lunes, 21 de agosto de 2017

II. FLOR de CAFÉ

Finca Argovia

Ya bañadito con ropa nueva, entre el cantar de aves tropicales y desaforados loros en bandada, me presenté con aquel tête de boche ahora mi jefe. Caminando junto al Joaquim muy contento -cavilaba qu'en la vida ganaría mis denarios más fácilmente qu'en una Jeep o Willys sobre paradisíacas veredas verdes- casi entro a punto del desmayo cuando presentó a Inocencio mi ayudante, paradito ahí junto al vehículo designado: una Ford de volteo, un monstruo d'esos qu'en la vida ni abordé jamás.

Mi mejor cara de pompa y circunstancia escaló la cabina y tras el volante, escrutaba cómo diablos arrancar bajo la inquisidora mirada del tedesco. Al estribo del copiloto subió Inocencio tan tranquilo, mientras descubría unas llaves pegadas junto al tubo del volante y una palanca de velocidades con su esquema igual al auto del pueblo, menos mal. Embragué la neutral mientras pisaba el freno y al girar la llave, cual auto del pueblo la cosa ésa arrancó con ralentí suavecito y parejo.

Decidiendo averiguar fuera de miradas inquisidoras qué diablos sería un botón rojo integrado a la palanca, quitando al freno de mano metí primera y solté cuidadosamente como nunca en la vida al embrague. La cosa ésa avanzó lentamente y mientras recordaba roturas del cable de embrague en carretera -llevando al auto del pueblo a destino con cambios a oído- embragué a neutral y otra vez para meter segunda sin ruidos escandalosos bendita sea, dejando tranquilo al escrutador tête de boche.

Desde el estribo Inocencio nos encaminó por aquel dédalo verde hasta estacionar a medio arroyo para cargar arena lavada. Extrañamente bajó con dos palas y enseguida regresó junto a la cabina, aclarando que acá los choferes palean parejo con los ayudantes. Por lo visto era mi día pa las sorpresas, bastante lejano ya de utópicos sueños paradisíacos. Después de largo y sudoroso rato, Inocencio expresó amablemente:

-«Oiga mi Don, asté nunca ha hechado pala antes ¿verdad?»- Atrapado en curva respondí jadeante:

-«Pero cómo no, desde niño en la finca de mis abuelos, después en el jardín de mi madre y así siempre he metido las manos pa todo.»- despertando sonoras carcajadas del Inocencio (no, no lo era ni tantito), qu'empezó a darme cátedra de cómo hechar pala:

-«Primero hay que llenar la pala al tope, despuesito la columpea tantito p'atrás antes de lanzarla p'alante encimita de su hombro y solita se vaciará en la Volqueta.»- mientras ilustraba con otra palada pa llenar la cosa ésa -«Por llenar media pala son más paladas y se cansa más.»- sin mencionar que le imponía más trabajo bajo el mismo Sol. Probé y efectivamente, tanta razón tenía mi nuevo camarada -el ayudante era yo- que empecé a retarlo y llenamos la cosa ésa en un santiamén. Descargar fue fácil, Inocencio movió una barra de la caja que soltaba su tapa trasera mientras accioné otra palanca junto al freno de mano, descubriendo que sólo funcionaba en neutral con el freno puesto y al acelerar un poco levantaba la caja hasta vaciarse ahí solita y solita bajaba nuevamente a su lugar.
cascada San Francisco, finca el Edén
Fuimos al Edén por dos viajes más de piedra bola -"del tamaño de tu cabeza" había indicado aquel simpático tête de boche- y un bañito en la cascada antes de entregar la cosa ésa. Regresando pregunté al Inocencio dónde comer algo más que frijoles, tortillas y café -aburrido menú del comedor para trabajadores- y me presentó una familia chamula: por módica suma me alimentarían cual cerdo d'engorda, declaró antes de retirarse a su cantón. Como todo trabajador fijo vivía con su familia por el ejido.

Desde nuestro último viaje con piedra sentía arder mis palmas y al sentarme para cenar en la casa chamula ya quemaban insistentemente. Un vistazo y llenas de ampollas reventadas: no era lo mismo ganarse la vida "metiendo las manos para todo" como cazador o pintor, únicos oficios que practiqué hasta ahora además de ser estudiante, qu'echar pala en diabólica competencia por vez primera. Imposible palear mañana en tales condiciones.

-«No se preocupe Don»- dijo aquel Tata chamula viendo mi predicamento, trinchando un limón y partido, sobre las brasas del fogón hasta que salieron chispitas. Me tomó una palma e inclementemente lo aplicó sobre mis ampollas. Más valía no haber nacido que sentir ésos hilos subiendo al sobaco pa bajar al ombligo, ni tiempo de gritar ni evitar que lo mismo con mi otra palma, maldito viejo sádico tan socarrón diciendo -«No sea chillón, Don»- mientras su mujer nos servía un sancocho de Armadillo capaz de remediar cualquier entuerto. Tan opípara cena me aletargó y olvidé palmas, brazos y piernas adoloridos para rendirme a Morfeo.

Me despertó un hambre que parecían dos, mis palmas con cuero curtido en vez de piel. Maldito viejo sabía su oficio, además de sádico era curandero me confió después el Inocencio. Desayuné en la casa chamula agradeciendo al Tata que mis palmas con suela de zapato ya podían palear día y noche si fuera necesario, mientras su mujer servía tamales de pípila con atole champurrado. Así reparado fui a soportar las instrucciones del tête de boche y a seguir practicando cambios con aquél misterioso botón rojo: el famoso dual que daba ocho velocidades a mi Volqueta -no, ya no era "la cosa ésa"- para andar impecable con carga pesada, tanto de subida como de bajada.
Comedor para Trabajadores


Enlace: el mejor PRESENTE es el TiEMPO

viernes, 18 de agosto de 2017

I. FLOR de CAFÉ

la Rielera
Pitando impaciente bufaba aquella Rielera al tironear sus vagones y de paso, despejando mi letargo. Abrazado a mi lámpara sobre una banca de la estación, la bolsa de marino con mis elementales pertenencias evaporada y el ahijado pegoste casualmente ausente -cuya pauta de mal parido o mal abortado asentó mis pies sobre la tierra- a correr se ha dicho tras el tren que ganaba velocidad, sin lastres de equipajes ni malas compañías.

Llevaba un cinto d'esos con cierre donde metes billetes de alta denominación, demasiado pocos para tan precaria situación. La Rielera ni m'espantó bien el sueño y su vaivén traqueteado me sumergió al inicio d'esta gesta:
«Emprendí el viaje para conocer la Costa Chica y ventilar mi relación acapulqueña, la Conchita pegosteando al hijo adolescente por aquello de la imagen masculina. Pensando así levantar los bonos de nuestra relación, ilusamente accedí. Finalizando la brecha costera hasta Puerto Escondido, regresamos a Pinotepa trepando la sierra hasta Oaxaca y bajamos al Istmo de Tehuantepec.

Pasando Juchitán nos bajamos en Tapanatepec, ya hartos del bamboleo en repletos Dinas que sólo sabían circular a vuelta de rueda bajo calores inclementes -eso sí por cualquier terreno- para abordar el tren costero hasta Tapachula. Los vagones serían más espaciosos que cualquier lata de sardinas retacada hasta el techo y llegamos a Chauites atardeciendo.

Comimos en el mercado brindando un par de cervezas. De reojo ví que´l ahijado conversaba animadamente con nuestra mesera y discretamente m'esfumé hasta la estación. Obviamente se pusieron de acuerdo para despojarme, creyendo los denarios en mi bolsa de marino. La muy fichera añadió algún fármaco a mi cerveza y apenas alcancé aquella banca donde la Rielera me despertó desquiciada.»


Mudar resoplidos y traqueteos por gritos femeninos ofreciendo viandas, disiparon mis ensoñaciones y despertó mi estómago. Entre manglares paradisíacos flotaba una estación cuyas mujeres ofrecían comida y bebida mientras los varones cerveceaban las hamacas. Llenar el estómago despejó mi cabeza y recorrí el tren para desentumir las patas. La Rielera lanzó su advertencia y volvió a bufar pariendo aquel traqueteo que mueve al paisaje. Así, durante todo el día y por la noche también, pasaron selvas y manglares entre paradas y manjares.

Aclarando apareció Tapachula y despedí a la Rielera. En típica población fronteriza olvidada por Dios y amonestada con milicia, tropezando entre burdeles y talleres, cuestionaba: -¿Necesitan mecánico?- y todos con la misma letanía:

-«Por acá no hay trabajo Güero, arriba en la Sierra tá comenzando la temporada del café, ahí necesitan choferes.» repicaban mentando la "Nueva Alemania" y que por la salida de Chicharras salían los redilas de pasajeros.

Colgado entre medio del redilas, acolchado por una multitud que apretaba, arribé a la Finca Argovia de Nueva Alemania antes del anochecer. Un boche tan tedesco cual cabeza cuadrada, se presentó como Joachim el administrador, dando instrucciones: dónde cenar, dónde está la Tienda, donde dormir y presentarme mañana ya bañado y rasurado a las siete. Compré una manta, ropa, pasta dental, jabón y rasuradora antes de cenar e irme tranquilo a dormir como tronco.
Tapachula


martes, 15 de agosto de 2017

KHRONOS

Pasma en el marimbeado tiempo d’éstos tiempos de calentamiento global, que orgullosamente atiendan los cambios del tiempo a total destiempo. La Cencia presume predecir el tiempo extraviándose todo el tiempo.
  Antiguos relojes de Sol dividían al tiempo entre el mismo número de horas, desde amanecer hasta anochecer: 12 horas ‘a tiempo largo’ de Verano y doce horas 'a tiempo corto' del Invierno. En éstos tiempos modernos con relojes autómatas de cuerda sin relatividad, salen con boludeces como cambiar la hora de Verano para ahorrar electricidad y si acaso recibo mi recibo de luz a tiempo, es más caro en tiempo de Verano que’l de Invierno. Digo, allá por los Polos con seis meses de día y seis meses de noche, quizás ahorren algo gracias a la iluminación de las Auroras, pero NO por cambiar la hora. El tiempo SiEMPRE debería estar a tiempo con el Sol, como la chispa de los platinos en mi Combi debe estar a tiempo con el PMS (notita desconchavadita: NO, mi Combi no sufre del Pre Menstrual Síndrome: acá me refiero al Punto Muerto Superior = cuando el pistón alcanza el cénit). Cada hora Solar representa un meridiano y NO está a tiempo con las cuerdas relojeras. Absurdamente, nos hacen creer qu'el Sol se desvela en tiempo de Verano y es perezoso en tiempo de Invierno: todo tiempo nacen los Días a tiempo saliendo el Sol y no por autómatas de pulsera y menos al Mediodía.

