lunes, 22 de junio de 1992

la Maule (1992)

Introducción: hoy en pleno Marzo del 2003, una Maule sobrevolando nuestra hacienda Armonía, le recordó a mi alma cuando Robert (gran amigo que vuela por la Otra Ribera) y yo, nos conocimos en Puerto Escondido, allá por la Costa Esmeralda, durante aquel verano de 1992 ...
  la Maule


Robert aterrizó su Maule en el aeropuerto de Puerto Escondido: no recuerdo de qué año era, combinando el azul y blanco con un alternador ¡totalmente frito! Robert traía el síndrome de -"y ahora, ¿quién me ayuda?"- pintado por toda la cara (como los viajeros con problemas acá en México, siempre ponen). Lo llevé al taller eléctrico que rebobina todos los ventiladores de techo de su hotel Arcoiris; el máistro nos dijo -"No hay problema; me lo hecho, pero ustedes lo desmontan y montan en la avioneta."- Robert preguntó si teníamos herramienta y le hice notar que mi Bula Matari era un Taller Móvil completito; además, había dado mantenimiento a Cessnas y Pipers como pago para mi curso de Paracaidismo. Robert era socio del hotel Aicoiris con José Luis, yo era su gerente. Nos sentimos como el Inspector y la Pantera Rosa el primer día que se conocieron ··· Robert era perforador petrolero tejano (¿de dónde más?): mira que yo aprendí el inglés en Texas, durante mi adolescencia. Simpatizamos al vernos.


Robert dió las instrucciones para destapar al motor (no había vuelto a oir de sujetadores dzus, desde aquellos tiempos que volaba modelos a escala y control de línea. Mucha madera de balsa quedó astillada por todo el piso en aquel entonces...) y dejamos la pobre Maule sin alternador.

La habilidad de los maestros de taller mexicanos, puede llegar a ser asombrosa (o totalmente desastrosa): ésta vez nuestro Eléctrico demostró gran maestría. Había hecho énfasis de cuán importante era volver a colocar todas las cuñas de madera para apretar las bobinas, o la vibración del motor auto destruiría el alternador y -"¡no queremos que pase éso durante el vuelo!"- Entregó un alternador que estaba -"¡pior que nuevo, mi jefe!".


Volvimos para colocarlo ya reparado y arrancamos el motor de la Maule...como aquellos modelos a escala: ¡jalando la hélice con ambas manos! Y la Maule arrancó sin degollar a Robert. Lo celebramos con humor:

-"Pinche JeanLoup, estás tan loco que saltas dejando una avioneta ¡volando en perfecto estado!"- por mi fascinación paracaidista (con 29 saltos vil principiante apenitas) y contestaba -"Pos sí, pero no quedaré como ¡disfraz de Halloween maltrecho!!!"- (por jalar ésa hélice tan cerca de su hueca cabeza...)

Indiqué a Robert que había que recalibrar los contactos del regulador de voltaje: los calibré al estilo VW a falta de otras especificaciones. Junto a nosotros estaba el mecánico certificado de Aerolíneas Vega, afinando una bimotora Cessna; le pedimos su visto bueno y según él, todo estaba perfecto.

Al otro lado estaba un Skyvan de la Marina estacionado, con su rampa trasera abierta. Parecía el bebé de algún Hércules. Su tripulación nos observaba escuchando todo desde hacía un rato; con cara de "pinches gringos locos" nos preguntaron, asombrados:

-"¿A poco van a volar en ésa cosa así no más, sin hacer otras pruebas?"

-"No tengo  opción: ya dije ¡ni te fíes del mecánico que no se suba contigo al vuelo de prueba! ni tampoco me perdería cualquier pretexto para volar"- contesté a los boquiabiertos marinos.

Mientras se calentaba el motor, pregunté (soy inmejorable haciendo preguntas estúpidas): -"Oye Robert ¿Qué bronca hay entre un patín de cola y un triciclo?"- sin palabras me entregó los controles y empezamos a practicar carreteo, para mantener derecha la Maule siguiendo la pista; pisando freno izquierdo o freno derecho, asegún se descarriaba. A baja velocidad el timón no responde y el patín de cola es una rueda loca (como los carritos del súper).

