lunes, 27 de noviembre de 2017

RECUERDOS



Anoche pasaron por HBO “Animales Fantásticos” (Fantastic Beasts and Where to Find Them) y francamente, anque la saga HARRY POTTER me se hace ñoña a más no poder -apta para retrasados mentales, mongólicos y descerebrados- pasé un rato muy agradable por el fantástico trato de los bichos, siendo mi favorito el Hipogrifo. Me transportó a lo mágico y privilegiado de mi existencia en el plano actual, desde mi relación con otros bichos hasta con los invisibles y otras ventajas de nacer loco de atar -en vez de mago-, anque me halle rodeado por humanos descerebrados con sentidos atrofiados perdidos por la lucha entre monoteísmos y monociencias, sepa la bola cuál mas absurda.

Desde buhos, lechuzas y tecolotes hasta águilas, halcones y gavilanes, conversan conmigo. Ni digamos lobos y felinos de todo tipo, pasando por monos y changos. Independientemente de si estoy viviendo en plena Natura o en esas cárceles de cemento llamadas ciudades (construídas para autos, ahora llamados "inteligentes" por ésos humanos atrofiados en la comodidad de ser esclavos).

Desde el Tigre cuya bala llevo como recuerdo en mi columna, el Ocelote capturado para que no comiera todas las gallinas del rancho y se hizo mi amigo para dejarlo libre, la Zaraguata que un idiota le disparó para quedarse con su bebé pero nada más le rozó la cabeza y curé en aquel criadero para toros Cebú a orillas del Usumacinta, hasta un mono Araña perdido por el camellón de Reforma entre amapolas y taxis Cocodrilos, que desde lejos se veía perdido y cuando me divisó corrió para treparse a mi hombro y rodear mi pescuezo con su cola, esperando a los desesperados niños que lo dejaron escapar. O nuestro caballo Whisky (bautizado así por Line, quién sabe porqué) que guardábamos en la Hípica Andaluza.

En Progreso (donde cayó el asteroide que acabó con los dinosaurios) al anochecer, había una exposición de bisuterías para turistas. Curioseábamos a ver si algo valía la pena, cuando cayó sobre mi hombro derecho algo que picaba mi piel para equilibrarse: un Ocelote precioso que acaricié para calmarlo (las luces reflejadas por tanto cristal que pretendía ser diamante lo tenían irritado) y ví que tenía puesto un collar (como aquél mono araña del camellón en Reforma). No tardó en aparecer una familia completa, familia pescadora que lo alimentó desde chiquito. No, qué lo iban a vender pero de todos modos pregunté.

O los Armadillos que nos trajeron a Oxolotán, con uñas tan feroces que los llevaban amarrados y encostalados. Cuando levanté uno, se acurucó sobre mi antebrazo para meter su hociquito contra mi costado. Nada más querían apapachos y comer, hasta que los soltamos en el monte cuando crecieron. Allá en Oxolotán también teníamos una pareja de murciélagos frugívoros que vivían en una palmera cocotera y robaban nuestra fruta mientras descansábamos en hamaca. Tenía entonces una vieja Land/Rover 109 tipo comando, sin vidrios en la cabina mas que'l parabrisas. Estacionando en reversa entró una rama de naranja grey (toronja roja) y al mismo tiempo revoloteó frente a mis ojos un colibrí que opacaba cualquier Arcoiris, hasta que ví su nido con dos huevitos sobre dicha rama. Me retiré suavecito para estacionar en otro lado.

A veces llegaba a Tapijulapa después que varaban la panga y gracias a mi amigo Panchón cruzaba el Grijalva para caminar los 16 kilómetros hasta Oxolotán. Por el camino me saludaba (y protegía) el Tigre; nadie se atrevía a acompañarme porque les apagaba las lámparas de pilas que irritan a todos los felinos por la Noche y atrofian nuestra visión periférica.

Vicky es alérgica a las arañas, pero tuvo que aguantar a dos tarántulas que vivían en nuestra casa del Platanar de Tabasco. El piso de madera tiene nudos que luego se caen y dejan un hoyo por donde puede entrar la mortal Nauyaca, pero si ahí vive alguna tarántula no entran. Cuando la tarántula hace su hoyo para vivir y atrapar comida, recibe a la Nauyaca con los colmillos por delante y licúa toda su carne dejando escamas y huesos.

Cuando fuí a Wirikuta con Scott para filmar la peregrinación del Hikuri y desapareció mi Combi VW por la distancia y la oscuridad nocturna (después de caminar 4 horas fascinado por la belleza del desierto), una Lechuza Blanca me guió de regreso hasta nuestro campamento.

Vivía en Tepoztlán junto a una barranca al fondo del baño. Una mañana al retirar la toalla del toallero junto a la ducha, estaba muy dormida extendida sobre la pared una Tarántula. La metí en un frasco y me la llevé con Paolo y su familia para hacer las compras de la Pizzería hasta Cuernavaca. Los niños nos esperaron en la Willys de Paolo mientras nos surtíamos en el mercado. Regresando a la casa solté la Tarántula en su barranca. Al día siguiente la volví a encotrar sobre un muro que separaba el patio de nuestra escalera de entrada. Cuando me vió alzó las patas delanteras -como hacen para defenderse, hasta que acerca uno la mano para que se suban- pero cuando acerqué mi mano me atacó con los colmillos por delante: apenas tuve tiempo de bajar los dedos y sentí el rasguño de los colmillos sobre mis uñas, menos mal. Anque su veneno es inofensivo su picadura se infecta fácilmente. La volví a meter en el frasco y de vuelta a dejarla en la barranca. Puse malla en el desagüe para que ya no accediera. Cuando fuí a comer con Paolo me contaron sus hijos "cómo habían jugado con el bicho" mientras Paolo y yo estábamos mercando. Y en el calor de la Willys bajo el Sol, además. Pobre Tarántula, ¡¡creyó que todas las manos eran sus enemigos!! Nunca me habían atacado ni me volvió a pasar, ni dejé a niños solos "cuidando" bichos inocentes.

Con mi hijo Jean vivíamos en Chacahua reparando motores fuera de borda y ofreciendo viajes a los locales en la Bula Matari (mi VW 181 ó Safari), pues no había otro vehículo ni más trabajos por allá. Veníamos como cinco -incluyendo a Jean- desde el Azufre, con la Bula Matari destapada sin lona ni puertas y la parabrisas abajo, cuando se nos plantó enfrente a media brecha un felino del tamaño de un Puma, con pelaje oscuro. Mientras cundía el pánico entre mis pasajeros (que si era Onza comegallinas o era Onza comehombres) observaba a tan espléndido felino, cerca a menos de un salto pero sin intenciones agresivas: le llamaba la atención que hacían tantas cabecitas sobre ruedas ¿qué clase de bicho raro éramos? Tranquilamente se hizo a un lado tras una mata y seguimos nuestro camino. Era del tamaño de medio Tigre.

En Puerto Escondido. cuando dejé el hotel Arcoiris de José Luis, entré al Cafecito de Carmen y Dan. El fin de semana abrieron una palapa Bar (cerrada durante la semana) a punto de salir el Sol, cuando alzó el vuelo una Lechuza Blanca bastante encandilada y al divisarme dirigió su vuelo hacia mí. Extendí mi brazo hacia adelante y se posó en él, apretando las garras lo suficiente para equilibrarse anque la concurrencia pensaba que me atacaba, hasta que vieron que le acariciaba la cabeza y el cuello mientra le hablaba cariñosamente. La llevé a un camper desocupado donde se guareció hasta entrar la noche. Después expliqué a la concurrencia que ninguna rata aparecería por ahí y era una bendición para preservar los racimos de coco en las palmeras.

Viviendo con Diana arriba del Batallón, llegué tarde y ya estaba dormida. Quité mi ropa dejándola doblada sobre la mecedora dando un paso hacia adelante, cuando hice rodar algo blando con los dedos del pié. Creí que Diana había tenido frío en los piés y enrolló sus calcetines antes de meterse a la cama, cuando ví a una Tarántula muy ufana buscando otro lugar donde no molesten d'esta manera. Con la intención de soltarla en la barranca cercana la metí en un frasco sin tapa que cubrí con un pedrusco del tamaño de mi puño y me fuí a dormir. De repente me despertó un roce como quien está limando vidrio y desde nuestra sala. Encendiendo la luz cesó el ruido. Volviendo a la cama otra vez empezó a limarse el vidrio: era la Tarántula que se paraba en cuatro patas para con las otras cuatro tratar de quitar la piedra, demasiado pesada para levantarla pero en el intento le daba vueltas. La bauticé Hércules y al día siguiente la dejé libre.

Cuando dejé al Cafecito, empecé a cuidar casas de extranjeros ausentes y una Hurraca Azul se hizo mi incondicional amiga. Diario tomábamos el café desde la terraza con ella sobre mi hombro, comprobando que'l océano Pacífico de pacífico no tiene nada, sorbo tras sorbo. De noche una ranita arbórea tan pequeña como la uña del índice, cantaba estentóreamente su existencia en mi veranda.

A veces -cuando no había turismo- paseaba con algunos locales a Tejones y Ositos de Miel que habían criado desde chicos.

Todo ésto sin contar infinidad de cánidos y mininos que tuvimos a través de los años, así como los insectos del jardín: arañas de todo tipo, las Mantis que me encantan, los apestosos -inofensivos y enormes- Vinagrillos cuyo pecado es ser feos, Mariposas de todos tamaños y colores... mas cinco gatitos y mi incondicional Cleopatra Golden.