  El reloj de cuerda se inventó para saber en qué meridiano navegaban las naos saqueantes del imperio en aquél tiempo que´l Diosito Papa, por adicción al Oro nos concedió: a la Tierra ser redonda, a los indios tener Alma y a la BrujaVerde (GreenWich) marcar el Zero -sin tostarla en leña verde-. Se dividió nuestra pelota planetaria en 24 gajos imaginarios, bautizados como Meridianos. Los saqueadores comparaban la hora de su reloj al tiempo que'l Sol alcanzaba su cénit o mediodía, porque únicamente ahí sincronizaban los tiempos de tantos relojes autómatas en todas las latitudes del Astrolabio, con la hora de la Bruja Verde. Tiempo y Distancia son medidas humanas complementarias nada reales y muy Euclidianas, como éstos tiempos cibernéticos adonde votan los muertos y chateamos a solas todo el tiempo.

  En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cambiábamos la hora para destantear a los enemigos que todo el tiempo espiaban nuestros mensajes. Como resultado, destanteamos tanto al enemigo que a la hora de la hora, no solamente perdimos la guerra sino la Germania entera, quedando ocupada y partida por largo tiempo.
GRANiCERO                  TiEMPERO
  Cada tiempo de granizo, salía mi compadre Lucio -escogido por el Rayo- con un sahumerio lleno de copal sobre tizones y yo acompañábalo todo el tiempo por curiosote y metiche. A la hora de controlar al mal tiempo que ni con satélites de la NASA predecimos a tiempo, ahí mero juntito a mi compadre Lucio siempre tan impasible todo el tiempo, me colocaba bajo una lluvia de ensordecedores rayos -"ésto no es como el chispazo de una bujía ni sabe a jugo de tomate" mi mente divagaba a destiempo- entre un alrededor tan lleno de árboles que hasta'l bosque lo tapaban, a tiempo que’l granizo nos tupía con estruendosos rayos cada vez más cegadores y aminorando la muy poca distancia. Despertaba mi curiosidad y espanto ver de cerca tantos Rayos naciendo de los árboles, buscando nubes que destripar para sacarles los granizos.

  -"Oiga don Lucio, que la granizada vá pa Totolapa y están a tiempo de cosechar la milpa".- Sin retirarse de la lluvia, al tiempo que su sahumerio hacía la Cruz a cada uno de los Cuatro Vientos -alumbrados por tupidos rayos todo el tiempo- replicaba mi compadre: -"Es responsabilidad de allá tener su Granicero pa detener la granizada a tiempo"- siempre impávido frente aquellos cegantes ensordecedores.

  Llegó un tiempo en que cada dormir y despertar a la hora mañanera de abrir mis ojos, el tiempo avanzaba los Candelarios Erróneos por varios días, a veces semanas y hasta meses. Todo el tiempo me encontraba sin saber ni qué estaba haciendo, mucho menos sabía en cuánto tiempo iba a terminar aquello que ignoraba hacer. Cuatro años del Candelario para mí fueron menos de seis meses. E insisto, todo ése tiempo los equivocados fueron los Candelarios por Euclidianos. Curioso cómo en aquél ahorita d'entonces, el tiempo pasó sus cartas sin pasado inmediato. En ése tiempo llegaron los paracaidistas y salté otra vez -después de cuatro años-. A la hora de poner los pies en la tierra me abrazó Mnemósina, ni sabía antes que estaba en pleno olvido: olvidaba que olvidaba viviendo contento mi tiempo de rancia ignorancia, contento que no eliminó el recordar lo olvidado menos mal: ventajas de vivir a tiempo cuando el Valemadrismo alcanza el cénit.
SiEMPRE es la HORA de no HACER NADA


Enlace: Candelarios Erróneos (1991/2001)

domingo, 13 de agosto de 2017

más Tribulaciones para un Mecánico Hotelero

ÁNGELA, nuestra Señora de las Hamacas
  El último turno del Arcoiris terminaba a las 11 de la noche, hora oficial para los asaltos en toda la Zona Costa. Floriberto vivía hasta arriba del batallón y le tocaba entre los últimos para llegar a su cantón. La Combi Arcoiris estaba ya tan viejita que nadie se la iba a ocurrir robársela al regresar vacía a través del lumpen. A veces veía un chaparro con chambergo puntiagudo negro, sentadito a la sombra de un tronco junto al farol eléctrico. Me veía pasar y lo saludaba con gusto por esfumar mi solancia. Me contestaba efusivamente, igualmente solitario. A veces me saludaba ansioso ya cuando subía retrasado y le contestaba con la mano. Que se me ocurre comentar con Floriberto -“Mira, hoy salió más temprano el güey del tronco”- y ya no quiso volver a subir por allá conmigo. Tuve que escoger otra calle paralela para rodear el árbol del güey con chambergo puntiagudo negro y poder llevar a Floriberto hasta su casa: prefería arriesgar un asalto o la vida, a pasar otra vez junto al tronco ése.

  Recordé que así pasaba en mis mocedades, por aquel Bosque de mi niñez temprana: jugaba con niños que vivían en las barrancas entre raíces de añejos troncos, ahí donde a veces hacían su cubil las Lobas. Nunca entendí porqué espantaban a toda la campesinada si eran tan amigables. No se dejaban ver por cualquiera y a cada quien su conciencia: contaban mis abuelos que por guardar el cazo con oro del Arcoíris despertaban ambiciones mediocres sin fondo y como nuestras cabezas, también eran dorado premio para la práctica de tiro, por Dios y por la Patria.

  Encargado del Arcoiris en Zicatela, -cuyo único cazo de oro eran las fosas cépticas- empecé a ser observado silenciosamente por un caballero de camisa blanca, pantalón negro y sombrero de paja cubriendo un rostro a mostacho negro. Primero discretamente para no obstruir mis actividades nocturnas, poco a poco venció su timidez y empezó a ser más obvio. La mayoría correrían espantados al verlo dando mala fama y como ya estaba bastante solitario, se aseguró de mi templanza antes de acompañar los trabajos hoteleros nocturnos. A veces, se asomaba en pleno día por la ventana del taller-bodeguita a un lado de la piscina, atrás del jardín. Mentalmente le daba la bienvenida y me venía a la mente que estaba muy contento de tener un amigo.

  Desayunando con José Luis (dueño del Arcoiris) me atreví a comentarle sobre mi nocturnal e incorpórea amistad. José Luis nació en un rancho ganadero de Tuxpan, rodeado de monte con sus correspondientes Duendes, no pensaría que soy un ignorante: loco quizás, d’eso no hay ni la menor duda. Al escuchar mi novela, me indicó una señora entrada en bien conservados años y cubierta de encajes blancos, desayunando en la Galera (el restaurante bar del Arcoiris) y que le contara mi anécdota. Nos levantamos y después de las presentaciones de rigor la acompañamos a su mesa.

  Sorpresa la mía: era hija del propietario del terreno donde más tarde José Luis fincó el Arcoiris. Había sido una rejoneadora de renombre hasta su retiro; después de escucharme, sacó una foto muy antigua desgastada por el tiempo, donde posaba m’incirpóreo amigo a cuerpo entero y el mostacho muy sonriente. Según ella, siempre estaba reparando o construyendo algo en su terreno usando las manos. Yo cuidaba igual del Arcoiris y éso inició nuestra amistad. Le vendió la finca a su papá con la condición de no abandonar el terreno a la buena de Dios y poco después navegó hacia la Otra Ribera. Regresaba de vez en cuando para revisar el estado de las cosas que dejó en ésta Ribera.

  A los incorpóreos les gusta darnos gusto así como a los bichos también. Uno puede enviarlos para dar luz o entregar tinieblas, la intención es nuestra propia decisión: podemos sembrar vientos y cosechar tempestades o bien sembrar semillas y cosechar la Milpa. Decía mi compadre Lucio que’n sueños, después de hacer la limpia de un paciente, se le apareció aquel espíritu reclamando que no lo dejara hacer su labor:

  -"Me enviaron para cobrar una deuda ¿Hasta cuándo podré descansar si no me dejas pasar?"- a lo que respondió mi compadre:

  -"Reclámale al que te mandó".
AMANECE LA VOLCANA, desde Casa de mi Compadre

sábado, 12 de agosto de 2017

Oye ¿porqué lo HAiDUK? si tu abuela murió soltera..