Por aquellos días, el aeropuerto de Puerto Escondido sólo recibía dos vuelos comerciales desde la ciudad de México. El personal del aeropuerto y de la Torre de Control se dormía de aburrimiento sin hacer nada lo más del tiempo. Felices de que iniciáramos algo de acción, nos ayudaron de buen grado: punto aparte que la comunidad aérea es un gremio bastante unido.

Después de recorrer p'arriba y p'abajo varias veces la pista, la Maule ya mantenía su curso bien recto. Robert me instruyó bajar los flaps un punto, corregir el ángulo de ataque a la hélice y acelerar gradualmente el motor a fondo. Casi enseguida alzó su cola, en menos de 100 metros alcanzamos 50 nudos y sentí la vibración de la Maule indicando que ya despegaba y yo manteniendo sus ruedas rozando la pista. Robert me dijo que jalara el timón y la Maule alzó su majestuoso vuelo de águila imperial, mientras Robert instruía subir los flaps. Es indecible ése -"pero ¡bien que vuela ésta fregadera!"- de cada despegue, donde manejas los controles hasta el goce de vivir unidos, en ésta realidad tan superior a cualquier sueño...

Practicamos algunos ejercicios de navegación: mantener el ojo en la bola, navegar con el horizonte hasta llegar sobre las lagunas de Chacahua y vuelta de regreso. El manglar de Chacahua es un santuario para todo tipo de aves: garzas, grullas, pelícanos, pijijes, gansos, patos...siendo nuestra Maule la mayor de todas! Noté que nunca nos alejamos mucho de la orilla: por si cualquier problema poder planear hasta a la playa. Nuestra Maule (bueno...la Maule de Robert!) tenía ruedas para arena: Robert siendo surfer, varias veces buscaba olas y tubos aterrizando hasta las playas más remotas.

De regreso, Robert me confió el día que las ruedas se empezaron a hundir en el fango, en un intento suicida al despegue después de un chubasco...con su mujer copiloteando para aumentar vergüenzas: ¡por supuesto! Cansado de surfear todo el día, tenía hambre, sed y sólo quería regresar a su hotel. No peló todos los avisos que daba su Maule...y la capoteó. Tuvieron que desmantelar las alas, subir la Maule en un camión plataforma y llevarla hasta la fábrica de EUA. Allá repasaron la Maule por toda la línea de producción para revisarle TODO desde adentro hasta afuera. (de suerte, nadie resultó herido mas que orgullo y hélice)

De regreso a Puerto Escondido en la aproximación final, Robert me indicó flaps abajo, desacelerar con la hélice casi en bandera; yo me sentía el amo de los aires...hasta tocar la pista. Ahí, en vez de que las cosas fueran poniéndose cada vez más relajadas (como cuando aterrizo con trenes triciclos) empezaron a complicarse aceleradamente: sentí que el Maule se iba a atravesar, como si alguien hubiera tirado agua con aceite ¡por toda la pista! Robert ya se lo esperaba, conociendo bien el temperamento de la Maule; alternando golpes maestros contra pedales de freno a la izquierda o a la derecha y a velocidades inauditas, nos mantuvo derechitos sobre la pista, hasta que nos detuvimos (y pude volver a respirar).

Ahora ya sé "qué bronca hay entre un patín de cola y un triciclo"...gracias, Robert.

epílogo: Extraño al buen Robert. Cada atardecer, se le encontraba en el Nido del Vigía del hotel Arcoiris, con un vaso de vodka sobre las rocas en una mano, volteando costillas de cerdo sobre el carbón con la otra, después de preparar una salsa de barbacoa tejana, mortíferamente huérfana ...

Voló hacia la Otra Ribera, dejándonos bien nostálgicos ... ya no más costillas de cerdo, ni salsa de barbacoa tejana.

JeanLoup sansChaussure

robado de la página web del hotel Arcoiris:
Robert Crowe era surfer

En sus venas corría el océano, el tronar de las olas era su latido. Con ése impulso que obliga todos los surfers, para levantarse a impías horas mañaneras, atrapar los mejores sets de olas, anticipar al grupo y surfear cuanto sea posible.

Desde joven, Robert viajó durante años con su bella mujer por todo el mundo, surfeando la búsqueda de un lugar soñado. Ése lugar, donde pareciera que el océano te ha tragado, para transportarte a un paraíso escondido, con cielos de un azul infinito, cuando no lo rasgan colores de pasión al ponerse el Sol. Ése lugar, donde sientes que la arena caliente, apenas roza tu piel con el viento. Ése lugar, donde la poesía del océano, levanta perfectamente una pared esmeralda tras otra. Robert encontró éste paraíso en México, en un pueblito atinadamente llamado Puerto Escondido. Éste es su paraíso.