Vallée de Chevreuse: Fantásticos Bosques y Bichos de mi niñez


Enlaces a mis Bichos:

martes, 29 de agosto de 2017

V. Flor de Café

entre Lunas y Volcanas sin agua vá
Despejó mi marasmo cuán roja se ocultaba la Luna tras aquel Guerrero ¿privado de borracho? durmiendo junto a la Doncella Dormida. Sintiendo cercanía, mi ombligo Line despertó y se fue a preparar nuestro desayuno: esperaba que viniera para ésta Navidad acabando la temporada del café.
A ritmo de traqueteo rielero olvidaba para siempre qué me pegó al entrar y ver la Flor durmiendo en un féretro: un parpadeo estaba besando aquella frente tan helada, otro parpadeo dejaba la pluma ya sin tinta ahí juntito -«Solamente uno le pegó, lástima qu'en el corazón»- parpadeo tras parpadeo despidiendo Nueva Alemania, Argovia y cuanta Madre, hasta que me rescató la Rielera resoplando consulta con el ombligo, encamisado de amplia mancha café sobre un corazón donde antes traía la pluma, chambergo de palma a la cabeza cubriendo careta de a ojo cerrado.

A ritmo de traqueteo rielero cavilaba qué mano asesina descartando parientes: mas bien cortan la cabeza de un tajo si uno no es de la sangre... un plomazo era portar armas como milicos que ya ni la firman o alemanes que firman y firman... Nunca falta el radiecito de baterías informando noticias a grito pelado cuando Morfeo ya asomaba:

-«...residente de México nacido en Alemania, regresó a su finca para darse un tiro en el corazón, sin dejar testamento ni nota alguna a su desconsolada familia...»- delatando espontáneamente la mano asesina, la pagadora de kilométricas firmas. El más vale correr que morir sinrazón ya de mi fuga. Al no poder seguir ésta Vida sin la Flor nos hermanó la misma solución: unos cambiando de Vida y otros de Ribera, simplemente nos juímos y yá.

¿Qu'el corazón sustituye al Alma? No. No queda de otra, callaba un Khronos lento al exceso:
la Flor de mi Alma, germinó en la Otra Ribera
Adiós mi Rielera, ya se jué tu Juan...

lunes, 28 de agosto de 2017

IV. Flor de Café

cuando el Amor llega así d'esta manera
secuestra Corazónes ni soltar agua vá
Parando en la Botanera, la Flor sugirió Café bien cargado antes de seguir a Nueva Alemania. Dos cargados y un beso en cada mejilla después, conducía entre dos películas: al frente destacaba la brecha qu'el Piojo iluminaba, al fondo perjúmenes de la Flor tocando la piel qu'envolvió mi Alma su Alma en mis manos, Alma con Alma apagando la más encendida Puesta de Sol de mi Vida, mientras el Piojo tesoneramente centraba la brecha.

Cuando la Volcata nos llevaba buscando piedra quebrada, le platicaba al Inocencio con quién merendé y de San José.-«¿la Flor? ¿la Flor de la Botanera? Cuidado mi Don qu'es Bruja, segurito le hechó la regla al café paque sea su títere.»- Bajando a levantar piedras para llenar nuestra Volcata, ví un montón al otro lado de la mata vegetacional. Rompiendo enredaderas me agaché por la primera y escuché una bataola con movimientos tan marcadamente agónicos, que voltié la cabeza sin mover nada más. Casi en mi nuca, una Naullaca Verde tragaba con cada espasmo a un Basilisco también verde pero inerte ya. De casualidad, suerte o brujería -nunca sé- no podía envenenarme con la herramienta ocupada en comer. Aún muerto las escamas a contracorriente del Basilisco evitaban que lo vomitara.
entre Cafetales Ofidios y Basiliscos
Lunes tras Lunes todo me venía fácil y hasta me nacían ideas que compartía, bajo supervisión de Don Jorge el Patrón y simpatías del Jefe tête de boche: como añadir espacio de carga a la Volqueta, mediante dos sencillas varillas que ponían horizontal la tapa trasera, aumentando su capacidad a 40 costales pizcados más sobre menos viajes a los pantes de café.

Con el Inocencio pusimos mano a la obra y en menos que canta un gallo encabezábamos rutinario viaje de prueba, costales y gorrones extra encuclillados por arriba. Subiendo en primera la pendiente más empinada de Nueva Alemania, la Volqueta comenzó a morirse por exceso de costales y bruscamente cambié a dual, desapareciendo el techo del benefico bajo el tablero -mientras nos abandonaban los gorrones- metí embrague y la gravedad prefirió rodarnos de regreso sin más caballitos encabritados, conduciendo con mi retrovisor izquierdo y los -«viene, viene»- del Inocencio al otro lado, bombeando el freno poco a poco hasta parar. Operándolo suavecito sin brusquedades, no se volvió a encabritar en toda la temporada de café.

Al otro Lunes quité las puertas de la Volqueta y puse un tubo a cada lado del marco, como tenía la Rielera para subir a la cabina. Sorpresivo chubasco convirtió nuestros caminos en resbaladeros jabonosos y trampas infalibles. Patinando perdía velocidad la Volqueta subiendo vacía al pante mientras aumentaba los coletazos de pescado. Don Jorge -el Patrón ni más ni menos- agarró los tubos nuevos y clavando botas en el lodazal, gritó: -«¡Levanta la caja!»- y accioné el hidráhulico para añadir peso sobre la tracción, -«¡Acelera en segunda!»- y desembragando segunda viendo al frente, escuché una serie de tortazos tapando los desesperados -«¡Ya párale, ya párale!»- de Don Jorge, cubierto de pies a cabeza con el fango que soltó violentamente cada patinazo del yoyo (ruedas traseras gemelas) provocándonos carcajadas a diente batiente, incluyendo tan adolorido y enlodado patrón.

De ahí en adelante me recomendó Joaquim ya no modificara nada más, especialmente los Lunes.

Cada Sábado caía en la Botanera y la Flor encantada de hechizarme. La pluma que me dió nunca se quedaba sin tinta, a pesar del exaustivo firma que te firma, Sábado tras Sábado y abarcando desde gasolineras hasta San José: kilómetros de tinta para apagar los más ígneos atardeceres.
entre Playas y Manglares

jueves, 24 de agosto de 2017

III. FLOR de CAFÉ

entre Sábados y Mercados: Tapachula

El repelente humor tan Otto, Hans y Fritz del jefe tête de boche -disparaba mi nada humilde causticidad- cubría la tedesca timidez tan natural del recién huído desde Alemania Oriental. El fin de semana, Joaquim y el Piojo (Ford 1948, mi favorita: la deportiva entre veredas del Café) bajamos a Tapachula para actualizar sus papeles de asilo, además de reportar mi FM-2 (identificación) evaporada en aquella bolsa de marino. Hasta revisaron con la Botschaft von Deutschland de México si yo era yo: ach du lieber Gott!

Allá cuando se rebelaron los colgados ganaron una tierra con libertad de ser esclavo si eres indio y ser dios cuando eres rubio. Desde el Sábado comenzaba mi asueto hasta el Lunes a las siete -ya bañado y rasurado- a bordo del Piojo mi transporte oficial y algunos encargos desde Tapachula: llenar tambos de gasolina o refacciones pa'l viejo máistro de Taller en Argovia. El primer Sábado entré al cine -para gozar de aire acondicionado- y exhibían el Salario del Miedo con Yves Montand. Me aferré al asiento por si volábamos hasta los cielos: en precarias camionas y veredas como las de Argovia, transportaban nitroglicerina en vez de café.
entre Burdeles y Botaneras: Tapachula
Saliendo de vuelta al horno, sed y hambre guiaron mis pasos al primer burdel gastronómico que topé. Una mirada escrutadora bajo mi cafetalero chambergo de palma no obtuvo respuesta y pude ocupar una mesa tranquilamente. Sentada adornando la barra, una mesera cenaba su descanso en turno, con porte y gallardía nada comunes. Notando mi entrada se levantó con dos cervezas y una sonrisa -«¿Necesitas compañía, güero?»- clavando su par de ojos negros a venta en mis pupilas.

-«Si me acompañas a merendar ya tenemos trato»- respondí. Cada tres cervezas consumidas incluían botanas locales cual manjares de la Rielera. -«Me llamo Flor»- informaron casualmente aquellos ojos negros sirviendo mi tercera botana. Entre relatos de Chauites hasta su niñez de pescadores y manglares, el Domingo nos alcanzó y la Flor trajo mi cuenta. Cómo pasa el tiempo cuando pasa, ni duda cabe que muy muy a gusto. Gusto truncado bruscamente por el cinto casi vacío de billetes y sin cobrar mi primer sueldo en Argovia. Sin tener la propina olvidemos la factura entera decidí abrirme de capa con la Flor, cavilando qué tipo de prisión militar fronteriza hospedaría mis pobres huesos.