MÓRRiGÁN, Gran Reina de la Guerra y la Muerte: dá a luz la nueva Vida, el amor y el deseo
«Fᴜé ᴇɴ ᴀǫᴜéʟʟᴀ Pʀiᴍᴀᴠᴇʀᴀ -trovaba l'Alondra Ciocârlia- ᴀʟʟá ʟᴇjᴏs ᴍᴜʏ ʟᴇjᴏs, ᴅᴏɴᴅᴇ ʜᴀᴄᴇ ᴘiᴘí ᴇʟ Pᴀᴅʀᴇ Tiᴇᴍᴘᴏ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ʟᴀ iɴᴄᴏɴᴛiɴᴇɴᴄiᴀ ɢᴀɴᴀ, ǫᴜ'ᴇʟ Cʜᴀᴍᴇʀɢᴏ Nᴇɢʀᴏ ᴅᴇ ʟᴏs Bᴀʟᴋᴀɴᴇs fᴜé ᴠiᴏʟᴀᴅᴏ ᴘᴏʀ ʟᴀ Bᴜᴛᴀᴄᴀ Cᴇʟᴛᴀ, ʀᴇiɴᴀ ᴅᴇ ʟᴏs Cᴀsᴄᴏs Liɢᴇʀᴏs, ᴇɴɢᴇɴᴅʀᴀɴᴅᴏ ᴀsí ᴅ'ésᴛᴀ ᴍᴀɴᴇʀᴀ ᴀ Lᴀ Niñᴀ Cᴀʀᴛiᴍᴀɴᴅᴜᴀ, fᴜᴛᴜʀᴀ ʜᴜéʀғᴀɴᴀ ᴘʀᴇᴍᴀᴛᴜʀᴀᴍᴇɴᴛᴇ ᴍᴀᴛʀifiᴄᴀᴅᴀ ʏ ᴇɴᴠiᴜᴅᴀᴅᴀ, ᴄᴜᴀɴᴅᴏ Cᴀʀᴀᴛᴀᴄᴏ ᴇʟ Aʟᴄᴏʜóʟiᴄᴏ ᴏsó ᴀᴛʀᴀᴠᴇsᴀʀsᴇ ᴇɴ ᴘéʀfiᴅᴏ ᴄᴀᴍiɴᴏ ʏ ᴇɴɢᴇɴᴅʀᴀʀᴏɴ ᴏᴛʀᴀ fᴜᴛᴜʀᴀ -ᴀɴǫᴜᴇ ᴢᴜʀᴅᴀ- ʜᴜéʀfᴀɴᴀ, ᴀʟʙᴏʀᴇᴀɴᴅᴏ ᴀsí ʟᴀ ᴛʀᴀᴅiᴄióɴ fᴀᴍiʟiᴀʀ “ǫᴜ'ᴇɴᴛʀᴇ fᴜᴛᴜʀᴀs ᴛᴇ ᴠᴇᴀs”. Siɴ ᴇᴍʙᴀʀɢᴏ, ʟᴏ ᴠiᴜᴅᴀ ɴᴏ ǫᴜiᴛᴀ ʟᴏ ᴄᴀʟiᴇɴᴛᴇ ʏ ʟᴀ ᴇᴍʙʀᴜjᴀᴅᴏʀᴀ ᴅᴇ Bʀiɢᴀɴᴛiᴀ, ᴘʀᴏɴᴛᴀᴍᴇɴᴛᴇ ɴᴇᴄᴇsiᴛó ᴜɴ ᴍᴀᴛᴀᴍᴏsᴄᴀs ᴘᴀʀᴀ sᴀᴄᴜᴅiʀsᴇ ᴀǫᴜᴇʟʟᴏs Gᴏᴅᴏs ǫᴜᴇ ʟᴀ ʀᴇᴠᴏʟᴏᴛᴇᴀʙᴀɴ. Mᴀs ʜé ᴀʜí ǫᴜ'ᴇʟ Gᴇɴᴇʀᴀʟ ᴅᴇ ʟᴏs Gᴏᴅᴏs, ᴘᴏʀᴛᴀɴᴅᴏ ᴍáɢiᴄᴀ ᴀʀᴍᴀᴅᴜʀᴀ ᴀ ᴘʀᴜᴇʙᴀ ᴅᴇ ᴍᴀᴛᴀᴍᴏsᴄᴀs, ʟᴀ ʀᴇᴍᴀᴛʀifiᴄó ʏ ᴅᴇsᴇɴᴠiᴜᴅó ᴅᴇ ᴜɴ sóʟᴏ ᴛᴀjᴏ, sᴇᴍiʜᴇʀᴍᴀɴᴀɴᴅᴏ ᴀsí ʟᴀ ᴘᴏʙʀᴇ ʜᴜéʀfᴀɴᴀ ᴢᴜʀᴅᴀ ᴄᴏɴ ᴇʟ ᴀʟᴇʙʀᴇsᴛᴀᴅᴏ ᴘʀiᴍᴀᴠᴇʀᴀʟ ésᴛᴇ, ǫᴜᴇ ʜiᴇʀᴠᴇ ᴇɴ ʜᴇʀᴇɴᴄiᴀ ᴄᴏɴsᴜᴇᴛᴜᴅiɴᴀʀiᴀ ᴘᴏʀ ᴀǫᴜᴇʟʟᴀ sᴀɴɢʀᴇ Bᴀʟᴋáɴ.»
  ¡PORQUE BRiGANTiA ES iNFiNiTAMENTE GRANDE! Nací bajo la tutela y protección de Mórrígan, diosa de la Guerra y por lo tanto de la Muerte: es la Morena mi hada Ángela. Gracias a la Segunda Guerra debo la existencia y gracias a la Muerte debo la pervivencia. Nací honestamente tan sinvergüenza qu'el valemadrismo guía mi percepción, asombrando santos budistas de la Karma y adeptos a la virgen de Guadalupe, por igual. Nací tanto más impredecible -qu'enyuntando la mujer la ola marina y la clima de un sólo tiro- que Khronos a veces desenlaza Anankaia por el placer de observar la evolución de mis andadas.

  Usando la calentura de nuestros padres -nos hayan planeado o no, sean pareja o ni vuelvan a encontrarse jamás- el Hado nos trae a ésta Ribera cuanto más marginados más protegidos y en mi caso, bajo las Alas de Mórrigán. Tan brigante espíritu se manifestó desde mis primeros recuerdos, olvidados conscientemente y manifestados intuitivamente haciendo caminos de locura al andar. Quizás milagros quizás pecados inequívocamente tomo mis decisiones, anque espanten la monotonía de aldeanos aburridos entre carceleros mandamientos.

  Desde mis brumas iniciales vislumbro al Bosque, cuyo lenguaje del movimiento ya conoce nuestro cuerpo desde antes de nacer, como lo saben otros bichos y las plantas, los aires y las aguas, la tierra y el fuego. No es el movimiento autómata y euclidiano de la rueda -o de la idioma hablada-, sino la música de las esferas que observamos después de morir la tarde. Mis mayores olvidaron tal lenguaje por razonar con la idiomática y me prohibían sordamente ir al Bosque, qu’entre cantos de lechuza y aullidos de lobo ofrecía protección, mientras Mórrigán desaparecía amigos y enemigos a diestra y siniestra: no fueran a ser tentados con descubrirnos por cobrar la recompensa. En las guerras entre bestias humanas tan sólo el oro vale y como nunca alcanza, deslumbra: sólo aviva fuegos fátuos de glorias efímeras y trahiciones sin fin, como toda ley apocalíptica.

  Tal guerra mantenía en las afueras a mis mayores durante semanas y hasta meses, dándome grandes oportunidades para escabullirme al Bosque. Los ancianos dueños de la finca bajo cuya tutela quedaba, decidieron llevarme con ellos cuando salían a cazar conejo, nutria, jabalí y ciervo, o a recolectar frutillas, hongos, trufas y chalotes: al menos así iría conociendo algunas veredas y evitarían perderme.

  El desperdicio de nuestras comidas alimentaba otros animales de la finca, pero en cualquier descuido llevaba huesos, pieles y entrañas a la orilla del Bosque donde dos perritos me esperaban con su madre en cercanía, observando a contraviento creyendo no ser vista. Poco a poco se fué acercando al paso de los días para olerme las manos y volverse mi amiga. Se anunciaban con sendos y cortos aullidos para evitar extraños, mientras la lechuza ululante sobre la cerca me apremiaba a satisfacer su gula: sabía que siempre traía algún tembloroso ratón para ella. Poníamos trampas para controlarlos o se comían todo lo nuestro, hasta la ropa a veces. En cuanto abría la trampa salía corriendo y ella lo atrapaba planeando cual gato alado para llevárselo al nido. Así nació mi fascinación por volar.

  Siendo parte del Bosque, por seguir a los bichos conocí más veredas bajo su guía y protección, que con los ancianos abuelos adoptivos más bien depredadores del Bosque: casi se desmaya madame Bastié cuando conoció en el cubil a los perritos con todo y mamá, me dijo se llamaban lobos y por ello escogió al apodo que me designa hasta hoy. Mis dos actas de nacimiento me nombran diferente en una idiomática que nunca escupí: mientras la una dice “bastardo” la otra dice “reconocido”. Cosas de mi tedesco padre: en una ganábamos la guerra y en otra, buscaban un soldado Ryan a sangre y fuego aquellos cascos redondos que “no eran nuestros amigos”.

  a mi abuelo, el Chambergo Negro de los Balkanes


viernes, 11 de agosto de 2017

una OLA de HOLAS desde México: ¿escritor yo? ¡¡PARA NADA LiMONADA!!

  Soy vil máistro automotriz y demás hostias por nacer con habilidad manual y visual. Alguna vez cuando el tiempo marcaba 1990, un amigo de ésos que ya ni necesitas enemigos, ofreció pagarme la traducción al castellano de los Manuales de Taller Chrysler (originales en inglés). La computadora “haría todo lo demás, yo te enseño cómo” y ni recuerdo cuántas planillas ni cuánto por planilla, calculando como un mes de escritura.

  Me sentó frente a una Lap -revolucionaria por aquel entonces- con pantalla de cristal líquido sin luz, cuyo texto azul claro contrastaba sobre un fondo del papel aluminio que hoy usamos en la cocina. Sólo alcanzaba a ver qué escribía en el único, rígido y siempre incomodísimo ángulo que automáticamente reflejaba la ventana, o la lámpara, o cualquier otra cosa brillante del entorno. Cuyo lenguaje maravilloso y mágico era el maldito Word Perfect. ACABAMOS hasta comienzos de 1991, 6 meses DESPUÉS del cálculo inicial: si me daba sed, la compu celosamente se ponía rara, paralítica y a reiniciar todo aquel dedálico rollo del protocolo durante una hora; igual cuando me daba hambre, o si preguntaba alguna duda, o si entraba alguien y cuando salía también. Todo ésto, intercalado a la veintena de cortes eléctricos tan clásicos en el Cuernabalas del dios vuestro de CADA DíA, tanto en aquel ayer como hoy en día (y por la noche aún pior) .

  Juré que JAMÁS (cuidado con la palabrita: te escupe toda la cara cuando menos lo esperas) JAMÁS me acercaría a ninguna otra computadora en toda mi vida. Casi inmediatamente perdí la memoria por 4 años y ya en el Hotel Arcoiris que regenteaba en Zicatela, me pedían menús con diferentes ofertas del Restaurant ¡¡a Diario!! Aprovechando mi lapsus desmemoriante, sentado frente a otra compu (con pantalla iluminada ¡¡menos mal!!) volví a teclear en Word Perfect (perfect-amente ODiOSO) e imprimía menús todas las mañanas por la mañana. Para regentear al Arcoiris sin recordar nada, escribía papelitos y papelitos y más papelitos con diferentes fases de todo lo que hacía (desde reparaciones y compras del Hotel, peticiones de diferentes huéspedes y empleados, hasta los menús de cada mañana), llenando así todo mi maletín. El Mazo (el maz-ojete de la banda: dueño del Arcoiris y también amigo d'esos que no necesitas enemigos) me dedicó el siguiente dibujo:
  Cuando comenzó la Internet recuperé la memoria hasta cierto punto, cambié al Arcoiris por inolvidable galana Aimara de Metán, me regalaron una Combi y desayunaba con Mate en vez de Café. Al año, regresé a la Hacienda con la familia olvidando a mi amada Aimara -graduada como EX- y volví a desayunar con Café. En 2002 heredé la compu '97 de mi papi el General, una HP Pavilion con (no se asusten) 32 Megas de Memoria RAM. Por la misma curiosidad que mata tantos gatos, la conecté y arrancó sola SiN maldiciones, con nada de Word Perfect: ¡¡Perfect-ísimo!! Y caí en ésta trampa del escribir que te corrijo, te corrijo y vuelta a corregir lo corregido, ad infinitum... Un hijo me conectó a la Internet con tarjeta prepago y empecé los Emilios con otro hijo en Sharm el Sheik; quise ver ésto del Blog qué onda a dos índices de velocidad y mirando el tablero, o cada parpadeo tecleaba una letra equivocada y vuelta al te corrijo que te corrijo.

  Como aquél Emilio era @Yahoo! mi blog estaba en la Yahoo!360° y algunas personas gustaron de mis olvidosos recuerdos, basados en notas del misterioso maletín escrito desde el Arcoiris ¡no vaya a tomar otras vacaciones doña Memoria! Comencé a corresponder comentarios y a conocer lo que ponían mis nuevos desconocidos, alcanzando niveles de mejores amistades que’n la vida real: no tenía que soportar su presencia ni ellos tampoco. De una vez cada semana pasamos a dos (o más veces en las lluvias) por semana. Éramos de todo el globo pero parlando en castellano. Odiábamos al Féisbu con singular agrado y a Maicrosof también, por alergia común al azul yanqui que destroza pupilas y quema retinas al mismo tiempo. Todos éramos (y somos) proletarios sin dinero para Appleses, manzanas más caras aún que la original de Eva.

  Murió la Yahoo!360° después de prometer el cielo y las estrellas para estrellarse forever. Nos pasaron a Multiplyca y agarramos vuelo, se sumaron más adeptos y la adicción así invadió nuestras plácidas vidas. Para poder comer, abrí un blog donde fotografiaba -y a veces carbonizaba- mis alimentos. Lo mismo con la mecánica automotriz o ya no tendría €ntrada$ (ojalá y crecieran como las entradas de la frente, joer) y así con mis mascotas, el jardín, los paseos a Tepoztlán... hasta que murieron al Multiplyca, poco después de volverse un sitio culebrón de ventas.

   “Algo” hay con la Internet que cuando un sitio empieza a funcionar mejor de lo mejor, te hace todo lo que necesitas sin laberintos incomprensibles ni pedir claves culeras y funciona más que nada comunicando a los de habla castellana, como nos gusta a los que vivimos sencillamente a gusto, a "alguien" (de habla inglesa, notablemente) no le gusta y lo elimina sin miramientos para regresarnos al inframundo laberíntico del Gúgle Blogger.

  Algunos nos re-encontramos en el odiado Féisbu, ni modo: es sano dejar de odiar. Otros nos fuimos a diferentes foros que nunca pegaron. Por ello estoy aquí, por mi excelente (aunque negrera y desaparecible) Capitana, la que si no escribo saca su látigo con los Contadores de Estrellas: doña Isabel Drake. A ver acá si no camino la plancha hacia los tiburones, ya veremos.

  Nadie lo sabe ¡EXTRA, extra: chismex! pero escribo a lo tonto desde mis vivencias, sueños, intuiciones y papelitos del maletín, pior que colegial del pre-kinder. Después corrijo mil y una veces, hasta que solita aflora alguna narración escondida al cuajar mi sopa de letras y voy esculpiéndola poco a poco. Tan lentamente, que me parte la mami ésa limitación de tiempo correccional en algunos foros, es como MÁS ESCRiBO: corrigiendo y corrigiendo, a veces durante TODA LA SEMANA (¿limitar a 15 minutos? ¡RiDíCULO!). Otras veces me toma más tiempo, hasta un mes pero ni modo: el Blogger es tal follón con ésa madre tan mal parida del «G+» que casi ni nos podemos comunicar nadie con nadie; mejor pongo notas y enlaces al Féis, donde cuando menos contesta uno de cada 100 que éramos en aquel Multiplyca.

  Bueno, por fin me presenté y como ven ni sé escribir (tampoco quisiera aprender p’acabarla de joer). Eso sí, fomentó mi uso del Noutbuc acá abajo en mi Lap. Por éso tardé tanto en presentarme y antepuse algunas publicaciones, dispensen mi autismo. Más vale tarde (¡tardísimo, güey!) que never, de limón la never.

NOTA.- en 1997 Paulina Huracanada editó al dibujo del misterioso maletín con agua.

jueves, 10 de agosto de 2017

DiVAGANDO ONDAS

  Como aquel farero ciego del DE PROFUNDiS, volando una cometa papalota cuyo aterrizar indica cuándo encender al faro, gracias a la calma chicha de cuantos veleamos a la mar: el Sol cobijado bajo el manto nocturno, amaina al Viento para dormirse y vuesa merced a merced de las corrientes donde flotáis, cantadas por las Sirenas desde los Arrecifes. Las más veces el Sol ronca dormido y espanta al Viento en dirección opuesta: pero otras no y vuesa merced necesita remar los remos al faro encendido como rumbo a puerto y a merced de vuesos brazos pende entera la Vida, siempre y cuando las Sirenas os cantaren suavecito.
  Más asombra vuesa incapacidad humana, la necesidad -la necedad diría yo- de super héroes, extraña mezcla de miedo con esperanza, de mutantes con extraterrestres, antiguamente llamados deidades y universalmente zoomorfos. Como aquellos indios que ni sabían eran indios adonde viendo al Cortés miraron Centauros Barbados, mediante trágica profecía que estratégicamente excluía pólvora y muerte. No es la Cruz sino los filos que calan al empuñarla como Espada y los dueños del Oro sois menos que desalmados animales: ayer por Paganos y hoy por Terroristas, esclavizados andáis bajo Centauros Barbados desde aquellos ayeres.

  Así como hoy es cruzar a Marte antiguamente era cruzar a la Otra Ribera, viaje sin regreso con todas vuesas posesiones como bagaje, anque sin la penitencia de beber vuesas excreciones por el camino: una moneda pa’l boga era más que suficiente. Los Sacerdotes cobraban previamente vueso derecho de vía en Oro y Oro os siguen cobrando hoy, tanto la NASA como los Padres curas que ni curan nada: menos mal qu’este Huérfano nació Bastardo y bebe Márago Gipe.

miércoles, 9 de agosto de 2017

las Tribulaciones de un Mecánico Hotelero

  Cubría dos turnos de 8 horas o un turno de 16 horas -de a como prefieran dividir al Tiempo- con libertad de escoger mis descansos y organizar a modo mis actividades. La Bula Matari (mi VW "Kurierwagen" '75) carecía de capacidad para llevar todo el personal del último turno.

  Comenzando la temporada de lluvias con asaltos a granel, puse a trabajar la Combi '82 propiedad del Arcoiris. Cada mañana, salía de compras para el Hotel y su Restaurante-Bar; entrada la noche, entregaba al último turno por diferentes rumbos d’este Puerto sin atracadero, pa que no repartieran sus míseros sueldos a diestra y siniestra tratando de llegar vivitos y coleando hasta su casita hogar.

  Ése día más que completo, ya sanos y salvos casi todos nomás faltaba entregar a doña Leo, nuestra jefa de cocina y al Gordito cajero del Restaurante-Bar. Vivían encumbrando las márgenes de la población al otro lado del Aeropuerto, entrando desde la carretera a San Pedro por una brecha paralela a la pista de aterrizaje. Con el chubasco recién amainado evitaba atascar la Combi por el lodazal, manteniendo de 50 a 60 kilómetros por hora. Si reducía la velocidad se undía en el lodazal y si aceleraba, manifestaba su disgusto a coletazos de pescado y los pasajeros arrepentidos de haber nacido.

  Cruzar un hilito de agua insignificante a tal velocidad, despegó del suelo a la Combi y anque m’encanta volar, francamente prefiero pilotear algo con alas. Volábamos en una trayectoria recta y horizontal, cuando menos. Desafortunadamente, allá abajo la brecha se desviaba hacia la derecha; aterrizamos como una piedra de cuatro ruedas, entre el zacatal de yerba junto al camino por estribor y a babor, con escasos diez centímetros de la tela ciclón y los postes de cemento que rodeaban la pista aérea. Fué el momento más que oportuno -indispensable, diría yo- para aplicar las enseñanzas de Robert aterrizando su patín de cola; el jalón hacia la tela ciclón -y los postes de cemento a nuestra izquierda- fué extraordinariamente similar al de su avioneta, mas media vuelta de contra volante y a dos manos de fuerza para lograr mantener una trayectoria recta, mi vocecita interna gritando -«¡¡ni se te ocurra tocar los frenos!!»- mientras el Tiempo se desbocaba alcanzando CASi-CASi la Eternidad y sin parar, hasta que talar tanta yerba con arbustos nos frenó. Doña Leo paró su cotorreo con el Gordito y preguntó, coquetamente: -«¿Porqué paramos aquí y a ésta hora, Don?»- creyendo romance en Combi a la puerta. Sin poder articular palabra solté el volante, tomé la linterna de la guantera y la apunté por afuera, debajo de mi asiento; la rueda delantera izquierda mostraba más de la mitad por fuera de la salpicadera, cual ala acostada totalmente horizontal.

  Con calma bajé a detallar daños; levantando un poco la Combi con el gato y apartando tanta yerba, percibí qu'el salto iniciador de nuestro corto vuelo, sacó una rótula de la suspensión izquierda, aterrizando así con la rueda en horizontal, sobre un talud; la otra rueda buena, rodó metida en una zanja abandonada, cuyo material formaba el talud a la izquierda. Sin acostarse la rueda izquierda sobre el talud, nos hubiéramos volteado a la derecha sobre el camino. Sin rodar la rueda derecha dentro de una zanja, nos hubiéramos acostado por la izquierda contra la tela ciclón y sus postes de cemento, antes de invadir la pista de aterrizaje. La Maule con patín de cola de Robert, me capacitó perfectamente para mantener recta nuestra trayectoria de hoy (gracias, amigo Robert) y logré aterrizar la Combi sobre tres ruedas... y un talud.
El "Lugar de los Hechos" visto de día, sin tropa y con la zanja tapada
  El Gordito se quedó a cuidar la Combi con doña Leo acechando su inocencia nocturna, mientras yo caminaba hacia la carretera para encontrar un taxi. Caminando a pié bajo ése cielo estrellado que dejan los chubascos nocturnos, me preguntaba: ¿porqué un hilito de agua tan leve provocó el Vuelo del Fénix?... Porque  abajo era un profundo vado que desaguaba toda ésa zanja abandonada, dejando agua a nivel inocente cuando paraba de llover. Parecía tener un centímero de profundidad y era bastante más profundo que la zanja donde aterrizamos.

  Media hora más tarde llegué al Hotel y José Luis en la jarra con clientes y amigos. Brindé para bajar susto y huevos. Subiendo lo necesario a la picop, partimos al rescate de doña Leo, del Gordito y de la Combi, copa en una mano y la otra con botella a fin que naiden era manco. ¡Salú!

  Arribando al lugar de los hechos, soldados en tropa mantenían a la Combi bajo resguardo y en un santiamén esfumamos copas y botellas: no alcanzaban para tantos. -«¿Será que'l Gordito violó a doña Leo?»- pregunté a José Luis que respondió -«Al revés volteado, nuestro cajero ni cumple 19 años y doña Leo...»- cuando nos interrumpió la tropa cortando cartucho a Máuseres sin apuntar a nadie pero en alertas y preparados-listos, un Teniente interrogando a qué le tiraba un vehículo tan sospechoso, estacionado ahí en Zona Federal junto a la pista y por largo rato: -«¿Acaso esperaban algún aeroplátano con droga?»- Recordé que Line decía: -«Los cascos cuadrados son nuestros amigos...»

  Mostré los daños y nos dió apoyo incondicional. La tropa cargó con la Combi desde la zanja hasta el camino y ahí logramos meter la rótula en su lugar, despedir al teniente y conducir despacito dejando en sus respectivos hogares a doña Leo y al Gordito. Regresamos al Hotel a terminar nuestras ocultas botellas y para cambiar las rótulas de la Combi, mejor mañana pa distraer la cruda. Entre la tropa, doña Leo era más popular que la Adelita y creí que se iba a quedar ahí junto al Aeropuerto. Menos mal que no: el Arcoiris hubiera perdido la Jefa de Cocina con la mejor sazón de éste Puerto sin atracadero.

    Rebeca atiende un Huésped de la Galera

martes, 8 de agosto de 2017

NOMÁS HAY QUE ESTAR ALERTA Y NO PERDERSE EN iNFiERNiTOS

LUNA LLENA enamorando a CHEVREUSE
  DESDE PAMPLONA (1948/52) me extrañaba la actitud de mi hermana mayor sobre el tema Cheuvreuse (aquel mi Bosque), allá donde nacieron los primeros pasos que pavimentan mi Camino; desde conceptos de belleza y estética, hasta éste amor por la Naturaleza que me permite convivir con otros animales; desde notar que los humanos somos terribles bestias, hasta hallar excepciones que me reconcilian con mi propia especie. Ya en Madrid (1952/56) Arlette evadía el tema descaradamente. Expresar un simple -"Recuerdo que madame Bastié..."- era interrumpido como ducha helada mirando al cielo con un -"Oh oui oui, Cheuvreuse..."- en ése tonito pacientemente tan falso de aquella que tiene un hermanito simplón y descerebrado. Vinimos a México poco antes de que Arlette se casara con Gaby en 1956 y residieran en los United States: son el único matrimonio duradero en TODA nuestra familia por tres generaciones.

  Pasaron los años y en 2001 nos encontramos por última vez, celebrando (bueno, yo sí celebraba) la defunción del General, mi padre. Mientras los demás discutían con voces a venas de cuello hinchadas e índices amenazantes ¿cuántas pertenencias no se pudo llevar y a quiénes le correspondían?, conversaba con mi hermana mayor y salió el tema Chevreuse. Arlette exclamó sin contenerse:

  -"¡Es que no tienes idea cómo era TU madre (y suya también ¿O NÓ?) antes de conocer a TU padre!"- (el padre de Arlette dejó a Line viuda) y pensé a hocico cerrado menos mal, que cuando lo abro salen bombas Molotov: -"¿Porqué no enterró rencores en el Panteón de Tepoztlán, cuando depositamos el cuerpo de Line allá por 1980?"- y mejor cambié de conversación. Celebraba depositar el cuerpo del General porque cerraba un círculo que ni tenía en cuenta hasta que enfrenté su cuerpo: NADiE muere DOS VECES y un duelo tan añejo que se lo llevó el Olvido cuando murió para mí hace 45 años, tampoco tiene repetición. Aún así no me heredó rencores ni malos recuerdos mi desconocido padre, sino agradecimiento: educó y casó a las también desconocidas hijas de mi fallido matrimonio, borrando así nuestro abandono en España cuando vino a México... para vivir con ‘la otra’: la misma vieja historia de tantas migraciones y matrimonios fallidos. La Vida y el Tiempo hacen mancuerna para darnos lecciones de Sabiduría y pacificar nuestros corazones, cuando tienes los ojos bien abiertos y sabes mirar.

  Pasaron 13 años más para que Arlette navegara hacia la Otra Ribera con Gaby, sin volvernos a ver por acá. De vez en cuando me pregunto en silencio: ¿Porqué mis recuerdos, en vez de rencores y odios como todo mundo, contienen momentos de suprema belleza y alegría, compartidos ocasionalmente con tan escasos humanos? ¿Porqué normalmente otros prefieren sufrir la Vida como Calvario, azotarse con alambre de púas y comer cuanto vidrio molido encuentren, anque sean chimuelos?

  Recientemente se reveló ésta historia bajo la propia óptica de Arlette: si me visitó como la Canica antes de navegar hacia la Otra Ribera (ver La Visita) francamente ni sé, porque nunca se quiso hacer visible (¿vergüenza, acaso?) o bien, fué mi conveniente desmemoria.
PARiS, 23 DE JUNiO 1940
  FRANÇE 1940.- Al ocupar Francia los alemanes y tomar París, Line hizo amistad con el Waffen SS Oberführer (ingeniero del ejército) que tenía a su cargo el movimiento de los trenes franceses. Entre copas y confidencias Line le reveló que la adinerada familia de su primer matrimonio, pagó abogados para quitarle la patria potestad de Arlette.

  Huérfana desde sus tiernos seis añitos y de padre desconocido, la familia del Tío Pablo le hizo la vida tan insoportable que Line estudió enfermería para vivir lejos e independiente. Conociendo un acaudalado hacendado del Congo Belga, se casó sin pensarlo más y se fué a vivir con él hasta el corazón de África. Embarazarse de Arlette y atestiguar tantas torturas que aplicaban a los trabajadores negros en vez de sueldo, acabó con su utópica luna de miel mientras el alcoholismo del hacendado lo acabó con la botella en mano. Viuda, Line regresó a Bélgica con su hija para acordar con los suegros la herencia de Arlete… pero ¡¡qué iban a compartir nada con ésa bastarda aventurera!! Le quitaron la hija, la patria potestad y la exiliaron de Bélgica. Line se fué a trabajar a París hasta que lo invadieron les sales tête de boches.

  El Oberführer urdió un plan: Bélgica fué tomada antes que Francia y también ahí mandaba la Wermacht (ejército alemán). Nadie les impidió pasar la frontera, tomar el castillo de los abuelos por asalto, secuestrar Arlette y salirse, apoyados con un batallón SS que comandaba mi tío Otto el de los planeadores. Pero ante las autoridades belgas, los abuelos levantaron una denuncia de secuestro ... ¡¡contra Line nada más!! (NADiE se atrevía a decir NADA contra ningún general alemán, por aquello de la Gestapo). Hasta aquel día de 1980 cuaqndo guardamos a Line en el camposanto de Tepoztlán, seguía vigente la orden de detención por éste secuestro: así de rancias y vengativas son las leyes bien belgas. Line jamás volvió a pisar la Bélgique.

  A la única que nadie tomó en cuenta ni le pidieron opinión, fué Arlette. Cambiar su opulento castillo de abuelos consentidores, por un departamento en París con una chimenea de espejos (preciosa, eso sí: lástima que si la encendías se estrellaban TODOS) y con un medio hermanito bebé, acaparador de atenciones maternas… Arlette tenía 9 años entonces y no le hizo ninguna gracia ser mi niñera asignada. Bajar desde la huevona Nobleza belga, ser familia con el enemigo y ponerse a trabajar además: ¡¡Qué horror!!
PARiS, 25 DE AGOSTO 1944
  FRANÇE 1944.- Llegó el desembarco de Normandía y el ahora SS-Brigadeführer und Generalmajor der Waffen-SS, movía sus trenes a diestra y siniestra hasta que se perdió la guerra. Logramos quedar escondidos en la vallée de Cheuvreuse, saliendo por la Puerta de Versalles, ahí mismo por donde pasó la División del general Leclerc para liberar París. Pasamos de ser "raza aria superior" a ser "carne de paredón" en un abrir y cerrar de ojos: herr Generalmajor der Waffen SS era considerado "nazi" y doña Line era considerada "colaboradora" -Arlette y yo como modestos rehenes na más-, por Dios y por la Patria.

  Para Arlette, la niñez opulenta del castillo abuelitario se tornó en finca abandonada, sin agua caliente ni corriente, sin luz ni trabajadores. Los señores Bastié habían tenido mucha riqueza, pero con la fatal economía francesa de la preguerra perdieron todo y sólo les quedaba ésta desvencijada hacienda. Teníamos que hacer TODO y los inviernos eran duros. A falta de nietos nos tomaron como familia, pero Arlette los aborreció al instante: llevaba excelente relación con sus opulentos abuelos belgas antes que Line la secuestrara. Bajar desde la huevona Nobleza al Lumpenproletariat, nunca es paso fácil y menos en plena pubertad: añadamos “el pequeño detalle” de tener precio sobre nuestras cabezas.

  Recuerdo bien las lecturas y cuentos de los abuelos Bastié, en sendas cenas frente al perol de la chimenea. Eran aventuras difíciles, retos inimaginables y sin embargo, los héroes lograban su cometido y salían adelante (menos en la leyenda del inocente Sigfrido: lo mata su mejor amigo) . El Libro de la Selva fué toda una revelación: menos mal que no teníamos osos ni tigres, pero una manada de lobos sí y venían para pedirme nuestras sobras. La primera vez que un alce buscó refugio en el establo junto a las vacas, estiré la mano y agachó su hocico para resoplarme todas sus babas como muestra de carino y amistad.