Afueras de éste pintoresco pueblo de pescadores, Robert encontró lugar en Playa Zicatela. Enormes olas verdes que se estrellaban sobre una larga playa, acumulaban arena hasta una selva de palmeras y cactos, bajando en cascada desde las montañas. Aquí nació el hotel Arcoiris. Con ayuda de su compadre y socio José Luis Mendiola, el hotel Arcoiris empezó su jornada. Entre una belleza de palmeras y cactos, permitiendo que la naturaleza lo invadiera, en vez de invadir la naturaleza.

Fiel a la tradición y costumbres locales, el hotel preserva con orgullo, la forma de vida en éste paraíso. Robert se aseguró que futuros surfers, aventureros y viajeros de todo el mundo, pudieran experimentar algún día éste paraíso escondido, tan apartado, por generaciones venideras. Hoy es José Luis, quien devotamente vive y administra el hotel; pero mencionen a Robert Crowe y muchos recordaremos al surfer.

Con todo cariño, en memoria de Robert S. Crowe
1949-2001


domingo, 22 de marzo de 1992

¡Lagarto, lagarto! (1992)

Lecturas y lunas de miel que se respeten, iniciamos con una:

iNTRODUCCiÓN


En aquellos días con Jean, afinamos motores en algunas d'éstas lanchas:


iSLA de CHACAHUA · primavera de 1992


  "No JuanLobo, éso son leyendas de pescadores para apantallar fuereños"- respondí a su pregunta de si los cocodrilos de Chacahua son peligrosos -"en América se llama caimán y le decimos lagarto, o Colamocha por Tabasco: y por acá pos le dicen cocodrilo. Algunos llegan a los cuatro metros, aunque es difícil encontralos en libertad con más de dos metros y medio; las modas casi lo exterminan, por ser tan apreciada piel. Además, es muy sabroso; su cola, puro filetito sin nervios p'al buche."


  Del Restaurante Los 7 Mares, nos fuimos a la palapa de doña Meche, para ver un ejemplar de caimán en cautiverio. Mientras cenábamos, narcoticé al JuanLobo con mi senda e iluminaria cátedra:

"Fíjate cómo su hocico es redondo; el cocodrilo del Nilo lo tiene triangular y en punta. Además de muy agresivo tiene mayor tamaño. En mi adolescencia encontré por Chiapas a unos suizos necesitados de guía y agarré la chamba. Tenían canoas plegadizas de lona con armazón de aluminio, parecidas en forma a las canoas canadienses. Pintaron de la línea de flotación p'abajo con amarillo Carterpillar, incluyendo timones y remos. En su expedición navegando por el Nilo fueron atacados por cocodrilos. ¡Áh, que pinches suizos tan paniqueados! Claro que África y América tampoco son para andar con Heidi de la mano, buscando queso de cabra"

"Navegando el Usumacinta vimos un montón de lagartos, tirados al sol para calentarse sobre los playones. Aplaudiendo los hacíamos correr al agua como lagartijas. Nunca se nos acercaron ni atacaron ni nada."

  Se acabaron mis cigarrillos; había que caminar hasta la tienda del Continente (habitábamos en una palapa con hamacas en la Isla), sobre la arena que una ínsula tornó en península. "¿Quieres la linterna?"- preguntó el JuanLobo cuando salí descalzo rumbo a la barra. Mi espìritu de MiLUsos de la Selva, no necesitaba linterna; ¡por favor! Si de noche miro con el rabillo del ojo, mejor que un gato (sí güey: pero el gato tiene siete vidas ···).

Cruzando la barra, entre arrullos de mar y reflejos de Laguna, entré al Continente bajo sombras del cerro a un lado, de árboles frondosos al otro y más arriba, un cielo nubladón y alguna que otra estrella titilante, sin Luna. -"Lo bueno que sé mirar con las patas"- pensé en voz alta al adentrarme en ésas oscuridades, tan ausentes de lechuzas o murciégalos protectores, los grillos y coros de ranas enmudecidos.