Inmutable la Flor fué hasta la barra para traerme una pluma: -«No se agüite mi Güero, los alemanes nunca traen efectivo porque asaltan, acá todos firman y a veces hasta pagan ¿tú crees?.»- guiñando cómplice mirada de quien conoce la vida. Acá se vale que´l profesional seduzca como parte del tratamiento, vale más exprimir caderas y carteras que cerebros y otras mierdas. Sinceridad mutua maneja la subasta: cuánto vales cuánto tienes cuánto tiempo. Cerrando su Botanera, la Flor propuso si acaso quería conocer los manglares de la Rielera -«nada como ir con sus primos a San José y regresar de madrugada»- en fugaz parpadeo mientras jalaba la mano para subirse al Piojo.

Descubrí entonces que no soy fácil sino facilísimo, ninguna necesidad de ahijados traidores ni bolsa de marino alguna. Pa qué quisiera otro Domingo non Sancto, pudiera serme adictivo.
entre Barras y Manglares: San José el Huayate

lunes, 21 de agosto de 2017

II. FLOR de CAFÉ

Finca Argovia

Ya bañadito con ropa nueva, entre el cantar de aves tropicales y desaforados loros en bandada, me presenté con aquel tête de boche ahora mi jefe. Caminando junto al Joaquim muy contento -cavilaba qu'en la vida ganaría mis denarios más fácilmente qu'en una Jeep o Willys sobre paradisíacas veredas verdes- casi entro a punto del desmayo cuando presentó a Inocencio mi ayudante, paradito ahí junto al vehículo designado: una Ford de volteo, un monstruo d'esos qu'en la vida ni abordé jamás.

Mi mejor cara de pompa y circunstancia escaló la cabina y tras el volante, escrutaba cómo diablos arrancar bajo la inquisidora mirada del tedesco. Al estribo del copiloto subió Inocencio tan tranquilo, mientras descubría unas llaves pegadas junto al tubo del volante y una palanca de velocidades con su esquema igual al auto del pueblo, menos mal. Embragué la neutral mientras pisaba el freno y al girar la llave, cual auto del pueblo la cosa ésa arrancó con ralentí suavecito y parejo.

Decidiendo averiguar fuera de miradas inquisidoras qué diablos sería un botón rojo integrado a la palanca, quitando al freno de mano metí primera y solté cuidadosamente como nunca en la vida al embrague. La cosa ésa avanzó lentamente y mientras recordaba roturas del cable de embrague en carretera -llevando al auto del pueblo a destino con cambios a oído- embragué a neutral y otra vez para meter segunda sin ruidos escandalosos bendita sea, dejando tranquilo al escrutador tête de boche.

Desde el estribo Inocencio nos encaminó por aquel dédalo verde hasta estacionar a medio arroyo para cargar arena lavada. Extrañamente bajó con dos palas y enseguida regresó junto a la cabina, aclarando que acá los choferes palean parejo con los ayudantes. Por lo visto era mi día pa las sorpresas, bastante lejano ya de utópicos sueños paradisíacos. Después de largo y sudoroso rato, Inocencio expresó amablemente:

-«Oiga mi Don, asté nunca ha hechado pala antes ¿verdad?»- Atrapado en curva respondí jadeante:

-«Pero cómo no, desde niño en la finca de mis abuelos, después en el jardín de mi madre y así siempre he metido las manos pa todo.»- despertando sonoras carcajadas del Inocencio (no, no lo era ni tantito), qu'empezó a darme cátedra de cómo hechar pala:

-«Primero hay que llenar la pala al tope, despuesito la columpea tantito p'atrás antes de lanzarla p'alante encimita de su hombro y solita se vaciará en la Volqueta.»- mientras ilustraba con otra palada pa llenar la cosa ésa -«Por llenar media pala son más paladas y se cansa más.»- sin mencionar que le imponía más trabajo bajo el mismo Sol. Probé y efectivamente, tanta razón tenía mi nuevo camarada -el ayudante era yo- qu'empecé a retarlo y llenamos la cosa ésa en un santiamén. Descargar fue fácil, Inocencio movió una barra de la caja que soltaba su tapa trasera mientras accioné otra palanca junto al freno de mano, descubriendo que sólo funcionaba en neutral con el freno puesto y al acelerar un poco levantaba la caja hasta vaciarse ahí solita y solita bajaba nuevamente a su lugar.
cascada San Francisco, finca el Edén
Fuimos al Edén por dos viajes más de piedra bola -"del tamaño de tu cabeza" había indicado aquel simpático tête de boche- y un bañito en la cascada antes de entregar la cosa ésa. Regresando pregunté al Inocencio dónde comer algo más que frijoles, tortillas y café -aburrido menú del comedor para trabajadores- y me presentó una familia chamula: por módica suma me alimentarían cual cerdo d'engorda, declaró antes de retirarse a su cantón. Como todo trabajador fijo vivía con su familia por el ejido.

Desde nuestro último viaje con piedra sentía arder mis palmas y al sentarme para cenar en la casa chamula ya quemaban insistentemente. Un vistazo y llenas de ampollas reventadas: no era lo mismo ganarse la vida "metiendo las manos para todo" como cazador o pintor, únicos oficios que practiqué hasta ahora además de ser estudiante, qu'echar pala en diabólica competencia por vez primera. Imposible palear mañana en tales condiciones.

-«No se despreocupe Don»- dijo aquel Tata chamula viendo mi predicamento, trinchando un limón y partido, sobre las brasas del fogón hasta que salieron chispitas. Me tomó una palma e inclementemente lo aplicó sobre mis ampollas. Más valía no haber nacido que sentir ésos hilos subiendo al sobaco pa bajar al ombligo, ni tiempo de gritar ni evitar que lo mismo a mi otra palma, maldito viejo sádico tan socarrón diciendo -«No sea chillón, Don»- mientras su mujer nos servía un sancocho de Armadillo capaz de remediar cualquier entuerto. Tan opípara cena me aletargó y olvidé palmas, brazos y piernas adoloridos para entregarme a Morfeo.

Me despertó un hambre que parecían dos, mis palmas con cuero curtido en vez de piel. Maldito viejo sabía su oficio, además de sádico era curandero me confió después el Inocencio. Desayuné en la casa chamula agradeciendo al Tata que mis palmas con suela de zapato ya podían palear día y noche si fuera necesario, mientras su mujer servía tamales de pípila con atole champurrado. Así reparado fui a soportar las instrucciones del tête de boche y a seguir practicando cambios con aquél misterioso botón rojo: el famoso dual que daba ocho velocidades a mi Volqueta -no, ya no era "la cosa ésa"- para andar implacable con carga pesada entre subidas y bajadas.
Comedor para Trabajadores


Enlace: el mejor PRESENTE es el TiEMPO

viernes, 18 de agosto de 2017

I. FLOR de CAFÉ

la Rielera
Pitando impaciente bufaba aquella Rielera al tironear sus vagones y de paso, despejando mi letargo. Abrazado a mi lámpara sobre una banca de la estación, la bolsa de marino con mis elementales pertenencias evaporada y el ahijado pegoste casualmente ausente -cuya pauta de mal parido o mal abortado asentó mis pies sobre la tierra- a correr se ha dicho tras el tren que ganaba velocidad, sin lastres de equipajes ni malas compañías.

Llevaba un cinto d'esos con cierre donde metes billetes de alta denominación, demasiado pocos para tan precaria situación. La Rielera ni m'espantó bien el sueño y su vaivén traqueteado me sumergió al inicio d'esta gesta:
«Emprendí el viaje para conocer la Costa Chica y ventilar mi relación acapulqueña, la Conchita pegosteando su hijo adolescente por aquello de la imagen masculina. Pensando así levantar los bonos de nuestra relación, ilusamente accedí. Finalizando la brecha costera hasta Puerto Escondido, regresamos a Pinotepa trepando la sierra hasta Oaxaca y bajamos al Istmo de Tehuantepec.

Pasando Juchitán nos bajamos en Tapanatepec, ya hartos del bamboleo en repletos Dinas que sólo sabían circular a vuelta de rueda bajo calores inclementes -eso sí por cualquier terreno- para abordar al tren costero hasta Tapachula. Los vagones serían más espaciosos que cualquier lata de sardinas retacada hasta el techo y llegamos a Chauites atardeciendo.

Comimos en el mercado brindando un par de cervezas. De reojo ví que´l ahijado conversaba animadamente con nuestra mesera y discretamente m'esfumé hasta la estación. Obviamente se pusieron de acuerdo para despojarme, creyendo los denarios en mi bolsa de marino. La muy fichera añadió algún fármaco a mi cerveza y apenas alcancé aquella banca donde la Rielera me despertó desquiciada.»


Mudar resoplidos y traqueteos por gritos femeninos ofreciendo viandas, disiparon mis ensoñaciones y despertó mi estómago. Entre manglares paradisíacos flotaba otra estación cuyas mujeres ofrecían comida y bebida mientras los varones cerveceaban las hamacas. Llenar el estómago despejó mi cabeza y recorrí el tren para desentumir las patas. La Rielera lanzó su advertencia y volvió a bufar pariendo aquel traqueteo que rebobinaba al paisaje. Así, durante todo el día y por la noche también, pasaron selvas y manglares entre paradas y manjares.

Aclarando apareció Tapachula y despedí a la Rielera. En típica población fronteriza olvidada por Dios y amonestada con la milicia, tropezaba entre burdeles y talleres, cuestionando: -¿Necesitan mecánico?- y todos con la misma letanía:

-«Por acá no hay trabajo Güero, arriba en la Sierra tá comenzando la temporada del café, ahí necesitan choferes.» repicaban mentando la "Nueva Alemania" y que por la salida de Chicharras salían los redilas de pasajeros.

