martes, 11 de enero de 2011

Otra raya p'al Tigre: ¡vivito y coleando!

Éste pasado Martes 11 mi Perica con Iván Copiloto y yo a bordo, salímos algo temprano rumbo a Buenavista. Nuestra misión, calibrar el embrague del Chevy Luv de nuestro amigo Martín. Una Mariposa Blanca alegremente encabezó nuestro camino por la privada, en forma similar a mis amigas Lechuzas en la Selva. Llegando a la esquina hacia la derecha, bajo por la única salida de la privada y freno la Perica, su direccional derecha flacheando mis intenciones, mirando a través del parabrisas al carril de subida desde Cuernabala; nuestro retrovisor enfocando al carril de bajada desde México, el mero peligroso porque seguido bajan camiones cargados al tope y sin frenos, gracias a la inclinación desmedida de tan estrecha y sinuosa carretera: la libre Cuernabala-México (diseñada para que Maximiliano visitara a la India Bonita en carroza).

Con ambos carriles vacíos, acelero la Perica e invadimos la cinta asfáltica en sentido contrario, cruzando hacia el otro carril ya con vuelo por aquello de los sin frenos. Como a diario venimos haciendo por los últimos 14 años.

Un trailer azul de SEiS EjES (22 ruedas + 2 repuestos) con copete tipo Everest, súbitamente aparecido de la nada velozmente de frente y demasiado cerca, me hizo agradecer a la Vida que para éste brete me acompañaran la Perica e Iván: en equipo continuaríamos nuestra misión descalza allá por los caminos de la Otra Ribera. Instintivamente frené en el carril que invadía para no rebotar contra los del otro carril, sino de retache hacia mi privada vacía. Reflejo condicionado de aquellos rally's juveniles; cuando enfrentas al inminente impacto, lo colocas a modo de minimizar daños sin involucrar otros camaradas.

No sé cómo la mente abarca tanto en una milésima de segundo. Cuando pude desapretar desde los ojos hasta el ano, destrabar quijada quebrantamuelas y desoldar manos del volante con un pié sobre el freno atravesando el piso, pos nomás estaba  ahí el tráiler azul de los Himalayas pegadito con la defensa de la Perica, inmóvil sin rozarla ni  tantito a MEDIO CENTiMETRO de la defensa delantera (1/4 de pulgada, aprox). Iván copiloto sonreía tranquilamente confiando en mi falta de pericia. El piloto del meteórico tráiler retrocedió un poco y pude entrar al otro carril mientras maldecía mi existencia y una colectiva detenía al tráfico de bajada, por ésta vez todos con frenos.

Llegué a "la Pasadita" (tiendita, ultramarinos) con Martín y me invitó un fajo de brandy, para quitar lo verde de mi palidez. Me apliqué a la tarea encomendada con su pick-up Chevy Luv. Así dejé de tener la impactante foto del tráiler grabada a fuego en mis retinas. Por un ratito al menos.

Misión cumplida y regresamos a la Hacienda. Estacioné la Perica e Iván Copiloto me acompañó a cerrar la reja. Regresando junto a la Perica, veo a la Mariposa Blanca posarse en la rama de Bugambilia apoyada sobre la Perica. A la mente acudieron sabias palabras de mi compadre Lucio:

"Las mariposas son mensajeras de los Señores de los Aires, compadre. Mirándolas a contraLuz llegan a la mente las razones de su visita."- Seguidamente me llegó que la Morena trabaja sin descanso, casi carece de amigos y nunca tiene vacaciones; además de cumplir horas extras diariamente sin ningún agradecimiento.

En mi cocina puse café sobre la estufa, dos tazas sobre mi mesa y dos sillas a un lado. La mía viendo al jardín, la otra viendo hacia mí con la resolana del jardín a su espalda. Como me enseñó mi compadre para que me llegara la intención de la visita. Sirviendo ambas tazas, con la mente dí la bienvenida y brindé con ella. Cuando nos sentamos, respondió en la mente:

"Hoy tampoco te toca, querido: aún te necesitan por acá."- Como con cada visita suya, mi corazón se alegró. Los gatos eclipsados (muy sensibles a ciertas visitantas) contrastaban con un tal Iván bien contento ante la Morena. En la mente, agradecí a mi protectora el haberme regalado la Perica 14 años há, el haber guiado a Soloco Lobo Audaz para explorar la Otra Ribera, el guiarme hasta Iván Labrador para adoptarme allá en Tepoz y el haber llegado en tráiler azul con tan hábil piloto -"¿Cansada de volar?"- pregunté con la mente.

"No, más bien me gusta viajar variado."- contestó entre sorbo y sorbo del aroma a café -"Tampoco me llamo Zenaida, aunque tu candelario pederasta diga que hoy celebran su día. Prefiero que me digas Morena, más personal y cariñoso."- Seguimos intercambiando boberías hasta que acabó el aroma de su cafecito y voló la Mariposa Blanca, dejándome más adrenilado que un salto en paracaídas.

Éste pasado Martes 11 tres Arquetipos me ayudaron a seguir posteando por acá mis necedades:
  1. - la Morena que compartió mi café: mi hada Ángela de nacimiento.
  2. - el Piloto (nada de chofer: un operador entrenado ¡con reflejos instantáneos!) que bloqueó sus frenos, subiendo a 80 Km/h.
  3. - el Mecánico que mantiene tan dichosos los frenos.
Cada que salgo al volante de la Perica, me arde la boca del estómago; y cada crucero se vuelve un estudio exhaustivo de mi realidad circundante, antes de avanzar nuevamente. Ni pienso en manejar la Trácker por no dejar a Vicky sin auto. Para mis cosas prefiero caminar con Iván entre nuestra guerra civil; al fin que una bala en mi columna, me enseñó que las balas perdidas son mi especialidad ···





··· dicen por ahí los estudiados, que las cruces de Pericón son supercherías.

··· dice por ahí la Perica, que a mi hada Ángela le gusta su aroma y color.

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