Pasé la casa del Farero, con su luz y su lancha de motor Jhonson amarrada afuera. Me reiteré a las tinieblas, con mis pies tentando el andar de otros pies, rumbo al relumbrón del pueblo. Un reflejo de estrella fosforeceó por el suelo, anticipando al camino inundado. Descalzo en shorts, le sonreí a mis temores solitarios, aplaudiendo aquella incesante orquesta acuática de mosquitos violonistas; y surgió una voz grave, con un timbre más oscuro que la tinta del pulpo, tan gutural en su crescendo y, tan familiar en su gemido mujiente gargareado, que me se encueró el chino:

"Son los cebús, como en aquél rancho tabasqueño de mis mocedades"- díjo mi pensamiento entre rezo, deseo y a sabiendas que ni máiz, al tiempo que'l agua rebasaba mis rodillas, acompañadito con aquél gemido mujiente gargareado que oyes con el pecho; coronado todo por un chapaleo de agua, demasiado espeluznante como para ser muy chico, demasiado pegado al piso como para ser muy alto y demasiado cerca como para estar muy tranquilo.

Sin lámpara ni ver nada (arájo, ni a cerillas llegaba), instintivamente me volví pa'enfrentar aquel no sé qué, percibiendo un ondulante reflejo estelar, tan perdido allá al fondo del infinito agujero nocturno. -"Si oscila así d'este modo, desplaza agua así d'este modo, suena así d'este modo y vá tan pegadito al suelo así d'este modo ··· pos así d'este modo ¡tá muy GRANDE éste no muy chico!"- reflexioné incrédulo, al tiempo que'l así d'este modo, detenía su chapaleo. Otra vez y ahora cerquitita a todo detalle, ése gemido como mujido gargareado, parió tal peste a podrido, que de fé ausente nació celeridad presente y, con el agua más arriba de la rodilla, chacualeé desesperadamente lento rumbo al pueblo, tratando de "no hacer demasiadas olas" por si las moscas. Paró el sonido tan gutural, para chapalear bastante más rápido que mis piés ··· ¡y en mi dirección, claro! (pinche lámpara, cómo hace falta a veces).

Volví a enfrentarlo, quedándome inmóvil: mesmamente, aquél detuvo su chapaleo. Cada que yo avanzaba (queriendo volar), el así d'este modo chapaleaba con demasiado acercamiento; cada que lo volvía a enfrentar, el así d'este modo se disfrazaba de aquí no estoy. -"Camina al pueblo de espaldas"- pensé, mientras aquél reflejo de una oscilatoria estrella, profundizaba aún más mis tinieblas circundantes. -"La Naturaleza siempre me ha protegido"- gritaba en silencio mi hemisferio izquierdo, para que'l derecho ni oyera aquello de -"no más falta que haya otro en el fondo, esperándome."

No chapaleó más, durante ésa eternidad que avancé de espaldas, bajo tinieblas y a pata sumergida; por fin, saliendo a lo seco con luz, pude volver a caminar de frente sin escolta chapaleante, comprar mis cigarrillos y una linterna, por si las moscas: no crean que por miedo (pánico, güey), sino por puritita precaución. Hasta abordé una lancha para cruzar a la Isla y regresar menos incómodo.

Arribando con JuanLobo le conté mi sofocón, mientras Héctor el General nos oía sonriente y Alba destapaba unas chelas p'al susto. Amaneciendo, el General nos llevó con dos camaradas suyos; entrada una noche, transitaban por ése mismo lugar, después de llover y con tremenda borrachera a cuestas, cuando el lagarto jaló a uno hacia el manglar, prendido de la pantorrilla. El otro compañero nunca lo soltó y enojado, el lagarto soltó la pantorrilla, para atrapar la mano que le arrebataba su presa. El otro, sacó de aquella hermética quijada, una mano con puro huesito sin carne, desde la muñeca hasta las huellas dactilares. Al tiempo que narraban ésta leyenda para apantallar fuereños, mostraban una pantorrilla sin cacho y aquella mano sin carne: el hospital de Oaxaca, estuvo injertándoles piel de las nalgas durante tres meses, antes de empezar a cicatrizar.

Seguidamente el General nos guió hasta el Crocodilario. Al ver aquél lagarto de cuatro metros y miedo, con rayas amarillas y hocico triangular en punta, pregunté que de dónde diablos salió éso: -"Acá d'esta laguna; también los mandan de toda la Costa Chica, de la Costa Grande y ya mero desde Chiapas."

