lunes, agosto 28, 2017

IV - la FLOR del CAFé

cuando el Amor llega así d'esta manera
secuestra Corazónes y ni agua vá
Parando en la Botanera, la Flor sugirió Café bien cargado antes de seguir a Nueva Alemania. Dos cargados y un beso en cada mejilla después, conducía entre dos películas: al frente destacaba la brecha qu'el Piojo iluminaba, al fondo perjúmenes de la Flor tocando la piel qu'envolvió mi Alma su Alma en mis manos, Alma con Alma apagando la más encendida Puesta de Sol de mi Vida, mientras el Piojo tesoneramente centraba la brecha.

Cuando la Volcata nos llevaba buscando piedra quebrada, le platicaba al Inocencio con quién merendé y de San José.-«¿la Flor? ¿la Flor de la Botanera? Cuidado mi Don qu'es Bruja, segurito le hechó la regla al café paque sea su títere.»- Bajando a levantar piedras para llenar nuestra Volcata, ví un montón al otro lado de la mata vegetacional. Rompiendo enredaderas me agaché por la primera y escuché una bataola con movimientos tan marcadamente agónicos, que voltié la cabeza sin mover nada más. Casi en mi nuca, una Naullaca Verde tragaba con cada espasmo a un Basilisco también verde pero inerte ya. De casualidad, suerte o brujería -nunca sé- no podía envenenarme con la herramienta ocupada en comer. Aún muerto las escamas a contracorriente del Basilisco evitaban que lo vomitara.
entre Cafetales Ofidios y Basiliscos
Lunes tras Lunes todo me venía fácil y hasta me nacían ideas que compartía, bajo supervisión de Don Jorge el Patrón y simpatías del Jefe tête de boche: como añadir espacio de carga a la Volqueta, mediante dos sencillas varillas que ponían horizontal la tapa trasera, aumentando su capacidad a 40 costales pizcados más sobre menos viajes a los pantes de café.

Con el Inocencio pusimos mano a la obra y en menos que canta un gallo encabezábamos rutinario viaje de prueba, costales y gorrones extra encuclillados por arriba. Subiendo en primera la pendiente más empinada de Nueva Alemania, la Volqueta comenzó a morirse por exceso de costales y bruscamente cambié a dual, desapareciendo el techo del benefico bajo el tablero -mientras nos abandonaban los gorrones- metí embrague y la gravedad prefirió rodarnos de regreso sin más caballitos encabritados, conduciendo con mi retrovisor izquierdo y los -«viene, viene»- del Inocencio al otro lado, bombeando el freno poco a poco hasta parar. Operándolo suavecito sin brusquedades, no se volvió a encabritar en toda la temporada de café.

Al otro Lunes quité las puertas de la Volqueta y puse un tubo a cada lado del marco, como tenía la Rielera para subir a la cabina. Sorpresivo chubasco convirtió nuestros caminos en resbaladeros jabonosos y trampas infalibles. Patinando perdía velocidad la Volqueta subiendo vacía al pante mientras aumentaba los coletazos de pescado. Don Jorge -el Patrón ni más ni menos- agarró los tubos nuevos y clavando botas en el lodazal, gritó: -«¡Levanta la caja!»- y accioné el hidráhulico para añadir peso sobre la tracción, -«¡Acelera en segunda!»- y desembragando segunda viendo al frente, escuché una serie de tortazos tapando los desesperados -«¡Ya párale, ya párale!»- de Don Jorge, cubierto de pies a cabeza con el fango que soltó violentamente cada patinazo del yoyo (ruedas traseras gemelas) provocándonos carcajadas a diente batiente, incluyendo tan adolorido y enlodado patrón.

De ahí en adelante me recomendó Joaquim ya no modificara nada más, especialmente los Lunes.

Cada Sábado caía en la Botanera y la Flor encantada de hechizarme. La pluma que me dió nunca se quedaba sin tinta, a pesar del exaustivo firma que te firma, Sábado tras Sábado y abarcando desde gasolineras hasta San José: kilómetros de tinta para apagar los más ígneos atardeceres.
entre Playas y Manglares

EPíLOGO:

2 comentarios:

  1. ¡Ay Dios! ¡La regla al café! ¡Cosa de brujería oiga!...y además una Naullaca Verde (tuve que buscarlo a ver qu era) y un Basilisco ni más ni menos…hágale caso usted al Inocencio que sabe de lo que habla y de lo que se habla della.

    Sigo sin entender los tecnicismos mecánicos de la Perica…ni ganas oye.

    ¡Oiga…! Qué bien se lo pasaba usted los sábado de ígneos atardeceres con la Flor encantada

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  2. Te sigo leyendo y viendo y disfrutando tus imagenes

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Binvenido: toma asiento y bebe un cafecito.