Colgado entre medio del redilas, bamboleado por una multitud que apretaba, arribé a la Finca Argovia de Nueva Alemania antes del anochecer. Un boche tan tedesco cual cabeza cuadrada, se presentó como Joachim el administrador, dando instrucciones: dónde cenar, dónde está la Tienda, donde dormir y presentarse mañana ya bañado y rasurado a las siete. Compré una manta, ropa, pasta dental, jabón y rasuradora antes de cenar e irme tranquilo a dormir como tronco.
Tapachula


martes, 15 de agosto de 2017

KHRONOS

Pasma en el marimbeado tiempo d’éstos tiempos de calentamiento global, que orgullosamente atiendan los cambios del tiempo a total destiempo. La Cencia presume predecir el tiempo extraviándose todo el tiempo.
  Antiguos relojes de Sol dividían al tiempo entre el mismo número de horas, desde amanecer hasta anochecer: 12 horas ‘a tiempo largo’ de Verano y doce horas 'a tiempo corto' del Invierno. En éstos tiempos modernos con relojes autómatas de cuerda sin relatividad, salen con boludeces como cambiar la hora de Verano para ahorrar electricidad y si acaso recibo mi recibo de luz a tiempo, es más caro en tiempo de Verano que’l de Invierno. Digo, allá por los Polos con seis meses de día y seis meses de noche, quizás ahorren algo gracias a la iluminación de las Auroras, pero NO por cambiar la hora. El tiempo SiEMPRE debería estar a tiempo con el Sol, como la chispa de los platinos en mi Combi debe estar a tiempo con el PMS (notita desconchavadita: NO, mi Combi no sufre del Pre Menstrual Síndrome: acá me refiero al Punto Muerto Superior = cuando el pistón alcanza el cénit). Cada hora Solar representa un meridiano y NO está a tiempo con las cuerdas relojeras. Absurdamente, nos hacen creer qu'el Sol se desvela en tiempo de Verano y es perezoso en tiempo de Invierno: todo tiempo nacen los Días a tiempo saliendo el Sol y no por autómatas de pulsera y menos al Mediodía.

  El reloj de cuerda se inventó para saber en qué meridiano navegaban las naos saqueantes del imperio en aquél tiempo que´l Diosito Papa, por adicción al Oro nos concedió: a la Tierra ser redonda, a los indios tener Alma y a la BrujaVerde (GreenWich) marcar el Zero -sin tostarla en leña verde-. Se dividió nuestra pelota planetaria en 24 gajos imaginarios, bautizados como Meridianos. Los saqueadores comparaban la hora de su reloj al tiempo que'l Sol alcanzaba su cénit o mediodía, porque únicamente ahí sincronizaban los tiempos de tantos relojes autómatas en todas las latitudes del Astrolabio, con la hora de la Bruja Verde. Tiempo y Distancia son medidas humanas complementarias nada reales y muy Euclidianas, como éstos tiempos cibernéticos adonde votan los muertos y chateamos a solas todo el tiempo.

  En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cambiábamos la hora para destantear a los enemigos que todo el tiempo espiaban nuestros mensajes. Como resultado, destanteamos tanto al enemigo que a la hora de la hora, no solamente perdimos la guerra sino la Germania entera, quedando ocupada y partida por largo tiempo.
GRANiCERO                  TiEMPERO
  Cada tiempo de granizo, salía mi compadre Lucio -escogido por el Rayo- con un sahumerio lleno de copal sobre tizones y yo acompañábalo todo el tiempo por curiosote y metiche. A la hora de controlar al mal tiempo que ni con satélites de la NASA predecimos a tiempo, ahí mero juntito a mi compadre Lucio siempre tan impasible todo el tiempo, me colocaba bajo una lluvia de ensordecedores rayos -"ésto no es como el chispazo de una bujía ni sabe a jugo de tomate" mi mente divagaba a destiempo- entre un alrededor tan lleno de árboles que hasta'l bosque lo tapaban, a tiempo que’l granizo nos tupía con estruendosos rayos cada vez más cegadores y aminorando la muy poca distancia. Despertaba mi curiosidad y espanto ver de cerca tantos Rayos naciendo de los árboles, buscando nubes que destripar para sacarles los granizos.

  -"Oiga don Lucio, que la granizada vá pa Totolapa y están a tiempo de cosechar la milpa".- Sin retirarse de la lluvia, al tiempo que su sahumerio hacía la Cruz a cada uno de los Cuatro Vientos -alumbrados por tupidos rayos todo el tiempo- replicaba mi compadre: -"Es responsabilidad de allá tener su Granicero pa detener la granizada a tiempo"- siempre impávido frente aquellos cegantes ensordecedores.

  Llegó un tiempo en que cada dormir y despertar a la hora mañanera de abrir mis ojos, el tiempo avanzaba los Candelarios Erróneos por varios días, a veces semanas y hasta meses. Todo el tiempo me encontraba sin saber ni qué estaba haciendo, mucho menos sabía en cuánto tiempo iba a terminar aquello que ignoraba hacer. Cuatro años del Candelario para mí fueron menos de seis meses. E insisto, todo ése tiempo los equivocados fueron los Candelarios por Euclidianos. Curioso cómo en aquél ahorita d'entonces, el tiempo pasó sus cartas sin pasado inmediato. En ése tiempo llegaron los paracaidistas y salté otra vez -después de cuatro años-. A la hora de poner los pies en la tierra me abrazó Mnemósina, ni sabía antes que estaba en pleno olvido: olvidaba que olvidaba viviendo contento mi tiempo de rancia ignorancia, contento que no eliminó el recordar lo olvidado menos mal: ventajas de vivir a tiempo cuando el Valemadrismo alcanza el cénit.
SiEMPRE es la HORA de no HACER NADA


Enlace: Candelarios Erróneos (1991/2001)

domingo, 13 de agosto de 2017

más Tribulaciones para un Mecánico Hotelero

ÁNGELA, nuestra Señora de las Hamacas
  El último turno del Arcoiris terminaba a las 11 de la noche, hora oficial para los asaltos en toda la Zona Costa. Floriberto vivía hasta arriba del batallón y le tocaba entre los últimos para llegar a su cantón. La Combi Arcoiris estaba ya tan viejita que nadie se la iba a ocurrir robársela al regresar vacía a través del lumpen. A veces veía un chaparro con chambergo puntiagudo negro, sentadito a la sombra de un tronco junto al farol eléctrico. Me veía pasar y lo saludaba con gusto por esfumar mi solancia. Me contestaba efusivamente, igualmente solitario. A veces me saludaba ansioso ya cuando subía retrasado y le contestaba con la mano. Que se me ocurre comentar con Floriberto -“Mira, hoy salió más temprano el güey del tronco”- y ya no quiso volver a subir por allá conmigo. Tuve que escoger otra calle paralela para rodear el árbol del güey con chambergo puntiagudo negro y poder llevar a Floriberto hasta su casa: prefería arriesgar un asalto o la vida, a pasar otra vez junto al tronco ése.

  Recordé que así pasaba en mis mocedades, por aquel Bosque de mi niñez temprana: jugaba con niños que vivían en las barrancas entre raíces de añejos troncos, ahí donde a veces hacían su cubil las Lobas. Nunca entendí porqué espantaban a toda la campesinada si eran tan amigables. No se dejaban ver por cualquiera y a cada quien su conciencia: contaban mis abuelos que por guardar el cazo con oro del Arcoíris despertaban ambiciones mediocres sin fondo y como nuestras cabezas, también eran dorado premio para la práctica de tiro, por Dios y por la Patria.

  Encargado del Arcoiris en Zicatela, -cuyo único cazo de oro eran las fosas cépticas- empecé a ser observado silenciosamente por un caballero de camisa blanca, pantalón negro y sombrero de paja cubriendo un rostro a mostacho negro. Primero discretamente para no obstruir mis actividades nocturnas, poco a poco venció su timidez y empezó a ser más obvio. La mayoría correrían espantados al verlo dando mala fama y como ya estaba bastante solitario, se aseguró de mi templanza antes de acompañar los trabajos hoteleros nocturnos. A veces, se asomaba en pleno día por la ventana del taller-bodeguita a un lado de la piscina, atrás del jardín. Mentalmente le daba la bienvenida y me venía a la mente que estaba muy contento de tener un amigo.

  Desayunando con José Luis (dueño del Arcoiris) me atreví a comentarle sobre mi nocturnal e incorpórea amistad. José Luis nació en un rancho ganadero de Tuxpan, rodeado de monte con sus correspondientes Duendes, no pensaría que soy un ignorante: loco quizás, d’eso no hay ni la menor duda. Al escuchar mi novela, me indicó una señora entrada en bien conservados años y cubierta de encajes blancos, desayunando en la Galera (el restaurante bar del Arcoiris) y que le contara mi anécdota. Nos levantamos y después de las presentaciones de rigor la acompañamos a su mesa.

  Sorpresa la mía: era hija del propietario del terreno donde más tarde José Luis fincó el Arcoiris. Había sido una rejoneadora de renombre hasta su retiro; después de escucharme, sacó una foto muy antigua desgastada por el tiempo, donde posaba m’incirpóreo amigo a cuerpo entero y el mostacho muy sonriente. Según ella, siempre estaba reparando o construyendo algo en su terreno usando las manos. Yo cuidaba igual del Arcoiris y éso inició nuestra amistad. Le vendió la finca a su papá con la condición de no abandonar el terreno a la buena de Dios y poco después navegó hacia la Otra Ribera. Regresaba de vez en cuando para revisar el estado de las cosas que dejó en ésta Ribera.