Tiene añísimos, que me encanta nadar por TODA la costa del Pacífico, tanto en bahías y playas, como en manglares y ríos. Los bogas, curiosamente nunca se mojaban y al preguntar si no sabían nadar, me contestaban alguna de éstas leyendas 'para apantallar fuereños':
  1. "Sabemos donCito; pero hay jaibas grandes y, como no acostumbramos traje de baño sino nadar desnudos como usté, pos se lo prenden a uno de donde usté ya sabe".

  2. * -"Es tiempo pa'l deshove de la lisa, donCito."
    * -"¿Y a mí qué? No me voy a comer su hueva"
    * -"Pos que'l tiburón huele la sangre y se mete a la bocana, ahí mero onde usté anda nadando, donCito."

  3. "Tá abierta la barra, donCito. Las tiburonas entran a parir merito ontá paráo, defienden su cría a mordidas."
¡Nunca les creí, tan seguro estaba de que eran "leyendas de pescadores para apantallar fuereños"! Puro folklor local, pero en mi calenturienta imaginación, como quien dice ··· ora sí quedé hasta más que impresionado.

Sin saberlo, creyendo que'l mentáo lagarto era caimán de 2 metros, nadé por más de treinta años, entre cocodrilos de 6 metros y miedo. Supuestamente son de río, pero se alimentan mejor pasando a los manglares de agua salobre. Ni duda cabe que nací suertudo (y que aquella, mi hada Angela ¡trabaja horas extras!).

EPíLOGO:


    DEDICADO con todo mi corazón:

  • A mi hijo JeanLoup - mecánico aprendiz de fueras de borda en Chacahua
  • A toda la banda de Chacahua (isla y continente):
    • doña Alba y el General - mis ex-caseros, cuyos desayunos con chela los saborea mi memoria. ¡Bravas ésas tichindas! Saboreándolas conocí a Joaquín el Gringo de la Florida.
    • doña Meche - el primer restaurant que conocí en Chacahua en 1987, cuando llevé a "la pinche Negra" en Mustang y asaltaban al regresar de noche. La pinche Negra se paniqueó con los moscos y nos arriesgamos para regresar a Puerto Escondido.
    • el hermano del General - (recuerdo tu rostro, mi Alzahimer se llevó tu nombre) por convivios en Zapotalito y otras cruzadas por la laguna.
    • Juan Torres - me enseñó que'l Cuconiño es inofensivo, frente hogueras nocturnas de tertulia con mareños a las brasas.
    • Isaac - que surfea la ola más grande en su lancha con nosotros a la proa, para vararla hasta arriba de la playa sin necesidad de empujar! (tiene hartas primas) Además sus parientes con gasolina cooperan para seguir termebundas juergas nocturnas.
    • Nuco - me prestó vatias veces su panguita con motor para ir y volver de Zapotalito.
    • Ñeco - pagó varios viajes nocturnos en VW Safari sin capota ni puertas, con cartones de cerveza y guitarra, acompañados por las voces más desafinadas de la Costa, hasta quedar hundidos en una poza con todo y Safari.
    • Ñoño - por excelente cena navideña con los amigos alemanes que llevó Vicky (fines del 1996) y dos periodistas que llevé yo; una ayudó con la cena. Y por los mexcales más alucinantes de toda Costa Esmeralda!
    • Héctor Gildo - por su cayuco con cara de totuga, excelentes anécdotas con gran peda (SALÚ!) y sus visitas acá en Armonía.
    • el Farero (¿cómo te llamas amigo?) - por tener el único Jhonson y por enseñarme que los mareños migran al mar en masa cada noche. Así supe que ya oscuro, al pasar descalzos con JuanLobo por la barra (sin lámpara, claro), ése intrigante crujir alrededor nuestro que cesaba al detenernos y tratar de escuchar, eran MiLLONES de millones de mareños (jaiba grande local, con grandes y sabrosísimas pinzas, como la jaiba de la foto) evitando nuestros pies desnudos. Nos enseñó que'l mareño macho tiene el pito pintado sobre su panza y la hembra tiene unas conchas con toda la hueva y hay que dejarla ir.
    • Los Inombrados - porque tantos apelativos no me caben en tan poco cerebro; PERO, sus rostros llevo en mi corazón de melón.

  • A la banda del Corral.
  • A la banda del Azufre.
  • A la banda de Zapotalito.
  • A Joaquín el Gringo de la Florida - por presentarme con JoséLuis del hotel Arcoiris.

Estoy muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido, con: