martes, 26 de agosto de 1997

la Perica y yo (1997)

Puerto Escondido - Oaxaca, otoño de 1997

 
librería de Marc en Las Olas, con su jarrita de limonada
a éstas fechas, pareciera que  se equivocó el médico (qué raro…¿otra vez?) y que no estoy a punto de morir. Claro, después de repartirlo todo, quedándome con lo puesto nada más (para partir sin exceso de equipaje, con mi protectora y amiga). Me siento algo defraudado, se cebó el viaje: pero ya que voy a vivir, que sea a mi manera ···
El hambre dirige mis pasos hacia el Tigre Azul, donde amistad y crédito congenian. Con un saludo, Ramón (el dueño) me invita a su mesa y me presenta a tres italianos urgidos de mecánico. Viajan desde san Diego California, en una Combi VW con infinitos problemas mecánicos. Visitaron ya todos los talleres costeros del Pacífico durante éste mes: harta, la Combi no quiso arrancar más, poniéndole fin a su viaje.


Al día siguiente empiezo a revisar el motor de la Rebelde: le diagnostico anorexia. El tanque no le alimenta gasolina a la bomba. Cambio el tanque, limpio la bomba y los carburadores ...


la Rebelde arranca entranda ya la noche, cuando los murciélagos pescadores alzan su vuelo para saludar a la Luna.


Manejo la Rebelde hasta estacionarla frente al Tigre Azul. Le funcionan tres cilindros de los cuatro. A los Italianos no les importa; sólo quieren visitar algunas playas en los últimos tres días que les restan antes de regresar a Italia. Dicen que nunca antes había funcionado tan ... ¿bien??? Si antes no pasaba de 40 Km/h, con acelerador a fondo y viento de cola, ahorita ¡apenas alcanzamos los 60 Km/h!...y también dicen que visitar tanto Taller les redujo considerablemente su presupuesto; que pá no gastar más me dejan la Rebelde 'a trueque'... cuando regresen.

Es su primera visita a la costa del Pacífico mexicano. .. ¿cuántas veces en mi pasado, gracias a la ayuda desinteresada de perfectos extraños, seguí mi camino? ¡noblesse oblige! y me oigo proponerles:
  • 'No necesito el cuénto ése de pagarme con la Rebelde dentro de tres días; continúen con su viaje, ése será mi mejor pago. También falta que funcione el famoso cilindro tres del motorcito'...
Pasados tres días, me espera en el Tigre Azul una monja encarcelada (sor-presa): tres italianos contentos y sonrientes, tintineando a mano alzada las llaves de la Rebelde desde su mesa:
  • Es tuya con una condición: que nos lleves mañana al aeropuerto”
  • 'Claro que los llevo, no una sino cien veces'…
Y después, nunca los he vuelto a ver; ni a toda ésa gente que me ayudó alguna vez a seguir haciendo mi camino.

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hacienda Armonía, primavera 2009; la Perica operando al Trácker
A mis amigos "los Tíos" también les regalaron una camioneta pick-up Nissan con cabina de camper, acá mismito en Pto.Escondido. Con ella surtían los víveres para su restaurant "los Tíos" sobre las arenas de Zicatela. Con "los Tíos" también congenian la amistad y el crédito; soy su mecánico y cliente asiduo.
En cuanto a Ramón Tigre Azul, me regaló la herramienta con la que empecé ésta nueva vida.

"Yo tengo muchos hermanos,
y una hemana muy querida,
que se llama ¡libertad!"
Mi cuenta con la vida ... JoséLuis, "los Tíos" y Ramón no salen de mi corazón. José Luis y yo nos vemos de vez en cuando.
Jean Loup


Fotos y Garabato: Jean Loup

5 comentarios:

Filipe Antunes dijo...

Historia encantadora. Da gusto vivir tranquilo y simple así.

Ines Vigil dijo...

Gran historia de camaradería y amistad la de La Perica...de esas que "duran" toda una vida.

Annie Annie dijo...

Yo siento de ti que te la has pasado muy bien, haz vivido de todo y quizás en su justa medida, se lee tu satisfacción y contento en cada una de las historias que nos cuentas, qué bueno que hay gente como tú que sabe paladear la vida.
Un besote

Francisco Javier Feliú Toledano dijo...

Buena y bonita historia, satisfecho contigo mismo y para los demás un gesto inolvidable.

un Autista Disléxico dijo...

En la madrugada del Sábado pasado, mi amigo José Luis decidió navegar hasta la otra Ribera. Merecido descanso para una vida plena: nos dejaS un tizón encendido, que no lo apaga ni las aguas de un río, AMIGO MÍO. ¡¡Hasta siempre, don Mazo!!