  A los incorpóreos les gusta darnos gusto así como a los bichos también. Uno puede enviarlos para dar luz o entregar tinieblas, la intención es nuestra propia decisión: podemos sembrar vientos y cosechar tempestades o bien sembrar semillas y cosechar la Milpa. Decía mi compadre Lucio que’n sueños, después de hacer la limpia de un paciente, se le apareció aquel espíritu reclamando que no lo dejara hacer su labor:

  -"Me enviaron para cobrar una deuda ¿Hasta cuándo podré descansar si no me dejas pasar?"- a lo que respondió mi compadre:

  -"Reclámale al que te mandó".
AMANECE LA VOLCANA, desde Casa de mi Compadre

sábado, 12 de agosto de 2017

Oye ¿porqué lo HAiDUK? si tu abuela murió soltera..

MÓRRiGÁN, Gran Reina de la Guerra y la Muerte: dá a luz la nueva Vida, el amor y el deseo
«Fᴜé ᴇɴ ᴀǫᴜéʟʟᴀ Pʀiᴍᴀᴠᴇʀᴀ -trovaba l'Alondra Ciocârlia- ᴀʟʟá ʟᴇjᴏs ᴍᴜʏ ʟᴇjᴏs, ᴅᴏɴᴅᴇ ʜᴀᴄᴇ ᴘiᴘí ᴇʟ Pᴀᴅʀᴇ Tiᴇᴍᴘᴏ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ʟᴀ iɴᴄᴏɴᴛiɴᴇɴᴄiᴀ ɢᴀɴᴀ, ǫᴜ'ᴇʟ Cʜᴀᴍᴇʀɢᴏ Nᴇɢʀᴏ ᴅᴇ ʟᴏs Bᴀʟᴋᴀɴᴇs fᴜé ᴠiᴏʟᴀᴅᴏ ᴘᴏʀ ʟᴀ Bᴜᴛᴀᴄᴀ Cᴇʟᴛᴀ, ʀᴇiɴᴀ ᴅᴇ ʟᴏs Cᴀsᴄᴏs Liɢᴇʀᴏs, ᴇɴɢᴇɴᴅʀᴀɴᴅᴏ ᴀsí ᴅ'ésᴛᴀ ᴍᴀɴᴇʀᴀ ᴀ Lᴀ Niñᴀ Cᴀʀᴛiᴍᴀɴᴅᴜᴀ, fᴜᴛᴜʀᴀ ʜᴜéʀғᴀɴᴀ ᴘʀᴇᴍᴀᴛᴜʀᴀᴍᴇɴᴛᴇ ᴍᴀᴛʀifiᴄᴀᴅᴀ ʏ ᴇɴᴠiᴜᴅᴀᴅᴀ, ᴄᴜᴀɴᴅᴏ Cᴀʀᴀᴛᴀᴄᴏ ᴇʟ Aʟᴄᴏʜóʟiᴄᴏ ᴏsó ᴀᴛʀᴀᴠᴇsᴀʀsᴇ ᴇɴ ᴘéʀfiᴅᴏ ᴄᴀᴍiɴᴏ ʏ ᴇɴɢᴇɴᴅʀᴀʀᴏɴ ᴏᴛʀᴀ fᴜᴛᴜʀᴀ -ᴀɴǫᴜᴇ ᴢᴜʀᴅᴀ- ʜᴜéʀfᴀɴᴀ, ᴀʟʙᴏʀᴇᴀɴᴅᴏ ᴀsí ʟᴀ ᴛʀᴀᴅiᴄióɴ fᴀᴍiʟiᴀʀ “ǫᴜ'ᴇɴᴛʀᴇ fᴜᴛᴜʀᴀs ᴛᴇ ᴠᴇᴀs”. Siɴ ᴇᴍʙᴀʀɢᴏ, ʟᴏ ᴠiᴜᴅᴀ ɴᴏ ǫᴜiᴛᴀ ʟᴏ ᴄᴀʟiᴇɴᴛᴇ ʏ ʟᴀ ᴇᴍʙʀᴜjᴀᴅᴏʀᴀ ᴅᴇ Bʀiɢᴀɴᴛiᴀ, ᴘʀᴏɴᴛᴀᴍᴇɴᴛᴇ ɴᴇᴄᴇsiᴛó ᴜɴ ᴍᴀᴛᴀᴍᴏsᴄᴀs ᴘᴀʀᴀ sᴀᴄᴜᴅiʀsᴇ ᴀǫᴜᴇʟʟᴏs Gᴏᴅᴏs ǫᴜᴇ ʟᴀ ʀᴇᴠᴏʟᴏᴛᴇᴀʙᴀɴ. Mᴀs ʜé ᴀʜí ǫᴜ'ᴇʟ Gᴇɴᴇʀᴀʟ ᴅᴇ ʟᴏs Gᴏᴅᴏs, ᴘᴏʀᴛᴀɴᴅᴏ ᴍáɢiᴄᴀ ᴀʀᴍᴀᴅᴜʀᴀ ᴀ ᴘʀᴜᴇʙᴀ ᴅᴇ ᴍᴀᴛᴀᴍᴏsᴄᴀs, ʟᴀ ʀᴇᴍᴀᴛʀifiᴄó ʏ ᴅᴇsᴇɴᴠiᴜᴅó ᴅᴇ ᴜɴ sóʟᴏ ᴛᴀjᴏ, sᴇᴍiʜᴇʀᴍᴀɴᴀɴᴅᴏ ᴀsí ʟᴀ ᴘᴏʙʀᴇ ʜᴜéʀfᴀɴᴀ ᴢᴜʀᴅᴀ ᴄᴏɴ ᴇʟ ᴀʟᴇʙʀᴇsᴛᴀᴅᴏ ᴘʀiᴍᴀᴠᴇʀᴀʟ ésᴛᴇ, ǫᴜᴇ ʜiᴇʀᴠᴇ ᴇɴ ʜᴇʀᴇɴᴄiᴀ ᴄᴏɴsᴜᴇᴛᴜᴅiɴᴀʀiᴀ ᴘᴏʀ ᴀǫᴜᴇʟʟᴀ sᴀɴɢʀᴇ Bᴀʟᴋáɴ.»
  ¡PORQUE BRiGANTiA ES iNFiNiTAMENTE GRANDE! Nací bajo la tutela y protección de Mórrígan, diosa de la Guerra y por lo tanto de la Muerte: es la Morena mi hada Ángela. Gracias a la Segunda Guerra debo la existencia y gracias a la Muerte debo la pervivencia. Nací honestamente tan sinvergüenza qu'el valemadrismo guía mi percepción, asombrando santos budistas de la Karma y adeptos a la virgen de Guadalupe, por igual. Nací tanto más impredecible -qu'enyuntando la mujer la ola marina y la clima de un sólo tiro- que Khronos a veces desenlaza Anankaia por el placer de observar la evolución de mis andadas.

  Usando la calentura de nuestros padres -nos hayan planeado o no, sean pareja o ni vuelvan a encontrarse jamás- el Hado nos trae a ésta Ribera cuanto más marginados más protegidos y en mi caso, bajo las Alas de Mórrigán. Tan brigante espíritu se manifestó desde mis primeros recuerdos, olvidados conscientemente y manifestados intuitivamente haciendo caminos de locura al andar. Quizás milagros quizás pecados inequívocamente tomo mis decisiones, anque espanten la monotonía de aldeanos aburridos entre carceleros mandamientos.

  Desde mis brumas iniciales vislumbro al Bosque, cuyo lenguaje del movimiento ya conoce nuestro cuerpo desde antes de nacer, como lo saben otros bichos y las plantas, los aires y las aguas, la tierra y el fuego. No es el movimiento autómata y euclidiano de la rueda -o de la idioma hablada-, sino la música de las esferas que observamos después de morir la tarde. Mis mayores olvidaron tal lenguaje por razonar con la idiomática y me prohibían sordamente ir al Bosque, qu’entre cantos de lechuza y aullidos de lobo ofrecía protección, mientras Mórrigán desaparecía amigos y enemigos a diestra y siniestra: no fueran a ser tentados con descubrirnos por cobrar la recompensa. En las guerras entre bestias humanas tan sólo el oro vale y como nunca alcanza, deslumbra: sólo aviva fuegos fátuos de glorias efímeras y trahiciones sin fin, como toda ley apocalíptica.

  Tal guerra mantenía en las afueras a mis mayores durante semanas y hasta meses, dándome grandes oportunidades para escabullirme al Bosque. Los ancianos dueños de la finca bajo cuya tutela quedaba, decidieron llevarme con ellos cuando salían a cazar conejo, nutria, jabalí y ciervo, o a recolectar frutillas, hongos, trufas y chalotes: al menos así iría conociendo algunas veredas y evitarían perderme.

  El desperdicio de nuestras comidas alimentaba otros animales de la finca, pero en cualquier descuido llevaba huesos, pieles y entrañas a la orilla del Bosque donde dos perritos me esperaban con su madre en cercanía, observando a contraviento creyendo no ser vista. Poco a poco se fué acercando al paso de los días para olerme las manos y volverse mi amiga. Se anunciaban con sendos y cortos aullidos para evitar extraños, mientras la lechuza ululante sobre la cerca me apremiaba a satisfacer su gula: sabía que siempre traía algún tembloroso ratón para ella. Poníamos trampas para controlarlos o se comían todo lo nuestro, hasta la ropa a veces. En cuanto abría la trampa salía corriendo y ella lo atrapaba planeando cual gato alado para llevárselo al nido. Así nació mi fascinación por volar.

