sábado, 7 de diciembre de 2002

el Sueño (2002)



Subíamos por bella escalera de madera, mientras comensales de barriga llena bajaban cediendo lugares. La Tasca reventaba. Nada de "quiero mesa para cuatro"; donde encuentres vacío te sientas; son más estómagos rugientes que mesas hay. Deliciosos aromas emanan desde arriba, enmarcando la maderería muy al estilo Campeador. Cientos de velas en forjados candelabros, romantizan éste ambiente de vamos todos a batir el diente y èse buen diente nos hermana todos.


Me hacía boca el agua pensando en una Fabada. No entiendo mi cabeza a veces; mira que escoger tan extravagante lugar para gozar una "simple" Fabada ··· antes de pedirla, ví al General asomándose por la belleza de escalera, mirándome extrañado por tan inesperada presencia en aquella gloria gastronómica. La multitud nos acercaba mientras abría sus brazos haciendo la cabeza levemente de lado, como para mirarme mejor; mis brazos abriéndose también como un reflejo en el espejo. Nada fácil soltar éste abrazo después de 44 años sin dirigirnos palabra alguna. Dijo entonces:

"Ahora mi corazón ya puede descansar en paz"

Un corazón desbocado abrió mis ojos. No recordaba tener hambre ni quién me acompañaba; sólo recordaba al General diciendo ésas palabras. La Tasca con sus olores de colores tan desvaneciéndose yá, mientras desde la cama enfocaba dos loros lejanos volando en pareja, encuadrados por mi ventana abierta. Afuera, variedad de pájaros afinaban su Canto para levantar al Sol ···

· entra el Otoño ·

Días después, Jean organizaba nueva vida. Casándose pronto en Europa, pasaría antes a despedirse ¿ podría recogerlo en el Aeropuerto de México ? ¡ naruralmente que sí ! Mientras buscaba mis llaves de la Perica y recordaba brincar el charco 44 años atrás, para nunca regresar más, encontré aquél arrugadón papel escrito con la dirección del General, olvidado ahí juntito al llavero: escrito por el esposo de mi hermanita Menor, al visitar Puerto averiguando si aún yo vivía. Embolsé ambos por aquello de las moscas. Una enorme Mariposa Blanca guiaba la Perica dejando la Hacienda.

"Quiero conocer mi único Abuelo" - expresó Jean al llegar, como en variedad de ocasiones anteriores. Ahora, la Perica nos transportaba por tres horas de carretera, desde el Aeropuerto a la puerta del General en Tequesquiápan. Tocando el botón del Intercom, escuchamos una voz femenina aburrida, preguntando:

"¿ Quién ?" - Le respondí: - "JeanLoup y JeanLoup" - después...largo silencio. Repitió aquella voz femenina: - "¿ Quieéen ?" - con mayor entusiasmo. De nuevo respondí: - "JeanLoup y JeanLoup" - logrando alargar aún más aquel silencio del Intercom. Nos sentamos en la banquita de cemento, muy a la sombra de aquella casa pueblerina. Por fin nos pasaron por pasillo oscuro hasta la estancia de dos niveles, donde nos esperaba el General en traje sin corbata, mirándome extrañado por tan inesperada visita, mientras abría sus brazos haciendo la cabeza levemente de lado, como para mirarme mejor; mis brazos abriéndose también como un reflejo en el espejo. Nada fácil soltar éste abrazo después de 44 años sin dirigirnos palabra alguna. Dijo entonces:

"Ahora mi corazón ya puede descansar en paz"

Después, las presentaciones de rigor con su sorprendida mujer y con su nieto. Sirvieron vino y la conversación tomó su curso entre Jean y el General mientras su mujer y yo nos observábamos calladamente. Nunca pensó ver la Oveja Negra cara a cara en su casa, ya tan invadida den'antes con la criticona presencia de mis hermanas y de mis hijas. Yo mientras pensaba que si dejaba viudo al General ··· sería viudo por cuarta vez. Ni Henry el Octavo lo permita.

"¿ Porqué dejaste a tus hijas ?" - me espetó aquél General que nos abandonó en España 45 años antes, aquél General que educó mis dos hijas los últimos 30 años ... mientras, su mujer y Jean competían por tener los ojos más redondos en la cara más asustada.

"Bueno, yo también haría las cosas de forma diferente, ahora" - se respondió aquél General, mientras mi asombro crecía a la par qu'el alivio de su mujer y de Jean; una enorme Mariposa Blanca planeaba frente la ventana de su jardín, donde una Flor abrazaba un Colibrí. La Perica nos regresó a la Hacienda un poco más noche, llevada por ésa Luna tan Llena.



· sigue la Primavera ·

Semanas después, sonó fúnebre la campana de la Hacienda, anunciando a mi hermanita Menor; venía a reparar su Shadow, pensé. Tras nuestro abrazo me dijo:

"Pues ¡ yá !" - así, cortadamente y pregunté - "Yá, ¿ qué ?"

"Ya murió Papá. Voy por la Mayor y su esposo al Aeropuerto, para llevarlos a Teques. Lo vamos a velar con tus hijas y su señora. Tú ¿qué piensas hacer?" - tarabilló como torrente.



