamarán, lo botó ahí juntito a nosotros y dijo:

   "Sigan paseando y no se preocupen. El rescate es gratuito, tan sólo me tienen que pagar los daños. Pero no le digan nada a ésos güeyes, les quiero dar una lección. Que crean que no regresaron, a ver qué hacen ! Me traen el Cat para acá directamente: yo los llevo después hasta su playa"

   "¿Qué causó la voltereta? Quiero saber para no repetirla" - curioso le pregunté.

   "No sacaron el agua de los pontones" me respondió el Comandante. Así que yo, el experto Corsario en mini-Cats de 16 piés, no chequé lo más elemental, mi querido Wátson: se le quita un tapón de goma atrás a cada casco, se levantan las puntas y se sale toda el agua...no existe embarcación a la que no se le tenga que sacar agua...

   Navegamos muy a gusto el resto de la tarde. la Canica se moría de risa por la cara que puse con la voltereta, y con lo de sacar el agua: no me la pude acabar con sus risas y burlas (tan diáfanas risas) durante toda la tarde. Fuimos a ver cómo era el rescate. Una lancha de Marina, casi tan grande como las de desembarco, lanzó un cabo al agua. Un buzo la amarró en la punta del mástil. Jalaron con el motor de la lancha y ya estaba otra vez derecho y listo el mini Cat,,,después de que sacaron toda el agua de los pontones ! Regresamos al anochecer, antes de ésa calma chicha por el cambio de viento.

   "Se perdió un timón" - dijo el Comandante - "son $ 25 pesos" ...nos dió aventón en una lanchita rápida hasta nuestro edificio, sin querer cobrar el viaje. Aceptó cenar con nosotros: pasamos otra velada excelente, agasajando a nuestro nuevo amigo...

   Al día siguente me levanté bien temprano, apartando al Cat con el Moreno...nunca volvimos a rentar con nadie más.




Video al que me refiero, en el comentario de abajo

lunes, 4 de marzo de 1985

dos cascos amarillos y un arcoiris (1985)


- La Canica ponía la casa: un condominio sensacional en el segundo piso, con la playa enfrente y dos albercas semi-olímpicas a un lado. Yo ponía mi Bula Matari: un VW Safari tipo jeep, los gastos de viaje y la comida. Cuando estabas en Acapulco, guisabas en casa y no pagabas hotel...gastabas tan poquito como en tu vida normal: pero sin trabajar, sin horarios ni compromisos ...y en la mera playa ! -


Al abrir el balcón, veo un moreno junto a su catamarán: dos cascos amarillos y una vela mayor multicolor. Le hago el gesto de "¿Cuánto?" y responde extendiendo los diez dedos, cuatro veces. Cuarenta pesos la hora...ni lo pensamos y ya estamos en la playa, dispuestos a pasarnos toda la tarde navegando por la bahía. Por una tarde la hora sale a menos de la mitad de precio: ayudamos a botarlo, nos dice cuándo abordarlo nadando, de acuerdo al set de olas, y nos muestra los principios básicos. Le sigo el juego...hace años taloneaba con el catamarán de Pelón, a cuantos viajeros del Jet-Set encontrábamos (siempre y cuando estuvieran dispuestos a dejarse).

"No naveguen cerca de la orilla" nos ordena. Los citadinos piensan erróneamente que la orilla es más segura: la rompiente destroza al catamarán en la orilla ! "Los voy a ver regresar, sigan mis instrucciones y saldrán sin problemas. Así quiere decir esperar (alzando su palma), navegando paralelo a la orilla de acá para allá y de allá para acá. Cuando haga éste gesto (cerrando la palma hacia él) , enfilen a la playa y largen toda la vela, timones derechos: la misma ola los sacará hasta la arena. Recuerden, derecho sin vacilar y vela bien inchada, a toda velocidad y sin miedo."

Por alguna razón desconocida, el Moreno nos inspira confianza y sus palabras confirman mis escasas experiencias pasadas. La resaca llega tener olas altas, hasta de dos a tres metros en éste día: después de un set, viene la que alza su cresta para tenderse hasta lo seco, casi sin romper. Aquella que usábamos para salir del mar, después de nadar un rato (muy pocos nadaban en ésa playa).

Se lanzó nadando hacia la orilla y nos enfilé al centro de la bahía. Es sensacional sentir la corriente de aire enchiendo las velas, y la marina luchando contra el timón. Con ell cabo de la vela mayor en una mano, el timón en la otra, y la Canica controlando el foque. Su papá ya la tenía navegando desde antes de nacer, la mamá por única tripulación con polizonte en su barriga...