  Siendo parte del Bosque, por seguir a los bichos conocí más veredas bajo su guía y protección, que con los ancianos abuelos adoptivos más bien depredadores del Bosque: casi se desmaya madame Bastié cuando conoció en el cubil a los perritos con todo y mamá, me dijo se llamaban lobos y por ello escogió al apodo que me designa hasta hoy. Mis dos actas de nacimiento me nombran diferente en una idiomática que nunca escupí: mientras la una dice “bastardo” la otra dice “reconocido”. Cosas de mi tedesco padre: en una ganábamos la guerra y en otra, buscaban un soldado Ryan a sangre y fuego aquellos cascos redondos que “no eran nuestros amigos”.

  a mi abuelo, el Chambergo Negro de los Balkanes


viernes, 11 de agosto de 2017

una OLA de HOLAS desde México: ¿escritor yo? ¡¡PARA NADA LiMONADA!!

  Soy vil máistro automotriz y demás hostias por nacer con habilidad manual y visual. Alguna vez qu'el tiempo marcaba 1990, un amigo de ésos que ni necesitas enemigos, ofreció pagarme la traducción al castellano de Manuales Chrysler p'al taller (originales en inglés). La computadora “haría todo lo demás, yo te enseño cómo” y ni recuerdo cuántas planillas ni cuánto por planilla, calculando como un mes de escritura.

  Me sentó frente a una Lap -revolucionaria por aquel entonces- con pantalla de cristal líquido sin luz, cuyo texto azul claro contrastaba sobre un fondo del papel aluminio que hoy usamos en la cocina. Sólo alcanzaba a ver qué escribía en el único, rígido y siempre incomodísimo ángulo que automáticamente reflejaba la ventana, o la lámpara, o cualquier otra cosa brillante del entorno. Su lenguaje maravilloso y mágico era el maldito Word Perfect. ACABAMOS a comienzos de 1991, 6 meses DESPUÉS del cálculo inicial: si me daba sed, la compu celosamente se ponía rara, paralítica y a reiniciar todo aquel dedálico rollo del protocolo por una hora; igual cuando me daba hambre, o si preguntaba alguna duda, o si entraba alguien y si salía también. Todo ésto, intercalado a la veintena de cortes eléctricos tan clásicos en el Cuernabalas del dios vuestro de CADA DíA, tanto en aquel ayer como hoy en día (y por la noche aún pior) .

  Juré que JAMÁS (cuidado con la palabrita: te escupe toda la cara cuando menos lo esperas) JAMÁS me acercaría a ninguna otra computadora en toda mi vida. Casi inmediatamente perdí la memoria por 4 años y ya en el Hotel Arcoiris que regenteaba en Zicatela, me pedían menús con diferentes ofertas del Restaurant ¡¡a Diario!! Aprovechando mi lapsus desmemoriante, sentado frente a otra compu (con pantalla iluminada ¡¡menos mal!!) volví a teclear en Word Perfect (perfect-amente ODiOSO) e imprimía menús cada mañana por la mañana. Para regentear al Arcoiris sin recordar nada, escribía papelitos y papelitos y más papelitos con diferentes fases de todo lo que hacía (desde reparaciones y compras del Hotel, peticiones de diferentes huéspedes y empleados, hasta los menús mañaneros), llenando así todo mi maletín. El Mazo (el maz-ojete de la banda: dueño del Arcoiris y también amigo d'esos que no necesitas enemigos) me dedicó el siguiente dibujo:
  Comenzó la Internet cuando recuperé la memoria -hasta cierto punto- y cambié al Arcoiris por inolvidable galana Aimara de Metán: también me regalaron una Combi y desayunaba con Mate en vez de Café. Al año, regresé a la Hacienda con la familia olvidando a mi amada Aimara -graduada como EX- y volví a desayunar con Café. En 2002 heredé la compu '97 de mi papi el General, una HP Pavilion con (no se asusten) 32 Megas de Memoria RAM. Por la misma curiosidad que mata tantos gatos, la conecté y arrancó sola SiN maldiciones, con nada de Word Perfect: ¡¡Perfect-ísimo!! Y caí en ésta trampa del escribir que te corrijo, te corrijo y vuelta a corregir lo corregido, ad infinitum... Un hijo me conectó a la Internet con tarjeta prepago y empecé los Emilios con otro hijo en Sharm el Sheik; quise ver ésto del Blog qué onda a dos índices de velocidad y mirando el tablero, o cada parpadeo tecleaba una letra equivocada y vuelta al te corrijo que te corrijo.

  Como aquél Emilio era @Yahoo! mi blog estaba en la Yahoo!360° y algunas personas gustaron mis olvidosos recuerdos, basados en notas del misterioso maletín escrito desde el Arcoiris ¡no vaya a tomar otras vacaciones doña Mnemósina! Comencé a corresponder comentarios en lo que relataban mis nuevos desconocidos, alcanzando niveles de mejores amistades que’n la vida real: no tenía que soportar su presencia ni ellos tampoco. De una vez cada semana pasamos a dos (o más veces en las lluvias). Éramos de todo el globo parlando en castellano. Odiábamos al Féisbu con singular agrado y a Máicrosof también, por alergia común al azul yanqui que destroza pupilas quemando retinas. Todos éramos (y somos) proletarios sin dinero para Appleses, manzanas más caras aún que la original de Eva.

  Murió la Yahoo!360° prometiendo el cielo y las estrellas antes estrellarse forever. Nos pasaron a Multiplyca y agarramos vuelo, se sumaron más adeptos y la adicción así invadió nuestras plácidas vidas. Para poder comer, desde mi cocina abrí un blog donde fotografiaba -y a veces carbonizaba- mis alimentos. Lo mismo con la mecánica automotriz o ya no tendría €ntrada$ (ojalá y crecieran como las entradas de la frente, joer) y así con mis mascotas, el jardín, los paseos a Tepoztlán... hasta que murieron al Multiplyca, poco después de volverse un sitio culebrón de ventas.

   “Algo” hay con la Internet que cuando un sitio empieza a funcionar mejor de lo mejor, te hace todo lo que necesitas sin laberintos incomprensibles ni pedir claves culeras y funciona más que nada comunicando a los de habla castellana -como nos gusta a los que vivimos sencillamente a gusto- a "alguien" (de habla inglesa, notablemente) no le gusta y lo elimina sin miramientos para regresarnos al inframundo laberíntico del Gúgle Blogger.

  Algunos nos r'encontramos en el odiado Féisbu, ni modo: es sano dejar de odiar. Otros nos fuimos a diferentes foros que nunca pegaron. Por ello estoy aquí, por mi excelente (anque negrera y desaparecible) Capitana, la que si no escribo saca su látigo con los Contadores de Estrellas: doña Isabel Drake. A ver acá si no camino la plancha hacia los tiburones, ya veremos.

  Nadie lo sabe ¡EXTRA, extra: chismex! pero escribo a lo tonto desde mis vivencias, sueños, intuiciones y papelitos del maletín, pior que colegial del pre-kinder. Después corrijo mil y una veces, hasta que solita aflora alguna narración escondida al cuajar mi sopa de letras y voy esculpiéndola poco a poco. Tan lentamente, que me parte la mami ésa limitación de tiempo correccional en algunos foros, es como MÁS ESCRiBO: corrigiendo y corrigiendo, a veces durante TODA LA SEMANA (¿limitar a 15 minutos? ¡RiDíCULO!). Otras veces me toma más tiempo, hasta un mes pero ni modo: el Blogger es tal follón con ésa madre tan mal parida del «G+» que casi ni nos podemos comunicar nadie con nadie; mejor pongo notas y enlaces al Féis, donde NAiDEN CONTESTA, ni siquiera uno en cada 100 ed aquel Multiplyca.

  Bueno, por fin me presenté y como ven ni sé escribir (tampoco quisiera aprender p’acabarla de joer). Eso sí, fomentó mi uso del Noutbuc acá abajo en mi Lap. Por éso tardé tanto en presentarme y antepuse algunas publicaciones, dispensen mi autismo. Más vale tarde (¡tardísimo, güey!) que never, de limón la never.

NOTA.- en 1997 Paulina Huracanada editó al dibujo del misterioso maletín con agua.

jueves, 10 de agosto de 2017

DiVAGANDO ONDAS

  Como aquel farero ciego del DE PROFUNDiS, volando una cometa papalota cuyo aterrizar indica cuándo encender al faro, gracias a la calma chicha de cuantos veleamos a la mar: el Sol cobijado bajo el manto nocturno, amaina al Viento para dormirse y vuesa merced a merced de las corrientes donde flotáis, cantadas por las Sirenas desde los Arrecifes. Las más veces el Sol ronca dormido y espanta al Viento en dirección opuesta: pero otras no y vuesa merced necesita remar los remos al faro encendido como rumbo a puerto y a merced de vuesos brazos pende entera la Vida, siempre y cuando las Sirenas os cantaren suavecito.
  Más asombra vuesa incapacidad humana, la necesidad -la necedad diría yo- de super héroes, extraña mezcla de miedo con esperanza, de mutantes con extraterrestres, antiguamente llamados deidades y universalmente zoomorfos. Como aquellos indios que ni sabían eran indios adonde viendo al Cortés miraron Centauros Barbados, mediante trágica profecía que estratégicamente excluía pólvora y muerte. No es la Cruz sino los filos que calan al empuñarla como Espada y como dueños del Oro sois menos que desalmados animales: ayer por Paganos y hoy por Terroristas, esclavizados andáis bajo Centauros Barbados desde aquellos ayeres.