  Durante la Navidad armando la crèche de Noël, contaban cómo el niño Jesús había sido buscado para ejecutarlo, como nos buscaban ahora. Escondida en un pesebre con techo de paja, María trajo al pequeño Jesús bajo el aliento del burro y del buey para calentarlo; igualito a nuestro pesebre, donde cada mañana ayudaba limpiando la ordeña. Los ‘americanos’ eran los modernos Esbirros de Herodes y sus persecuciones. Aladino fué otro descubrimiento: ahí la dificultad era escoger entre tantas grandes aventuras. Ya ni digamos Alí Babá y los Cuarenta Ladrones, tan criminales como nosotros y grandes héroes entre los marginados. Las Mil y Una Noches me dejaban soñando con la princesa cuentista de velos translúcidos y danzas del vientre, igualita a mis primeras gitanas de aquel verano cuando acamparon tan cerquita de la finca.

  Entiendo que me prevenían para no caer de rehén y que la matazón alrededor nuestro me pareciera una gran epopeya. Arlette en cambio, aborrecía sus voces e historias marginales; para nada reemplazaban a sus amados (y sobre todo opulentos) abuelos belgas. Fueron sus peores momentos y la marcaron de por vida, así como a mis padres. Yo carecía de parámetros para medir la causa de tanta angustia, ni tampoco sabía de poderes y riquezas privilegiadas tan perdidas como añoradas. Nada más conocía al Bosque cuyos bichos nos ayudaban y cuyos frutos nos alimentaban.

  Tiene un costo el ver la Vida así, desde aquel Bosque rústico hasta hoy. Cuando mi amor por la Naturaleza se marchita en las urbes, me llevo toda la familia a la Selva como si el mundo entero así pensara y no fueran como Arlette, tan ubicados al Centro de la Boa (viendo un sombrero), mientras yo estoy a la Izquierda de la Boa (viendo que tragó un Elefante Blanco). Tampoco TODO MUNDO tiene que ser disléxico ni autista (soy autista funcional, anque los de mi entorno digan que no). Las gentes ven la marginalidad como una desgracia, la sufren y se trauman; yo en cambio encuentro amistades valiosas, mucha solidaridad humana y valores universales, como ser aceptado por lo que SOY y no porque ADEUDO una falsa Zona de Confort basada en hipotecas, préstamos y otros ahórcate más. También aborrezco la ruidosa vida nocturna urbana: sus falsas luces opacan a la Noche, a la música de las Esferas y a la danza de las Estrellas.

  De por allá también surgió mi intransigencia con el General: cruzamos el pantano sin mancharnos el plumaje como familia francesa, para luego abandonarnos y hacer otra familia germana porque Alemania ya se levantaba. A mis 13 años le retiré el habla, borré su memoria y seguí errante mi camino. Algo le remordía o no hubiera cargado con sus dos nietas, las hijas de mi frustrado matrimonio. Resulta que su pareja era estéril y sólo así complementaron una familia.

  Cuando la Vida y el Tiempo así entrelazan nuestros Destinos derrochando Sabiduría, NOMÁS HAY QUE ESTAR ALERTA Y NO PERDERSE EN iNFiERNiTOS…
MÚSiCA PARA LA CREMACiÓN DEL BRiGADEFÜHRER UND GENERALMAjOR

domingo, 6 de agosto de 2017

LAS RAíCES DEL CAZAHUATE

PREÁMBULO

 Con la clausura del Multiplyca naiden detuvimos al pasado, nos desperdigó. Tanto haber publicado por años y de repente, aquel presente nos dió una cachetada como patada n'el cu.. digo: ¡¡n'el glúteo!! Lo peor sería repostear de aquellas jaurías, azañas irrepetibles que ya fueron.


 Soloco Lobo Audaz (el último lobo que me adoptó: vino del monte herido, desgarrada la piel de cuello y cabeza, como si una trampa destrozó su manto al soltarse) trepó la reja con 2 mt. de altura para entrar a la Hacienda y cuando lo ví escondido ahí abajo de los sillones afuera del consultorio de Vicky, miró profundamente mis intenciones por si le tenía miedo o aversión. Sostuve su mirada sin retarlo ofreciéndole agua (aquello de la hidrofobia, no vaya a ser) y nació ése cariño tan ilógico y sensacional de a primera vista, como todos los bichos que me adoptan. Tomó el puesto de copiloto en mi Perica Verde (Combi VW).

 Pasados 6 años en camaradería, la vida de Soloco por ésta Ribera llegaba a su término; luchó para seguir acá ¿cómo iva a abandonarme en éste mundo cruel? Acostadito sobre mi muslo en la alfombra de mi recámara, ni podía comer apenas beber, lo ayudaba al jardín para hacer sus cositas. Dos días pasaron con 500 noches cada uno, cuando dialogué con Soloco que descansara, que en la otra Ribera lo necesitaría como guía, que pronto me reuniría con él (con 72 años me faltan otros 20 a lo más) y mirando mis pupilas como aquél primer día, suspirando profundamente se relajó al fin mientras sus ojitos (¡y los míos, joer!) se opacaban, sin dejar ninguna cosita desagradable sobre l'alfombra ¡¡elegante hasta su última morada el Lobo Galán!!


 Enterré a Soloco Lobo Audaz entre las raíces de nuestro Cazahuate, junto a Sique la Rodesiana su última pareja. Todas las mañanas de 8 a 12, Blancanieve nuestra gatita enamorada del gran Lobo Audaz, miraba la tumba abajo del Cazahuate, escuchando el canto de calandrias y cenzontles en concierto con loros en batahola (ya ven cuán escandalosos son) y maullaba su ausencia cuando me sentaba ahí juntito a compartir nuestro duelo. Durante meses escuché trotar a Soloco tras de mí por el pasillo de arriba y al llegar a mi recámara, Blancanieve le ronroneaba: sus ojos de gata veían mejor que atrofiados ojos humanos por tanta luz eléctrica.

 Meses después, José Luis me invitó al hotel Arcoiris en el avión paracaidista, desde Cuautla a Puerto Escondido y acepté. Ese mero día una turbina del avión perdió potencia y viaje cancelado. La Perica sugirió que ahogáramos nuestras penas en el Abrevadero de los Dinosaurios (hoy desaparecido: ahora Tepoztlán es Pueblo Mágico ..¡¡para turi$ta$!!.. sin Graniceros ni curanderos: puro charlatán que parla el "nama$té" vestido de hindú) y p’allá juimos, trocando Mares por Montañas. Ya anochecía cuando me avisaron de un Labrador Negro abandonado por el Mercado, con tamaño de mastín napolitano y servía como nana y caballito para todos los nenes: le decían Popeye.


 Comíamos tacos del quiosco con otros dinosaurios cuando llegando el monstruoso bicho me miró, la Perica abrió su corrediza y subió al puesto del copiloto hasta la Hacienda, tranquilo y encantado con el viaje. Lo llamé Iván el Terrible (en honor a mi Capitana la Terrible) y Soloco dejó de seguirme por el pasillo hasta mi recámara, contento y libre de galopar explorando la Otra Ribera sin más pendientes ya por ésta. Blancanieve dejó de visitar al Cazahuate y como la Perica, ambas enamoradas de Iván.

 Cuatro años después, migró Iván a la Otra Ribera y también reside en las raíces del Cazahuate. Mi vet (los lobos tenemos veterinario) trató de mantener a Iván por acá, mas cuando llega mi Morena Hada Ángela a trabajar, no es para oir mis historias y descansar un poco nada más. Mi vet recién había operado y desparasitado a una Cherry Golden Retriever que buscaba hogar. A los dos días un telefonazo y que me esperaba la Golden llamada Cleopatra, en su consultorio veterinario para conocerme. Al momento que llegué pensando que nadie ni nada reemplazaría a mi camarada Iván, Cleopatra se acercó para darme la patita y mirarme profundamente con cara huérfana. Cosió mi roto corazón que la Perica abriera la corrediza y Cleopatra ocupara el puesto de copiloto. La Hacienda nos recibió a flores abiertas con aves gorjeadoras.


 BlancaNieve fué la primera gatita entre tres, que adoptó a Cleopatra. Dejó de visitar la tumba de Iván cada mañana, de 8 a 12, la doblemente viuda. Las otras gatitas siguieron su ejemplo y de nueva cuenta en Hacienda Armonía somos jauría feliz. Hace poco, un cáncer se llevó a Blancanieves hacia la Otra Ribera. Reside abajo del Cazahuate con Sique, Soloco, Iván y varios, varios gatitos más.

EPíLOGO


  José Luis también navegó hacia la Otra Ribera: no le tocó entierro abajo del Cazahuate sino estar en mi corazón ¡condenado Mazo!


 Repetir pasados que ya fueron en éste presente con nuevos cánidos, otros felinos y hasta arácnidos de varias generaciones después, es tan nada fácil porque invade la incongruencia.

 Exporté a Blogger más de 200 entradas del Multiplyca y 60 resultaron en presente actual, nada más. Mi computadora más moderna y más rápida, herencia de Álex m'hijo, permite narrar más y más novedades actuales. Empecé a escribir con "la Pavilion del General" de 1997 y sigo escribiendo con "la Pavilion del Chef" Álex, de 2006 (y ahora, en la "Notebook de 2016" que me regaló la Navidad pasada). Entre pabellones usados los años volando ván, actualizando al eternamente fugaz Presente. Total, si a la memoria se la llevó el Rayo, ¿acaso era mía?

martes, 28 de febrero de 2017

el mejor PRESENTE es el TiEMPO


1964, desde la FiNCA Argovia (con la volcana TACANÁ al fondo)

Después de cumplir otro viaje de piedra quebrada para construir el muro seco, cerrando el deslavado por torrenciales lluvias veraniegas, manejé la Fordcita de volteo por dos viajes más de arena y rellenar al hueco hasta conectar la brecha del café a Tapachula. En éste último viaje estacionado ya cerca del borde, jalé la palanca que libera la tapa trasera y accionando el hidráhulico para levantar la caja, oí el temible eructo del Tacaná: escuché la trepidación desde abajo mientras la camiona se paraba de manos y bajo su tablero desaparecía el mundo entero, la mano gigantesca jalándome del estómago con todo y pulmones y mi vista 10 años p'atrás.