Hacemos buen equipo. Para salir de la bahía con el viento en contra, siseamos al velero: hay que ceñirlo al viento lo más que se pueda, zigzaguear para mantener el rumbo y por fin...mar abierto ! Ahí las cosas cambian: las olas ya son montañas, el catamarán en sus vertientes una miniatura que empieza a volar de bajada. Hay que mantener luego ésa velocidad toda la subida, con el ángulo correcto en la mayor, en el foque y con timón firme para alcanzar la cresta hasta por allá arriba... y aparece el abismo del otro lado.

Y vás p'ábajo a toda velocidad, acelerando el par de estelas mientras dos o tres delfines cantan y piruetean jugando con las proas...un pez volador rebota en la mayor y queda aleteando en la cubierta de lona: la Canica lo agarra de la cola y lo lanza de regreso al mar. Cada vez aumentan las olas y son menos visibles las cumbres montañosas, aquellas marcadoras de la costa...con ésa misma sensación de la caída libre tan libre, cuando aparece un águila en picada retándote a ver quién, despidiéndote con un grito alegre, poco antes de extenderse el paracaídas...

"¿Qué pasa si no vemos la costa? Ni remos traemos..."

me lanza la Canica como advertencia, sacándome de mi ensoñación. -"Conoceremos Nueva Zelandia"- le contesto con sonrisa burlona, mientras enfilo de regreso por aquello de las recochinas dudas. El Sol ya bajo con el cielo oscureciendo levemente. A media bahía con el Sol ensangrentando las últimas nubes, escuchamos ése "flop, flop" de nuestras velas...antes de colgar exánimes. "Ya vés? - reclama la Canica - agotaste las pobres velas ! Se hecharon a dormir y no tenemos remos" - ni otra camisa, ni una toalla - pienso. La corriente de la bahía nos vá lanzar contra las rocas, poco a poco, irremesiblemente. Me preocupa el catamarán: la Canica es una excelente nadadora con una medalla al valor, por aquél día que salvó un aprendiz de ahogado: yo he nadado en ríos, lagos, mares...pero el catamarán, ésta nave tan filosa y cortadora de olas, no merece terminar el día así, contra las rocas.

Una lancha de motor, de ésas pequeñitas para dos personas, nace de la oscuridad hacia nosostros. ¡El Moreno! "¿Ya ven? - nos dice con ésa álbea sonrisa que localiza su posición - mientras no se acerquen a la orilla, no hay problema, los veo regresar. Saldremos sin problemas" Lanzando un cabo nos remolca hasta la orilla.

"Ahora que no hay viento, voy a esperar a la última ola, la más tendida. Cuando acelere hacia la orilla, mantén derecho el timón hasta estar sobre arena seca"

Acorta el cabo, y empezamos la espera. No sé si aumentó la resaca o si es efecto óptico. Pero como que nos alzamos más alto que con las olas de mar abierto...de repento acelera su lanchita suicidamente hacia la orilla, cuando estamos cabalgando la ola más alta. En el último instante, vira a estribor y suelta el cabo. Abajo de nuestros pontones siento el reventar la ola, mientras el catamarán pica de cabeza...mucho más que bajando las vertientes de la alta mar, donde las olas no reventaban...y ésta sí ! Justo abajo de nosotros !

Total, no hay nada que perder en éste desastre con timones derechos: tampoco se vá a dejar de hacer añicos el catamarán si cierro los ojos ! Con la Canica bien abrazada de un láo, firme el timón del otro y a morir todos juntos de cara a la vida, con los ojos abiertos..."nunca más voy a tener éste privilegio, no puedo privármelo: es más fuerte que yo" pienso mientras sale de nuestras gargantas el "JíiJáyayáy !" más salvaje que con todos los Mariachis a coro. Hasta el Moreno grita a voz en cuello.

Se tiende la ola justo cuando juramos que nuestros añicos cubrirán al Mundo entero: se tiende la ola y quedamos varados hasta acá arriba en la playa, en la arena floja y seca; la Canica con sus cachetes rojos de emoción, abrazándome extasiada, muda y temblorosa, mientras el Moreno nos alcanzaba diciendo:

"Aráajo, es muy tarde. Dá hueva cargar éste bicho con la arena tan floja, sin ayuda. Que trabajen las olas! Tengo sed y mi vieja (su mujer) me espera" dice albeando su sonrisa localizadora en ésta noche oscura sin Luna, con más Estrellas que el mismo Universo. Los cangrejos alzan su pinza mientras un murciélago pasa rozándonos, saludando agudamente emocionados la tan inesperada sorpresa, la de éste Moreno huevón atracando su catamarán.... 

...no me gusta la mar:
me encanta !!!