  Así como hoy es cruzar a Marte antiguamente era cruzar a la Otra Ribera, viaje sin regreso con todas vuesas posesiones como bagaje, anque sin la penitencia de beber vuesas excreciones por el camino: una moneda pa’l boga era más que suficiente. Los Sacerdotes cobraban previamente vueso derecho de vía en Oro y Oro os siguen cobrando hoy, tanto la NASA como los Padres curas que ni curan nada: menos mal qu’este Huérfano nació Bastardo y bebe Márago Gipe.

miércoles, 9 de agosto de 2017

las Tribulaciones de un Mecánico Hotelero

  Cubría dos turnos de 8 horas o un turno de 16 horas -de a como prefieran dividir al Tiempo- con libertad de escoger mis descansos y organizar a modo mis actividades. La Bula Matari (mi VW "Kurierwagen" '75) carecía de capacidad para llevar todo el personal del último turno.

  Comenzando la temporada de lluvias con asaltos a granel, puse a trabajar la Combi '82 propiedad del Arcoiris. Cada mañana, salía de compras para el Hotel y su Restaurante-Bar; entrada la noche, entregaba al último turno por diferentes rumbos d’este Puerto sin atracadero, pa que no repartieran sus míseros sueldos a diestra y siniestra tratando de llegar vivitos y coleando hasta su casita hogar.

  Ése día más que completo, ya sanos y salvos casi todos nomás faltaba entregar a doña Leo, nuestra jefa de cocina y al Gordito cajero del Restaurante-Bar. Vivían encumbrando las márgenes de la población al otro lado del Aeropuerto, entrando desde la carretera a San Pedro por una brecha paralela a la pista de aterrizaje. Con el chubasco recién amainado evitaba atascar la Combi por el lodazal, manteniendo de 50 a 60 kilómetros por hora. Si reducía la velocidad se undía en el lodazal y si aceleraba, manifestaba su disgusto a coletazos de pescado y los pasajeros arrepentidos de haber nacido.

  Cruzar un hilito de agua insignificante a tal velocidad, despegó del suelo a la Combi y anque m’encanta volar, francamente prefiero pilotear algo con alas. Volábamos en una trayectoria recta y horizontal, cuando menos. Desafortunadamente, allá abajo la brecha se desviaba hacia la derecha; aterrizamos como una piedra de cuatro ruedas, entre el zacatal de yerba junto al camino por estribor y a babor, con escasos diez centímetros de la tela ciclón y los postes de cemento que rodeaban la pista aérea. Fué el momento más que oportuno -indispensable, diría yo- para aplicar las enseñanzas de Robert aterrizando su patín de cola; el jalón hacia la tela ciclón -y los postes de cemento a nuestra izquierda- fué extraordinariamente similar al de su avioneta, mas media vuelta de contra volante y a dos manos de fuerza para lograr mantener una trayectoria recta, mi vocecita interna gritando -«¡¡ni se te ocurra tocar los frenos!!»- mientras el Tiempo se desbocaba alcanzando CASi-CASi la Eternidad y sin parar, hasta que talar tanta yerba con arbustos nos frenó. Doña Leo paró su cotorreo con el Gordito y preguntó, coquetamente: -«¿Porqué paramos aquí y a ésta hora, Don?»- creyendo romance en Combi a la puerta. Sin poder articular palabra solté el volante, tomé la linterna de la guantera y la apunté por afuera, debajo de mi asiento; la rueda delantera izquierda mostraba más de la mitad por fuera de la salpicadera, cual ala acostada totalmente horizontal.

  Con calma bajé a detallar daños; levantando un poco la Combi con el gato y apartando tanta yerba, percibí qu'el salto iniciador de nuestro corto vuelo, sacó una rótula de la suspensión izquierda, aterrizando así con la rueda en horizontal, sobre un talud; la otra rueda buena, rodó metida en una zanja abandonada, cuyo material formaba el talud a la izquierda. Sin acostarse la rueda izquierda sobre el talud, nos hubiéramos volteado a la derecha sobre el camino. Sin rodar la rueda derecha dentro de una zanja, nos hubiéramos acostado por la izquierda contra la tela ciclón y sus postes de cemento, antes de invadir la pista de aterrizaje. La Maule con patín de cola de Robert, me capacitó perfectamente para mantener recta nuestra trayectoria de hoy (gracias, amigo Robert) y logré aterrizar la Combi sobre tres ruedas... y un talud.
El "Lugar de los Hechos" visto de día, sin tropa y con la zanja tapada
  El Gordito se quedó a cuidar la Combi con doña Leo acechando su inocencia nocturna, mientras yo caminaba hacia la carretera para encontrar un taxi. Caminando a pié bajo ése cielo estrellado que dejan los chubascos nocturnos, me preguntaba: ¿porqué un hilito de agua tan leve provocó el Vuelo del Fénix?... Porque  abajo era un profundo vado que desaguaba toda ésa zanja abandonada, dejando agua a nivel inocente cuando paraba de llover. Parecía tener un centímero de profundidad y era bastante más profundo que la zanja donde aterrizamos.

  Media hora más tarde llegué al Hotel y José Luis en la jarra con clientes y amigos. Brindé para bajar susto y huevos. Subiendo lo necesario a la picop, partimos al rescate de doña Leo, del Gordito y de la Combi, copa en una mano y la otra con botella a fin que naiden era manco. ¡Salú!

  Arribando al lugar de los hechos, soldados en tropa mantenían a la Combi bajo resguardo y en un santiamén esfumamos copas y botellas: no alcanzaban para tantos. -«¿Será que'l Gordito violó a doña Leo?»- pregunté a José Luis que respondió -«Al revés volteado, nuestro cajero ni cumple 19 años y doña Leo...»- cuando nos interrumpió la tropa cortando cartucho a Máuseres sin apuntar a nadie pero en alertas y preparados-listos, un Teniente interrogando a qué le tiraba un vehículo tan sospechoso, estacionado ahí en Zona Federal junto a la pista y por largo rato: -«¿Acaso esperaban algún aeroplátano con droga?»- Recordé que Line decía: -«Los cascos cuadrados son nuestros amigos...»

  Mostré los daños y nos dió apoyo incondicional. La tropa cargó con la Combi desde la zanja hasta el camino y ahí logramos meter la rótula en su lugar, despedir al teniente y conducir despacito dejando en sus respectivos hogares a doña Leo y al Gordito. Regresamos al Hotel a terminar nuestras ocultas botellas y para cambiar las rótulas de la Combi, mejor mañana pa distraer la cruda. Entre la tropa, doña Leo era más popular que la Adelita y creí que se iba a quedar ahí junto al Aeropuerto. Menos mal que no: el Arcoiris hubiera perdido la Jefa de Cocina con la mejor sazón de éste Puerto sin atracadero.

    Rebeca atiende un Huésped de la Galera

martes, 8 de agosto de 2017

NOMÁS HAY QUE ESTAR ALERTA Y NO PERDERSE EN iNFiERNiTOS

LUNA LLENA enamorando a CHEVREUSE
  DESDE PAMPLONA (1948/52) me extrañaba la actitud de mi hermana mayor sobre el tema Cheuvreuse (aquel mi Bosque), allá donde nacieron los primeros pasos que pavimentan mi Camino; desde conceptos de belleza y estética, hasta éste amor por la Naturaleza que me permite convivir con otros animales; desde notar que los humanos somos terribles bestias, hasta hallar excepciones que me reconcilian con mi propia especie. Ya en Madrid (1952/56) Arlette evadía el tema descaradamente. Expresar un simple -"Recuerdo que madame Bastié..."- era interrumpido como ducha helada mirando al cielo con un -"Oh oui oui, Cheuvreuse..."- en ése tonito pacientemente tan falso de aquella que tiene un hermanito simplón y descerebrado. Vinimos a México poco antes de que Arlette se casara con Gaby en 1956 y residieran en los United States: son el único matrimonio duradero en TODA nuestra familia por tres generaciones.

  Pasaron los años y en 2001 nos encontramos por última vez, celebrando (bueno, yo sí celebraba) la defunción del General, mi padre. Mientras los demás discutían con voces a venas de cuello hinchadas e índices amenazantes ¿cuántas pertenencias no se pudo llevar y a quiénes le correspondían?, conversaba con mi hermana mayor y salió el tema Chevreuse. Arlette exclamó sin contenerse:

  -"¡Es que no tienes idea cómo era TU madre (y suya también ¿O NÓ?) antes de conocer a TU padre!"- (el padre de Arlette dejó a Line viuda) y pensé a hocico cerrado menos mal, que cuando lo abro salen bombas Molotov: -"¿Porqué no enterró rencores en el Panteón de Tepoztlán, cuando depositamos el cuerpo de Line allá por 1980?"- y mejor cambié de conversación. Celebraba depositar el cuerpo del General porque cerraba un círculo que ni tenía en cuenta hasta que enfrenté su cuerpo: NADiE muere DOS VECES y un duelo tan añejo que se lo llevó el Olvido cuando murió para mí hace 45 años, tampoco tiene repetición. Aún así no me heredó rencores ni malos recuerdos mi desconocido padre, sino agradecimiento: educó y casó a las también desconocidas hijas de mi fallido matrimonio, borrando así nuestro abandono en España cuando vino a México... para vivir con ‘la otra’: la misma vieja historia de tantas migraciones y matrimonios fallidos. La Vida y el Tiempo hacen mancuerna para darnos lecciones de Sabiduría y pacificar nuestros corazones, cuando tienes los ojos bien abiertos y sabes mirar.