Un guiño y en mi cuarto con sensación de mareo, viendo pasar las siluetas matutinas de Cercedilla sobre la pared de enfrente, proyectadas de cabeza por el agujero de los ventanales: tras los pajaritos mañaneros desfilaba el panadero pedaleando su bicicleta con la canasta llena, el borrico arrastrando largos leños amarrados a su montura, la vendedora cantando bolsas de piñones por kilo (anoche me tragué dos bolsas) todos colgando del techo, cuando entré en espiral dando vueltas y vueltas más y más rápido, hasta vomitar los dichosos piñones una y otra y otra vez, apestando todo el cuarto con los fermentos de abajito mis narices y la lengua de fuera conteniendo la tos.

Sentí mi pelo mojado pero en vez del vómito era el arroyo circulando por el techo de la cabina, sin creciente menos mal. Poco a poco logré despegar mis manos del volante, apagar el motor y mis piernas soltaron al tubo de la dirección para salir y observar los daños, el agua a los tobillos. La Volqueta era un verdadero blindado: su caja protegió la cabina, aporreada por años de brecha, ahora seis ruedas patas p'arriba.

-‘‘Buenas noticias, mi Don: la arena cayó en su lugar y por éso la Volcata libró al muro’’- anunciaba Inocencio desde los cielos, d'entre las copas que ocultaban la ribera.

1989, desde el LAGO TEQUESQUiTENGO (las volcanas iZTACCiHUATL y POPOCATÉPTL al fondo)

Hay segundos que suelen ser eternos, sobre todo cuando (¡cuándo NO!) yo solito ando metido en situaciones que más valiera no haber nacido. Como estar colgado afuerita de la Skywagon (avioneta Cessna sin asientos con puerta abierta) los brazos cruzados al pecho volando a 3 Km de altura, el Lago de Tequesquitengo como un lavabo chiquitito allá abajo, enfrente del Nevado de Toluca y las Volcanas (Izta y Popo) por mi derecha.

Pataleando rabiosamente, me arrastré como gusano por el rojizo túnel oscuro que apretaba todo mi ser, pugnando por tomar el aire que mis ardientes pulmones demandaban y tanta opresión impedía, hasta alcanzar la luz y así nacer de un maldito grito, escuchando:

-“posición de arco, checa tu altímetro”- la voz del Oscar en mi nuca a breves instantes de abandonar su reliquia voladora de los años 50’s, tan presente urgencia igualando al pensamiento tras de aquél mi primer grito:

-“¿dónde diablos me agarro?”- entre vuelta y vuelta.


2001, desde TEPOZTLÁN (la Sierra del Tepozteco al fondo)

La Perica (mi Combi verde) seguido me lleva por Tepoztlán y hoy topamos con mi amiga Jaranera de profesión y por gusto, en el Abrevadero de los Dinosaurios. Me pide un aventón para cuando regrese a la Hacienda, pues - "acabo de rentar casa por ahí cerquita, poquito más arriba." - Durante el camino me cuenta cómo diez anos antes se quemó parte de ésa casa, que’l dueño dió por muerto a su inquilino y de cómo (estúpidamente) se le ocurrió levantar un acta ¡¡por si las moscas!!. Nada más que faltaba el cuerpo y de un extranjero para colmos, años tardaron las autoridades en dar por cerrado el caso: casi tildan de asesino al pobre dueño. Le costó un dineral de abogados y nunca más nadie supo nada de "aquél inquilino fantasma".

Llegando a la cabaña recién rentada veo unos muros chamuscados con el apagador fundido, antes de pasar al baño y cerrar la puerta. Después, bajamos sus cosas y las pongo en la recámara, intuyendo antes de preguntar por dónde debo ir.

Entrando a la cabaña apenas escucho que inicia una tormenta con rayos. Cansado, me apoyo contra la pared cerrando un momentito los ojos; al abrirlos ya es de noche. Con la parpadeante luz de los relámpagos veo mi cama y la puerta abierta de la recámara. Con trabajos, como entumido, logro acostarme.

El Sol asoma por la ventana para cachetear cálidamente mi despertar, ayudado por un estómago vacío hasta los retortijones, -“traigo puesta la ropa del viaje, me dormí llegando”- . Un duchazo y la Bula Matari me conduce a Tépoz, hacia Paolo y su Pizzería. La pared anuncia que’s Miércoles por medio del Candelario, pero yo sigo en Domingo: me encanta del autismo, que mi tiempo sea más relativo que'l difunto Albert Einstein. Poco después, estoy encargado de encender el Arcoiris y como si nada allá por Zicatela de Puerto Escondido.

Bien preparado por mi compadre don Lucio, el Rayo m’encuentra. Pega en una varilla arriba del techo, sigue el cableado hasta el apagador donde está apoyada mi cabeza -cansado por conducir mil kilómetros desde Wirikuta- namás para ¡apagarme la Memoria, cuánta ironía! Olvido que soy el encontrado, al tiempo que cada parpadeo avanza los candelarios varios días, a veces varias semanas o por varios meses y hasta que la Jaranera necesita éste aventón a la cabaña.

Desde la Otra Ribera resuenan las risotadas de mi compadre, mientras acabo de escribir este relato: “… asté lo atrajo ¡por andar curando máquinas, compadre! El Rayo encuentra a los que curamos …”

Al encontrarte el Rayo aparece un Arcoiris de colores, sin rencores viejos con amigos nuevos, en tiempo de aquí y ahorita, materialmente jodido con todo el Astrolabio contento, cambiando mi Bula Matari (una VW Safari) por la Perica (una VW Combi verde).

-¡¡entre VW’s te veas!!



Enlace: II. Flor de Café

jueves, 23 de febrero de 2017

La hija de Rubén Jaramillo

Memorias de una sobreviviente

Raquel, descendiente del líder agrario zapatista que tomó las armas para defenderse de los caciques morelenses,  fué la única que se salvó de morir cuando fueron asesinados su padre y su familia, en mayo de 1962. Con el tiempo se hizo priísta, por convicción, y ha sido protegida por diversos políticos locales. Raquel Jaramillo habla de sus recuerdos y considera que es el momento para reabrir la investigación del homicidio de este luchador social, que consternó a la izquierda de la época

por LAURA Castellanos

Ese día no le guardaron huazontles. Había ido a un mandado a Jojutla y cuando regresó a Tlaquiltenango ya se los habían acabado. Ella estaba enojada. La tensión en la casa por los preparativos de la postergada huida de su padre Rubén Jaramillo, su madre y sus tres hermanos, alertados de una inminente tragedia, se disolvía momentáneamente ante la terquedad de Raquel de comer huazontles.

 -No te preocupes, mija, ahorita te hago otra cosa- dijo su madre, Epifania.
 -No, yo quiero huazontles- respondió Raquel.
-Es como yo- dijo Jaramillo -¡De que dice una cosa,se cumple! Hazle unos a mija- suplicó risueño.

 mas-jaramill.jpgY Raquel vio cómo su madre -quien se había unido en cuerpo y pensamiento a Rubén desde que ella era una niña- alistaba las ramas de huazontles. Faltaba huevo. El más grande de los hijos de Raquel salió presuroso a la tienda.

 La tarde se desplomaba en el patio de la casa de Rubén. Aserraba una viga sin darse cuenta de la movilización en torno a su casa. Sigilosos, decenas de militares descendían de dos camiones castrenses y varios jeeps. De un auto color plomo bajaban hombres vestidos de civil.

 Los militares tomaron posiciones.

 De pronto el niño entró corriendo y gritando: "¡Los guachos, los guachos!".

Raquel descubrió con sus ojos verde agua salpicados de ocre las azoteas de las casas vecinas repletas de militares. Uno apuntaba hacia su padre. Aterrada, Raquel le gritó: "¡Los federales, los federales!". Corrió a abrazarlo por la espalda. El trataba de tranquilizarla, ella, asustada, lo cubrió con su cuerpo y lo metió a la casa.
 Dentro estaban desconcertados la abuela paralítica, Epifania, Raquel y sus cuatro hijos, sus hermanos Filemón, Ricardo y Enrique, y las esposas de los dos primeros.

 A la cabeza de los militares iba el más viejo y acérrimo enemigo de Rubén y su grupo, el capitán José Martínez, del destacamento de Zacatepec.

 El capitán amenazó a gritos que si no salía Rubén ametrallarían la casa. Filemóns alió presuroso con el documento de la amnistía otorgada a su padre cuatro años atrás por el presidente Adolfo López Mateos. Enseñó el documento. Uno de los civiles se lo arrebató y lo rompió:

 -¡Esto vale para pura chingada!- le soltó.

 Atropelladamente entró un grupo de militares a la casa. Rubén, Epifania, Raquel y sus otros dos hermanos fueron sacados a empellones. Los militares revolvieron el interior de las habitaciones.

 Afuera, Epifania reclamaba a gritos que no se lo podían llevar.

 Rubén trataba infructuosamente de aclarar y tranquilizar la situación.

 Aprovechando un descuido Raquel corrió. Logró llegar con el presidente municipal Inocencio Torres y desesperada le pidió ayuda. A Rubén, Epifania y sus tres hijos los subieron a golpes al carro color plomo. Torres le dijo a Raquel: "No te alarmes, se los llevan para una aclaración". La caravana enfiló hacia la zona arqueológica de Xochicalco. Después de oírse la balacera, los guardias del sitio arqueológico alcanzaron a ver partir presurosos a los uniformados. Descubrieron los cuerpos con múltiples impactos, acomodados, uno al lado del otro, con el tiro de gracia. Nunca se castigó a los culpables.

Fuente: la Jornada

Militares, autores de la masacre de Rubén Jaramillo en 1962: testigos

Autor: Zósimo Camacho
24 mayo 2009
Archivos desclasificados de la D.F.S. (antiguo Servicio Secreto, la Dirección Federal de Seguridad ahora se llama CiSEN: Centro de Investigación y Seguridad Nacional) revelan que en la masacre de Rubén Jaramillo, su esposa y sus hijos, hubo testigos: integrantes de una familia de campesinos y pastores, que también fungían como cuidadores del sitio arqueológico de Xochicalco. Contralínea buscó a los sobrevivientes. Rompen un silencio de 47 años. Son contundentes: Rubén, Epifania y sus hijos fueron asesinados por militares. A los testigos fortuitos se les obligó a cargar los cuerpos de los masacrados y a guardar un silencio de casi cinco décadas.