"Me voy a Tequesquiápan" - respondí tranquilamente, mientras pensaba en que Álex ya no habló con su Abuelo, en que ahora soy el más viejo de ésta rama familiar ··· en que la sabuiduría nunca se me dá ··· Ya noche por la carretera, una Lechuza Blanca guió a la Perica por intrincadas montañas, alguna que otra estrella Fugaz orientándonos.

Entrando al Velatorio, el silencio retumbó ensordecedor. Enfoqué todas las miradas sin dilación alguna. Primero fuí con el difunto anfitrión de nuestra reunión. Su cara dormida emanaba una paz que nunca supo apreciar. El acta de defunción con día de ayer, no fechaba una muerte acontecida 45 años há. Yo que hasta mi entierro fuí celebrando, atestigué en silencio cómo los Generales nunca mueren dos veces, cómo son los vivos quienes despiertan las ganas de llorar ···

Saludé a tres grupos de mujeres antagonistas, unidas en requerir mi ausencia urgente. Aquellas miradas de - "hora sí llegaste, ¿ verdad Oveja Negra ? Claro, ¡ a la repartición !" - mezclaban la envidia de no ser varón, primero y único varón del General, a la impotencia de impedirme estar ahí. Saludar a éste su inesperado padre, apenas lo pudieron controlar mis hijas. Se desquitaron mejor contra "la Harpía" que les arrebataba lo suyo. Ésa mujer ahora viuda, que acompañó y cuidó al General durante sus últimos años, heredera de su casa. Mis hermanas también le sentían ésa misma aversión, incluyendo a la Mayor que ni era su hija por sangre sino por adopción.

Se acercó para hablarme la Mayor, la que fué mi segunda madre en aquellos turbulentos años de guerra perdida; éso lo guarda siempre con  agradecimiento mi corazón. También está entre  una serie de resentimientos albergados en su corazón. "No sabes lo que era tu madre antes de conocer a tu padre" fué su frase más memorable en aquél velorio. No entiendo aún cómo teniendo pendientes así, no los enterró 21 años antes junto con el ataúd de Line, allá en Tepoztlán. De mi desconocido General sólo quedaba agradecimiento por haber atendido todas las necesidades durante el crecimiento de mis hijas. Éso borraba todo con creces hasta habernos abandonado en España.

La Menor de mis hijas, estaba alegando con la Viuda del General. Su perfil idéntico al de Line, también movía su dedito como Line cuando regañaba. Las dos tan guapas como su Abuela, que los genes saltan por donde menos esperas. Mi hermanita Menor callaba, extrañando un General al que se acercó tardíamente ··· quedamos de vernos para desayunar.

Mi hermana Mayor llegó primera al desayuno. Al mostrar una copia del testamento, de una ojeada ví la mente del General: todo repartido entre sus débiles mujeres. Dejó cinco partes iguales, menos la casa que usaría su Viuda. Si vendiese lo dividiría entre las cinco. Llegó mi hermanita Menor opinando que era injusto, que no me tocaba ni pío. Silenciosamente para no despertar más rencillas, mi corazón agradeció al General mis dos partes: una para cada hija. El corazón de mi hermana Mayor siendo incapaz de apagar rencores...para qué le encendía otro. Ni podía ver su mayor tesoro; ser el único matrimonio estable en toda la familia, desde generaciones atrás hasta hoy.

Ni mis Hijas ni la Viuda vinieron a desayunar. Saber esfumarse a tiempo es la mejor de las medicinas para éstas ocasiones. Los tres hermanos nos abrazamos, despidiéndome con un - "Suerte y hasta luego: debo regresar a la Hacienda, nadie más la está atendiendo" - intuyendo que no vería más a la Mayor.




La Perica encendió la radio para ponerse a cantar "muerte y transfiguración" bajo aquel Universo estrellado de Luna Nueva enlutada, hasta arribar la Hacienda; así también la cantó el Opel Rojo, en aquella Noche sin Luna, después de morir la Mona; así también la cantó mi Bula Matari, en aquella otra Noche sin Luna, después de morir Line.


· y 21 Lunas después ·

La campana de la Hacienda sonó anunciando otra visita de mi hermanita Menor. Traía la PC del General; todos opinaban que era vieja, ni mis sobrinos la quisieron, por dizque obsoleta. Antes de tirarla a la basura, pensó en traérmela por si servía para algo y regresó a la escuela de Cuautla para recoger mis sobrinos. Conecté todo y la encendí, maravillado de que funcionara. Una HP Pavilion 8241 con windows 95 y conexión telefónica. Inmediatamente salió a luz del día TODO lo que NO deseaba saber, para conmocionarme sin
mucho sorprender. Trabajo me ha costado ser la Oveja Negra, como para ponerme pusilánime a éstas alturas, ¡ digo yó !


Unos días después, Álex me regaló una tarjeta de Prepago Internet y empecé a navegar por la Web@. Poco a poco me fuí familiarizando con la necesidad de Banda Ancha; de darle mantenimiento; de renovar sus entrañas; de más memoria para windows XP ··· hasta hallar mi CiberGurú y tocayo, Teo. Ahora voy a su CiberTaller para practicar, desarmar y armar PeCés y Laps, en un ambiente familiar con amistad gastronómica.

La PC del General transcribe todo ésto ··· ¿ hubiera creído tal final a sus 45 años de ausencia ? ··· ¡ni en sus más perversos Sueños!