  Pasaron 13 años más para que Arlette navegara hacia la Otra Ribera con Gaby, sin volvernos a ver por acá. De vez en cuando me pregunto en silencio: ¿Porqué mis recuerdos, en vez de rencores y odios como todo mundo, contienen momentos de suprema belleza y alegría, compartidos ocasionalmente con tan escasos humanos? ¿Porqué normalmente otros prefieren sufrir la Vida como Calvario, azotarse con alambre de púas y comer cuanto vidrio molido encuentren, anque sean chimuelos?

  Recientemente se reveló ésta historia bajo la propia óptica de Arlette: si me visitó como la Canica antes de navegar hacia la Otra Ribera (ver La Visita) francamente ni sé, porque nunca se quiso hacer visible (¿vergüenza, acaso?) o bien, fué mi conveniente desmemoria.
PARiS, 23 DE JUNiO 1940
  FRANÇE 1940.- Al ocupar Francia los alemanes y tomar París, Line hizo amistad con el Waffen SS Oberführer (ingeniero del ejército) que tenía a su cargo el movimiento de los trenes franceses. Entre copas y confidencias Line le reveló que la adinerada familia de su primer matrimonio, pagó abogados para quitarle la patria potestad de Arlette.

  Huérfana desde sus tiernos seis añitos y de padre desconocido, la familia del Tío Pablo le hizo la vida tan insoportable que Line estudió enfermería para vivir lejos e independiente. Conociendo un acaudalado hacendado del Congo Belga, se casó sin pensarlo más y se fué a vivir con él hasta el corazón de África. Embarazarse de Arlette y atestiguar tantas torturas que aplicaban a los trabajadores negros en vez de sueldo, acabó con su utópica luna de miel mientras el alcoholismo del hacendado lo acabó con la botella en mano. Viuda, Line regresó a Bélgica con su hija para acordar con los suegros la herencia de Arlete… pero ¡¡qué iban a compartir nada con ésa bastarda aventurera!! Le quitaron la hija, la patria potestad y la exiliaron de Bélgica. Line se fué a trabajar a París hasta que lo invadieron les sales tête de boches.

  El Oberführer urdió un plan: Bélgica fué tomada antes que Francia y también ahí mandaba la Wermacht (ejército alemán). Nadie les impidió pasar la frontera, tomar el castillo de los abuelos por asalto, secuestrar Arlette y salirse, apoyados con un batallón SS que comandaba mi tío Otto el de los planeadores. Pero ante las autoridades belgas, los abuelos levantaron una denuncia de secuestro ... ¡¡contra Line nada más!! (NADiE se atrevía a decir NADA contra ningún general alemán, por aquello de la Gestapo). Hasta aquel día de 1980 cuaqndo guardamos a Line en el camposanto de Tepoztlán, seguía vigente la orden de detención por éste secuestro: así de rancias y vengativas son las leyes bien belgas. Line jamás volvió a pisar la Bélgique.

  A la única que nadie tomó en cuenta ni le pidieron opinión, fué Arlette. Cambiar su opulento castillo de abuelos consentidores, por un departamento en París con una chimenea de espejos (preciosa, eso sí: lástima que si la encendías se estrellaban TODOS) y con un medio hermanito bebé, acaparador de atenciones maternas… Arlette tenía 9 años entonces y no le hizo ninguna gracia ser mi niñera asignada. Bajar desde la huevona Nobleza belga, ser familia con el enemigo y ponerse a trabajar además: ¡¡Qué horror!!
PARiS, 25 DE AGOSTO 1944
  FRANÇE 1944.- Llegó el desembarco de Normandía y el ahora SS-Brigadeführer und Generalmajor der Waffen-SS, movía sus trenes a diestra y siniestra hasta que se perdió la guerra. Logramos quedar escondidos en la vallée de Cheuvreuse, saliendo por la Puerta de Versalles, ahí mismo por donde pasó la División del general Leclerc para liberar París. Pasamos de ser "raza aria superior" a ser "carne de paredón" en un abrir y cerrar de ojos: herr Generalmajor der Waffen SS era considerado "nazi" y doña Line era considerada "colaboradora" -Arlette y yo como modestos rehenes na más-, por Dios y por la Patria.

  Para Arlette, la niñez opulenta del castillo abuelitario se tornó en finca abandonada, sin agua caliente ni corriente, sin luz ni trabajadores. Los señores Bastié habían tenido mucha riqueza, pero con la fatal economía francesa de la preguerra perdieron todo y sólo les quedaba ésta desvencijada hacienda. Teníamos que hacer TODO y los inviernos eran duros. A falta de nietos nos tomaron como familia, pero Arlette los aborreció al instante: llevaba excelente relación con sus opulentos abuelos belgas antes que Line la secuestrara. Bajar desde la huevona Nobleza al Lumpenproletariat, nunca es paso fácil y menos en plena pubertad: añadamos “el pequeño detalle” de tener precio sobre nuestras cabezas.

  Recuerdo bien las lecturas y cuentos de los abuelos Bastié, en sendas cenas frente al perol de la chimenea. Eran aventuras difíciles, retos inimaginables y sin embargo, los héroes lograban su cometido y salían adelante (menos en la leyenda del inocente Sigfrido: lo mata su mejor amigo) . El Libro de la Selva fué toda una revelación: menos mal que no teníamos osos ni tigres, pero una manada de lobos sí y venían para pedirme nuestras sobras. La primera vez que un alce buscó refugio en el establo junto a las vacas, estiré la mano y agachó su hocico para resoplarme todas sus babas como muestra de carino y amistad.

  Durante la Navidad armando la crèche de Noël, contaban cómo el niño Jesús había sido buscado para ejecutarlo, como nos buscaban ahora. Escondida en un pesebre con techo de paja, María trajo al pequeño Jesús bajo el aliento del burro y del buey para calentarlo; igualito a nuestro pesebre, donde cada mañana ayudaba limpiando la ordeña. Los ‘americanos’ eran los modernos Esbirros de Herodes y sus persecuciones. Aladino fué otro descubrimiento: ahí la dificultad era escoger entre tantas grandes aventuras. Ya ni digamos Alí Babá y los Cuarenta Ladrones, tan criminales como nosotros y grandes héroes entre los marginados. Las Mil y Una Noches me dejaban soñando con la princesa cuentista de velos translúcidos y danzas del vientre, igualita a mis primeras gitanas de aquel verano cuando acamparon tan cerquita de la finca.

  Entiendo que me prevenían para no caer de rehén y que la matazón alrededor nuestro me pareciera una gran epopeya. Arlette en cambio, aborrecía sus voces e historias marginales; para nada reemplazaban a sus amados (y sobre todo opulentos) abuelos belgas. Fueron sus peores momentos y la marcaron de por vida, así como a mis padres. Yo carecía de parámetros para medir la causa de tanta angustia, ni tampoco sabía de poderes y riquezas privilegiadas tan perdidas como añoradas. Nada más conocía al Bosque cuyos bichos nos ayudaban y cuyos frutos nos alimentaban.

  Tiene un costo el ver la Vida así, desde aquel Bosque rústico hasta hoy. Cuando mi amor por la Naturaleza se marchita en las urbes, me llevo toda la familia a la Selva como si el mundo entero así pensara y no fueran como Arlette, tan ubicados al Centro de la Boa (viendo un sombrero), mientras yo estoy a la Izquierda de la Boa (viendo que tragó un Elefante Blanco). Tampoco TODO MUNDO tiene que ser disléxico ni autista (soy autista funcional, anque los de mi entorno digan que no). Las gentes ven la marginalidad como una desgracia, la sufren y se trauman; yo en cambio encuentro amistades valiosas, mucha solidaridad humana y valores universales, como ser aceptado por lo que SOY y no porque ADEUDO una falsa Zona de Confort basada en hipotecas, préstamos y otros ahórcate más. También aborrezco la ruidosa vida nocturna urbana: sus falsas luces opacan a la Noche, a la música de las Esferas y a la danza de las Estrellas.

  De por allá también surgió mi intransigencia con el General: cruzamos el pantano sin mancharnos el plumaje como familia francesa, para luego abandonarnos y hacer otra familia germana porque Alemania ya se levantaba. A mis 13 años le retiré el habla, borré su memoria y seguí errante mi camino. Algo le remordía o no hubiera cargado con sus dos nietas, las hijas de mi frustrado matrimonio. Resulta que su pareja era estéril y sólo así complementaron una familia.

  Cuando la Vida y el Tiempo así entrelazan nuestros Destinos derrochando Sabiduría, NOMÁS HAY QUE ESTAR ALERTA Y NO PERDERSE EN iNFiERNiTOS…
MÚSiCA PARA LA CREMACiÓN DEL BRiGADEFÜHRER UND GENERALMAjOR