Xochicalco , Morelos.

Severiano Analco Tezoquipa echa ligeramente su sombrero de lona hacia atrás. Pasa una mano por su frente y le dice a Carlos, el sexto de sus 10 vástagos:

—Mira, hijo, yo voy a esperar los animales. Tú vete por zacate.

El hato de alrededor de 90 chivas se resbala por los cerros de Xochicalco: parajes y veredas enmarañadas, pertenecientes al municipio de Temixco, al poniente del estado de Morelos. “Las aguas”, como dicen los campesinos a la temporada de lluvias, ya llegaron. Don Severiano– campesino, pastor, amansador de caballos y uno de los tres veladores de la zona arqueológica del lugar– sabe que el bochorno del medio día será sofocado en la noche por, al menos, una llovizna.

Es 23 de mayo de 1962. Carlos se encamina a cumplir la orden de su padre. Pasa al machero de su casa. En el corazón de Xochicalco, sobre basamentos de arquitectura olmeca que entonces no han sido explorados, se erige el hogar de la familia Analco Ramírez: un humilde rancho con paredes de piedra y cuatro horcones que sostienen un techo de ahuaxol, o cañas de maíz, y tierra. Ni una casa más a kilómetros de distancia.

A los 14 años, Carlos sabe perfectamente preparar una recua. Sale rumbo a la milpa de Miacatlán, a 15 kilómetros de Xochicalco, con dos caballos y dos burros. A la encomienda de su padre (el zacate de maíz para los animales) se ha sumado el encargo de su madre, Encarnación Ramírez Castillo: elotes de la cosecha pasada que la familia guarda en la troje de la milpa.

El sol ha cruzado el cenit y comienza el declive del día.

Sin prisas, con la parsimonia del hombre que cruza pocas palabras sólo con su familia y dos veladores más durante meses, Severiano Analco Tezoquipa inicia el repunte de su ganado. En mayo, el monte aún no reverdece y los macollos no han aparecido. Por ello debe sacar su rebaño lejos de casa. Es momento de regresar, pues no desea que le caiga la noche a medio camino. Lanza algunos pajuelazos a las chivas, descuelga de su cintura el machete de gavilán, o de punta curva, y reafirma las veredas por las que camina.

Durante la década de 1960 los turistas no son asiduos en el sitio arqueológico. No ha sido explorado lo suficiente y su marca de visitantes no supera los 10 por semana.

Se trata de un lugar yermo


Alrededor de las cinco de la tarde Severiano sube la última loma antes de llegar a su casa. Cruza el río y se adelanta a su ganado. Vigila el paso de sus animales cuando escucha el ruido de automotores que suben por la brecha que viene de Xochitepec. Tres jeeps militares irrumpen en el lugar. De pronto, se ve rodeado por soldados.

—¡Qué haces aquí, pinche indio pendejo! –le grita uno de ellos.

Observa cómo alrededor de 20 efectivos uniformados del  (ODiOSO) Ejército Mexicano rodean el pequeño llano. Amagan con atacarlo si no huye del lugar.

—¡Órale, lárgate y no regreses; ni te asomes porque te carga la chingada!  –Severiano se percata de que los últimos soldados en llegar conducen, a trompicones, algunos civiles. Termina de subir la loma y escucha las primeras descargas. Casi al llegar a su casa oye nuevos disparos. Sus hijos Andrés y Rodrigo ya salen a ver lo que ocurre. Los tres se quedan a la expectativa desde un filo rocoso.

Escuchan alejarse a los automotores y alcanzan a ver los jeeps brecha abajo a toda velocidad.

Severiano y sus hijos Andrés, de 16 años, y Rodrigo de 19, bajan la loma y encuentran en el llano los cuerpos de tres hombres jóvenes y una mujer. Diez metros adelante, en la barranca, el cuerpo de un hombre de aproximadamente 60 años.

Todos recibieron el tiro de gracia. Corren a avisar al encargado del sitio arqueológico y dejan los cinco cuerpos bajo el sonido estridente de las cigarras.

No saben entonces que los masacrados son Rubén Jaramillo Ménez, de 62 años; Epifania Zúñiga, de 47 años, su esposa y quien se encontraba encinta, y sus hijos Filemón, de 24 años; Ricardo, de 28, y Enrique, de 20. Tampoco saben que por haber atestiguado tal hecho dos integrantes de la familia caerán en las manos del Servicio Secreto y que serán obligados a callar durante décadas todo lo relacionado con el suceso.

La reconstrucción de los hechos, basada en entrevistas con integrantes de la familia Analco, coincide con lo registrado por los espías de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), información que se encuentra ahora en la Galería 1 del Archivo General de la Nación, área bajo custodia del Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

Las tarjetas de los agentes de la DFS, fechadas un día después de la matanza, consignan la participación involuntaria de los Analco de la siguiente manera: “Severiano Analco, vigilante de las ruinas de Xochicalco, observó ayer como a las 18:00 horas la llegada de dos carros negros y un jeep a ese lugar y que cuando se dirigió a los visitantes para ver qué se les ofrecía, un elemento en mangas de camisa lo encañonó con una ametralladora ordenándole que se retirara del sitio (…). Severiano y su hijo Andrés no han sido localizados”.

Un informe posterior de la DFS, éste del 25 de mayo de 1962, detalla la suerte de los dos hombres en esos días: “Severiano y Andrés Analco, testigos presenciales de la muerte de Jaramillo, se encuentran detenidos e incomunicados en las oficinas de la Policía Judicial del estado”.

En el mismo documento se asienta que padre e hijo son interrogados por el Servicio Secreto.

En efecto, según los testimonios recabados con sobrevivientes de la familia Analco, el Ministerio Público y los policías judiciales venidos de Tetecala obligan a Severiano y a sus hijos Andrés y Rodrigo a levantar los cuerpos de Jaramillo y su familia y subirlos a una camioneta.

Una vez concluida la tarea y, sin esperarlo, son obligados a subirse a la camioneta. El único que puede evadirse es Rodrigo, quien regresa a su casa para ayudar en las labores de parto de su mujer.

Andrés y Severiano no regresan a su hogar esa noche.

Los amenazan con asesinarlos o involucrarlos en la matanza de Jaramillo y su familia si hablan sobre lo que han visto.

Tal “recomendación” de los agentes secretos del régimen hace que, durante décadas, para la familia la muerte de Jaramillo fuera un tema vedado. Algunos de los sobrevivientes no lo comentaron siquiera con sus esposas e hijos. Y actualmente no todos están dispuestos a platicar sobre esos hechos.

En el expediente –entregado a Contralínea por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental– se citan las palabras del teniente coronel Héctor Hernández Tello, subjefe de la Policía Judicial Federal: “Solamente se habrían cumplido órdenes del señor presidente de la república”.

Además, según el capitán Gustavo Ortega Rojas, jefe del Servicio de Seguridad Pública de Morelos, en declaraciones recogidas en una tarjeta informativa por espías de la DFS, señala que “los responsables fueron elementos de la Policía Militar, que realizaron el hecho acatando órdenes superiores”.

El (ODiOSO) Ejército Mexicano nunca ha reconocido su participación en el asesinato de Rubén Jaramillo. En respuesta a la solicitud de información 0000700082108 –presentada por Contralínea ante la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para conocer la versión oficial del llamado “Operativo Xochicalco”–, el Comité de Información de la Sedena, presidido por el general de división diplomado del Estado Mayor Humberto Alfonso Guillermo Aguilar, responde que la Dirección General de Archivo e Historia de la Sedena “no localizó la información” solicitada, luego de haber “realizado una exhaustiva búsqueda”.

Mientras es interrogado, a Severiano Analco le sorprende el temor de autoridades, policías estatales y efectivos militares. Vuelve a ser testigo: ahora de escenas de pánico en la agencia del Ministerio Público de Tetecala. Los cuerpos de Jaramillo y su familia están extendidos en el área de recepción.

Él y su hijo Andrés se encuentran en una oscura habitación. En la azotea, policías corren de una esquina a otra con el objetivo de avistar lo que creen inminente: un rescate de los cuerpos por los seguidores de Jaramillo.

Un informe del titular de la DFS, Manuel Rangel Escamilla, dirigido al presidente de la república, Adolfo López Mateos, fechado el 23 de mayo de 1962, corrobora la versión de los Analco.

“Aunque la situación hasta las 19:00 horas era normal, el señor Miguel Contreras, presidente municipal de Tetecala, y los elementos de la Policía Judicial del estado que se encuentran en esa población declararon que los habitantes del lugar, al identificar los cadáveres, pueden acusarlos a ellos de ser los autores de los hechos y por ello ser objeto de represalias, lo que originó que Félix Vázquez Peña y los elementos pertenecientes a su grupo de la Judicial del estado abandonaran Tetecala sin conocerse su paradero, ya que no se han reportado a sus jefes.” En 1962 Rubén Jaramillo había cumplido cuatro años de haber dejado las armas y se había dedicado a la lucha civil y pacífica. Incluso mantenía un diálogo con el gobierno de la república para solventar las demandas del movimiento agrarista. Jaramillo se había levantado en armas en cuatro ocasiones entre 1943 y 1958.

A su sepelio –según el legajo de 316 copias fotostáticas de informes, tarjetas informativas y manuscritos– acudieron Cuauhtémoc Cárdenas, en representación del Movimiento de Liberación Nacional, y Jorge Rosillo, representante de la embajada de Cuba en México. Las exequias se habrían realizado “ante un grupo reducido de personas”.

En el lugar donde fueron asesinados Epifania, Filemón, Ricardo y Enrique crece ahora un frondoso trueno. El árbol de follaje persistente y hojas oscuras fue trasplantado en 1994, cuando se erigió la tienda del sitio arqueológico y el llano fue empedrado para que sirviera como estacionamiento.

Diez metros al poniente, en la barranca, donde se encontró el cuerpo de Jaramillo –“el que recibió más impactos” de bala, según los informes de la DFS– crecen huizaches y parotas. Dan sombra intermitente a una columna en cuya placa se lee:

“Los campesinos y el pueblo de Morelos, en homenaje a los luchadores sociales Rubén Jaramillo Ménez, Epifania Zúñiga García y sus hijos Enrique, Filemón y Ricardo, asesinados en este lugar el 23 de mayo de 1962
Fuente: Contralínea 132